SOLO PARA SUSCRIPTORES.
Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Las redes sociales del régimen Ortega Murillo han reactivado un viejo reclamo sandinista: derribar el busto del general liberal en la plaza central de León para poner en su lugar al guerrillero Juan José Quezada.
Un analista advierte que detrás de la polémica hay algo más grande: el borrado sistemático de la memoria histórica de gestas, personajes y fechas que no sirven al relato oficial.
En el centro exacto del Parque Central de León, un general de granito y mármol lleva 143 años dándole la espalda a la Insigne y Real Basílica Catedral de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.
Testigo de dictaduras
Este monumento de ubicación controversial volvió este mes al centro de una disputa política: propagandistas del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo insisten, una vez más, en que la estatua del general liberal Máximo Jerez Tellería debe desaparecer.
La ofensiva no es nueva.
Desde el retorno de Ortega al poder en 2007, voceros y cuentas afines al oficialismo han propuesto en distintos momentos sustituir el monumento a Jerez, con dos siglos de historia, por uno dedicado a Juan José Quezada Maldonado, guerrillero sandinista abatido por la Guardia Nacional en 1973.
La campaña se reactivó este septiembre, en medio de una reforma constitucional que amplía a siete años el mandato de los copresidentes y que, de paso, mueve la fecha de la toma de posesión presidencial para alejarla del aniversario del asesinato de otro símbolo incómodo para el régimen: Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Lea además: Adolfo Díaz: el presidente que gobernó bajo la sombra de Estados Unidos

Ofensiva en redes
El argumento más reciente de esta ronda lo firma un tal Henry Geovanny Brenes Velásquez, abogado, profesor de la UNAN-León y asesor de la Alcaldía del municipio de El Jicaral.
Conocido en redes como “creador digital Fermín Nicaragua”, el autor cuenta con el respaldo de la red de comunicadores sandinistas leoneses que han replicado el mensaje en TikTok, Facebook, WhatsApp y otras redes.
En una carta pública dirigida desde Facebook a Daniel Ortega y Rosario Murillo, Brenes pidió a los dictadores el 6 de septiembre que la estatua de Jerez sea “derribada” antes de que termine el mes.
Su argumento es que el prócer decimonónico es un “vendepatria” que no merece estar “intocable” en el corazón de la ciudad.
“Vendepatria” de mármol y granito
“Don Máximo Jerez es igual de non grato en la historia patria a como lo es la familia Chamorro o los Somoza”, alega el agitador.
La acusación es antigua: Jerez fue señalado por los conservadores de haber facilitado, en la década de 1850, la llegada a Nicaragua del filibustero estadounidense William Walker.
Walker, al frente de tropas armadas, terminó autoproclamándose presidente del país y aspirando a controlar toda Centroamérica bajo un régimen esclavista.
En su carta, Brenes propone sustituir la figura de Jerez por un monumento al guerrillero Quezada o, en su defecto, por “una Antorcha de la Independencia”.
Lea también: Cárceles de tres dictaduras: ¿Cuál fue la más cruel?



“Reescribir la historia”
Al sociólogo y analista político Óscar René Vargas le preocupa ese patrón de reescribir la historia.
Advierte que la polémica por el monumento leonés no debe leerse como el capricho tardío de un militante sandinista, sino como parte de una estrategia de vaciar el espacio público nicaragüense de cualquier figura histórica que opaque al dictador Ortega.
El caso más elocuente, señala Vargas, está en Managua y no en León: la estatua de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Mártir de las Libertades Públicas y héroe nacional por decreto legislativo desde 2012, está aislada y arrinconada desde 2013 detrás de 15 monolitos gigantes bautizados como “Próceres del Alba”.
“Viendo en perspectiva la campaña de régimen Ortega Murillo creo que el objetivo es eliminar la figura de Pedro Joaquín Chamorro comenzando con Jerez. Entrar siglos después en la polémica que si Jerez es un vendepatria o no es equivocarnos de la estrategia de la dictadura”, señala.
Vargas recuerda que en los últimos discursos de Ortega ha estado presente el reclamo de que Nicaragua reconoció la pertenencia del Partido Nicolás (Guanacaste) a Costa Rica, mediante la firma del Tratado Cañas-Jerez (15 de abril de 1858).
Disputa por la plaza
Para entender por qué una estatua de casi metro y medio puede generar tanto ruido, hay que volver al Parque Central de León, uno de los espacios públicos más antiguos de Nicaragua.
Fundado como Plaza Mayor y rebautizado después Plaza de la Independencia, el predio se transformó en parque urbano el 29 de abril de 1882 bajo el nombre de “Parque Jerez”.
Tras el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979, el espacio adoptó el nombre del combatiente Juan José Quezada; en 1990 recuperó el título de Plaza Central y desde 2007 hasta hoy volvió a ser Plaza-Parque Juan José Quezada.
Sobre las fechas exactas del monumento las fuentes históricas discrepan.
La documentación diplomática hondureña sitúa el origen del proyecto en enero de 1883, cuando el Club Liberal de León solicitó al gobierno de Honduras que costeara una estatua en honor a Jerez.
Puede interesarle: La memoria como trinchera: así se recuerda a Nicaragua desde el exilio

