La soberbia de no rendir cuentas: respuesta a Sergio Ramírez
Dios perdone a quienes hicieron daño. Y ojalá ellos mismos puedan reconocerlo algún día. Porque Nicaragua necesita justicia, sí. Pero también necesita coherencia, responsabilidad y verdad.
Dios perdone a quienes hicieron daño. Y ojalá ellos mismos puedan reconocerlo algún día. Porque Nicaragua necesita justicia, sí. Pero también necesita coherencia, responsabilidad y verdad.
Un acto que los colocaría del lado correcto de la historia, no solo por lo que dicen hoy, sino por lo que estarían dispuestos a reconocer de ayer
Las élites económicas que aceptaron un modelo sin institucionalidad terminaron enfrentando la misma maquinaria autoritaria que ayudaron a consolidar. Y el régimen, en su afán de sobrevivir, sustituyó al empresariado nacional por actores extranjeros cuya presencia está siendo amenazada por el nuevo rumbo geopolítico en la región.
La experiencia nicaragüense deja una lección clara, cuando el poder económico y el poder político se fusionan bajo un esquema corporativista, la democracia se vuelve prescindible. Y cuando las élites económicas aceptan ese pacto a cambio de estabilidad y beneficios, el autoritarismo encuentra el terreno perfecto para consolidarse.
La democracia costarricense no se sostiene por miedo, sino por instituciones y ciudadanía. Y mientras haya gente dispuesta a preguntar, a exigir, a escribir y a participar, Costa Rica seguirá siendo lo que ha sido por décadas: una democracia viva, vigilante y resistente.
Nicaragua respira aires de libertad, esperanza y prosperidad. Aunque la noche parezca larga, el amanecer siempre llega. Y llegará porque estamos en unión con nuestros valores republicanos, porque creemos en la dignidad humana, porque defendemos la república y porque sabemos que ningún régimen puede sostenerse eternamente contra la voluntad de un pueblo decidido.