Paradoja de paradojas. Dos sobrevivientes de una lancha narco son rematados por un segundo proyectil de la marina norteamericana, e innumerables congresistas, políticos y periodistas, se rasgan las vestiduras indignados. El acto, afirman, viola los derechos humanos al matar a dos náufragos desarmados e indefensos. Viola asimismo el derecho internacional y en particular las reglas de guerra que instruyen apresar, pero no matar, a enemigos rendidos o fuera de combate.
No nos meteremos a analizar la validez de tales argumentos. Probablemente tengan razón. Asumamos que la tienen. El problema o la paradoja surge cuando muchos de los mismos que quizás correctamente les indigna que se mate en el mar a dos criminales portando un cargo letal, no se inmutan y más bien avalan que se mate en el vientre materno a millares de seres inocentes e indefensos. ¿Será que consideran que la vida de los primeros es más digna de protección que la de los segundos?
La causa de esta paradoja, verdadera ceguera moral, es que no consideran vidas humanas la de los nasciturus o niños por nacer. ¿Será que nunca han tenido la oportunidad de ver a uno de ellos, en fotografías, videos o en carne y hueso? Yo tuve una de estas últimas hace poco. Muy triste. Una de mis nietas descubrió a los 8 meses de embarazo que su bebé había fallecido en su seno. Tuvo que darlo a luz, como ocurre en esos casos, y a todos los que la acompañábamos se nos partió el corazón al ver a la criatura muerta; bella y completita. Le dimos su nombre y cristiana sepultura en medio de llantos y oraciones.
Viéndolo era imposible pensar que no era un ser humano. Como lo son todos los que llevan en su seno las mujeres embarazadas. No son meros tejidos o parte de la biología materna, como puede ser una glándula o una muela. A las 5 semanas de concebidos ya les palpita el corazón. A las 8 tienen todos sus miembros formados; brazos, piernas, manos y pies, y también ojos, orejas, nariz y boca. Alrededor de la 20 pueden sentir dolores y se cree que emociones a las 22.
Que estos seres pequeñitos, frágiles, sean vidas humanas no lo dice ninguna teología sino la ciencia médica: son seres humanos en su primera etapa de existencia. Con un hecho biológico contundente: su vida como un ser diferenciado se inicia en el momento de la concepción.
Es cierto que todavía les falta formación, y que dependen radicalmente de la vida de la madre. Pero similarmente, y apenas con mínimos grados de diferencia, también esto ocurre con los recién nacidos; siguen en formación y dependen totalmente de auxilio adulto para sobrevivir. El menor grado de desarrollo no los hace menos dignos de protección y estima que los adultos. Al contrario, a mayor indefensión y fragilidad mayor el deber de protegerlos. Son seres preciosos, verdaderos tesoros llenos de grandes potenciales, que ya mayores reirán, llorarán, tendrán planes, amarán, soñarán etc. Todo un futuro les espera, pero hay quienes legislan para que se permita y hasta financie el privarles de ese gran regalo que es la vida. Dentro de ellos hay incluso quienes avalan que se les pueda asesinar hasta horas antes del nacimiento. El caso de demócratas como Kamala Harris, quien ante la pregunta del límite para abordar contestó que eso era sólo decisión de la madre.
Esa es la paradoja. Que sociedades “civilizadas”, con ciudadanos tan sensibles a la defensa de los derechos humanos que jamás aceptarían la ejecución de criminales, que incluso hablan de derechos de los animales y que se indignan cuando se maltrata a una mascota, no se inmuten ante la violación del derecho a la vida de los niños por nacer. Estos no son argumentos para negar los derechos de los narcos sino para que defienda, al menos con el mismo celo, los de los más inocentes e indefensos de los indefensos.
El autor es sociólogo. Exministro de Educación.