Exministro de Educación en Nicaragua durante el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro. Escritor e historiador. Permanece en el exilio desde 2021, en Estados Unidos, tras una orden de captura en su contra. Fue desnacionalizado por el régimen orteguista en 2023.
Los autócratas temen a su propia gente. Saben que alrededor de ellos priva la hipocresía y las lealtades compradas por el miedo o los privilegios. Que nadie es digno de su entera confianza. Que sus genuflexiones no son sinceras. Que están sumergidos en un mar de guatusas.
Los MuOr se han puesto en la línea de fuego: han alineado a Nicaragua con los enemigos de Estados Unidos, han servido de puente para mandar emigrantes de todas las nacionalidades al norte. Sus prácticas represivas son las más duras del continente, y nadie, como ellos, ha perseguido tan ferozmente a la Iglesia.
Es deseable que en documentos sobre el tema de la pobreza no sólo se atemperen los prejuicios contra el capitalismo competitivo y se desnuden las maldades del socialismo, sino que no se omita, como hasta ahora, otro gran causante de miseria que merece un abordaje aparte: la desintegración familiar.
El cristianismo, al poner la soberanía de Dios por delante de toda autoridad, y demandar de sus seguidores el amor y servicio a Cristo por encima de toda otra lealtad, ha sido visto como un rival intolerable.
La prohibición de la Biblia es sólo el caso más reciente de toda una escalada de agresiones antirreligiosas que obligan a una conclusión inescapable: que, en el fondo, y en contradicción con las alusiones religiosas con que quieren tapizar sus discursos, lo que la pareja quisiera es prohibir el cristianismo en Nicaragua.
Sociedades “civilizadas”, con ciudadanos tan sensibles a la defensa de los derechos humanos que jamás aceptarían la ejecución de criminales, que incluso hablan de derechos de los animales y que se indignan cuando se maltrata a una mascota, no se inmuten ante la violación del derecho a la vida de los niños por nacer.