Periodista nicaragüense exiliado, columnista en medios de comunicación internacionales y fundador del Partido Liberal Conservador Clásico (OPA) y del Foro Anticomunista de Miami. Es analista político en diversas organizaciones.
Se necesita construir una propuesta nacional capaz de ofrecer estabilidad, gobernabilidad, reconciliación democrática e incluso empezar desde ya a visionar propuestas empresariales y de emprendimiento para la era post-Ortega.
La salida del régimen es inevitable, pero la administración de su salida es responsabilidad de todos. Nicaragua no necesita un estallido, sino una transición que permita reconstruir el país sin repetir los ciclos de violencia del pasado.
Las negociaciones para un cambio de régimen en Cuba ya han iniciado. Si se logra un acuerdo que evite una confrontación militar, se podría avanzar directamente hacia la recuperación económica.
Más allá de consignas y discursos, este debate ya no es simplemente entre izquierda y derecha. Es una confrontación entre democracia y autoritarismo. En ese terreno no caben zonas grises: o se está del lado de quienes luchan por la libertad, o se termina justificando a quienes la aplastan.
Hoy, el mecanismo más viable es la implementación de un diálogo político entre personeros de la dictadura y esta oposición política democrática que, independientemente de cómo sea percibida, puede abrir una ruta de entendimiento para liberar a los presos políticos, poner fin a la represión, recuperar la institucionalidad gravemente atropellada, permitir el retorno de miles de exiliados, incluyendo a líderes de la Iglesia católica y encaminar al país hacia la libertad, la paz y la armonía social.
“La Comanda” podrá pasar ahora de tirar balas en el pasado a sumarse a la arena política partidaria para defender y promover el voto en las próximas elecciones, a reparar para no repetir los errores de sus viejos y respetados comandantes y a ser guardianes, pero esta vez de la democracia y la libertad.