Periodista nicaragüense exiliado, columnista en medios de comunicación internacionales y fundador del Partido Liberal Conservador Clásico (OPA) y del Foro Anticomunista de Miami. Es analista político en diversas organizaciones.
Un pasado que continúa respirando en el presente, con presos políticos que ya superan más de 3 décadas de encierro ante la vista, paciencia y silencio de gobiernos supuestamente democráticos, sostenidos muchas veces por estructuras judiciales contaminadas ideológicamente.
El liberalismo histórico nicaragüense posee, además, una profunda raíz republicana vinculada a la defensa de las libertades individuales, la alternabilidad en el poder, la propiedad privada y el respeto a la Constitución.
Se necesita construir una propuesta nacional capaz de ofrecer estabilidad, gobernabilidad, reconciliación democrática e incluso empezar desde ya a visionar propuestas empresariales y de emprendimiento para la era post-Ortega.
La salida del régimen es inevitable, pero la administración de su salida es responsabilidad de todos. Nicaragua no necesita un estallido, sino una transición que permita reconstruir el país sin repetir los ciclos de violencia del pasado.
Las negociaciones para un cambio de régimen en Cuba ya han iniciado. Si se logra un acuerdo que evite una confrontación militar, se podría avanzar directamente hacia la recuperación económica.
Más allá de consignas y discursos, este debate ya no es simplemente entre izquierda y derecha. Es una confrontación entre democracia y autoritarismo. En ese terreno no caben zonas grises: o se está del lado de quienes luchan por la libertad, o se termina justificando a quienes la aplastan.