Algo bueno está pasando: se está hablando y escribiendo sobre educación más que antes. Lo estimuló el deplorable resultado de los exámenes de admisión universitarios y es señal feliz de que hay una conciencia creciente sobre la importancia del tema. Prueba adicional de esto último fue el evento al que invitó la ONG “Eduquemos”, la semana pasada, para presentar el reporte sobre el estado de nuestra educación elaborado por el Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe (Preal). No cabía más gente en el salón del hotel Crowne Plaza. Se agotó la comida y tuvieron que añadirse mesas. Esto no pasaba antes.
El presidente de Eduquemos, doctor Ernesto Medina, se congratuló de que estuviesen representados muchos sectores: academia, docentes, profesionales, empresa privada (Cosep), Consejo Nacional de Universidades (CNU), etc., pero lamentó que el gran ausente fuese el Gobierno. Ningún representante del Mined o del ejecutivo respondió a las invitaciones.
Esta ausencia de las autoridades educativas gubernamentales, en foros nacionales de altura, ha sido una característica desafortunada de la presente administración. Ojalá que esto cambie. El ejecutivo no ha tenido reparos en participar en eventos del Cosep y el fruto de este acercamiento ha sido muy positivo. Otro ejemplo lo proporcionan las reuniones mensuales que ahora están teniendo el CNU y los rectores de las 57 universidades que operan en el país, con los dirigentes del mismo Cosep, a fin de adecuar mejor la enseñanza superior a las exigencias del entorno y crear lazos de cooperación.
Los gobiernos tienen mucho que ganar abriéndose a la participación ciudadana amplia. El Ministerio de Hacienda y el de Economía han discutido leyes y decretos con el sector privado, lo que les ha permitido afinar sus políticas y cultivar la armonía. Lo mismo ha ocurrido con el Ministerio de Turismo y otros. La búsqueda del consenso y el entendimiento solo bienes puede traer. Fuera del Ministerio de Educación hay luces, experiencias e inquietudes, que vale la pena escuchar. Sería arrogancia pensar que solo la burocracia estatal puede hacer aportes, o timidez excesiva pensar que allá afuera solo quieren emboscarme.
Es cierto que venimos de una cultura confrontativa, donde uno de los placeres es demoler al adversario; donde usamos lupa para ver lo malo y venda para no ver lo bueno. Pero esto está cambiando, particularmente en el terreno de la educación. Fue más bien el Gobierno quien se caracterizó, en sus primeros años, en culpar a las administraciones “neoliberales” por las deficiencias del sistema. No existe un ánimo semejante en el creciente número de instituciones privadas involucradas en la educación.
Inevitablemente, un diálogo franco sobre un tema donde sufrimos tantas deficiencias no puede dejar de señalar lo que está mal y lo que está bien. No puede curarse al enfermo si no se conoce su enfermedad. Pero el ánimo dominante, de quienes hoy trabajan privadamente por la educación nicaragüense, desde centros de pensamiento o investigación, como Preal, Eduquemos, Funides, Ieepp, etc., hasta empresarios como la Fundación Zamora Terán, Amcham y CISA Agro, solo para nombrar algunas, es únicamente contribuir a que la educación mejore. No importa quién se lleva las palmas.
Fernando Cardenal, exministro de Educación, y líder de la cruzada nacional de alfabetización de los años ochenta, cerró al acto de Eduquemos exhortando a que todos trabajemos con ánimo positivo, sin recriminaciones, a fin de mejorar nuestra educación. Eso es lo que tanta gente quiere, dentro y fuera del Gobierno. ¿Por qué no juntarse para lograrlo?
El autor es sociólogo, fue ministro de Educación.
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