El PLC y el liberalismo en los 80
En Nicaragua en un momento u otro todas las partes, políticas, por supuesto, deberán sentarse a dialogar, siempre y cuando la sensatez y el buen juicio por la patria y sus banderas rotas, prevalezca.
En Nicaragua en un momento u otro todas las partes, políticas, por supuesto, deberán sentarse a dialogar, siempre y cuando la sensatez y el buen juicio por la patria y sus banderas rotas, prevalezca.
En política, como decía Giulio Andreotti, “no desgasta el poder, lo que desgasta es no tenerlo”. Entonces si se piensa en una nación libre y democrática, hay que luchar por ese poder.
Con una sociedad civil en el exilio fracasada, sin liderazgos sólidos, con una comunidad internacional timorata y con un sistema represivo a más no poder, pensar en el surgimiento de una unidad opositora alrededor del liberalismo, resulta difícil incluso el solo pensarlo.
Se ha perdido una batalla, no la guerra, seguimos de pie quienes por esas razones hemos sido siempre críticos del derroche de la falsa oposición y de una unidad en torno a líderes con pies de barro. Es hora de darle vuelta al timón.
Se trata pues, de volver a Nicaragua bajo ciertas medidas de seguridad apoyadas por un consorcio internacional y unirse a trabajar con esa oposición hoy silenciada para devolverle la libertad a Nicaragua; de decirle a todos que el socialismo o comunismo nada bueno pueden traer…
La democracia está y continuará estando en crisis mientras los vicios del presente se posterguen al futuro y, de entre estos, el perverso robo del voto ciudadano, el cual debería ser castigado con penas máximas.