De espaldas al templo
El contrato de construcción se firmó el 6 de mayo de ese año con el escultor suizo-italiano Francisco Durini, quien se comprometió a fabricar la pieza en Italia y entregarla en el puerto de Corinto a más tardar en enero de 1884.
Otras crónicas locales, sin embargo, ubican la instalación del monumento en 1888, y una tercera versión —recogida en publicaciones sobre la historia del parque— data la inauguración en 1901.
La estatua, de tamaño natural, terminó erigida de espaldas al atrio de la Catedral, como un gesto simbólico del liberalismo contra el poder eclesiástico de la época.
En la base del pedestal, una placa resume la lectura más generosa de Jerez sobre León: “Duerme, que tus soldados velan”.
Contra Walker
Máximo Jerez Tellería nació en León el 8 de junio de 1818.
De espíritu inquieto, se convirtió en el principal abanderado nicaragüense de los ideales liberales de la Revolución Francesa y en un defensor temprano de la integración centroamericana, una causa a la que dedicaría buena parte de su vida pública.
Su papel más controvertido llegó a mediados de la década de 1850, cuando el conflicto entre liberales leoneses y conservadores granadinos abrió la puerta a la intervención de William Walker y su ejército de filibusteros estadounidenses.
El general Jerez respaldó inicialmente esa alianza, pero pronto reconoció su error y ayudó a repararlo con las armas al unir a los bandos nicaragüenses para luchar contra los invasores.
Lea más: A golpe de mazo: la demolición de un histórico cine González

El tratado Jerez-Cañas
Su otra controversia llegaría pocos años después. Como ministro plenipotenciario de Nicaragua en Costa Rica firmó el 15 de abril de 1858 el Tratado Cañas-Jerez.
Este fijó los límites entre ambos países y décadas más tarde se convirtió en el origen de un litigio fronterizo de dos siglos sobre el río San Juan.
Ese diferendo terminó resuelto ya en el siglo XXI, a través de una serie de sentencias y medidas de la Corte Internacional de Justicia de La Haya dictadas entre 2009 y 2018, que definieron con matices favorables a ambas partes los derechos de navegación, la soberanía sobre territorios ticos y la frontera marítima en el Caribe y el Pacífico.
Jerez murió de un infarto el 12 de agosto de 1881, en Washington, donde se encontraba como ministro plenipotenciario de Nicaragua.
Sus restos fueron traídos a Rivas el 11 de noviembre de 1882 y trasladados finalmente a León en 1894, por orden del presidente José Santos Zelaya, donde descansan hasta hoy.
Para sus detractores, sin embargo, ese tratado es prueba de que Jerez fue, en el mejor de los casos, un negociador torpe, y en el peor, “un vendepatria”.
Entre ambas lecturas, la estatua del parque leonés ha sobrevivido 14 décadas sin que nadie se atreviera, hasta ahora, a proponer en serio derribarla.
Puede interesarle: Rosas, orquesta y misas: así se celebró por primera vez el día de las madres en Nicaragua
«Guerrillero desconocido«
Al otro lado de la disputa simbólica está Juan José Quezada Maldonado, nacido en León el 19 de febrero de 1950, hijo del doctor José Quezada y de Isabel Maldonado.
Descrito por quienes lo conocieron como una persona discreta y humilde, se integró en 1969 al Frente Estudiantil Revolucionario y, a través de él, al FSLN clandestino.
Participó en el secuestro de una aeronave de LANICA, combatió como agente encubierto de los palestinos en Europa y recibió entrenamiento militar en Cuba y en el Líbano, donde operó bajo el seudónimo “4”, junto a otros cuadros históricos del sandinismo.
En junio de 1973 fue sorprendido y herido con machete por un juez de mesta somocista en Waslala; sobrevivió al ataque y fue trasladado a una casa de seguridad del FSLN en Nandaime, para recuperarse de las heridas.
La madrugada del 18 de septiembre de 1973, la Guardia Nacional cercó la vivienda tras detectar movimientos sospechosos denunciados por vecinos.
Quezada y el guerrillero Jonathan González resistieron a tiros, huyeron a pie por los potreros vecinos y fueron finalmente abatidos en la persecución que siguió.
Durante meses, la dictadura de la familia Somoza no logró identificar el cadáver, primero lo confundieron con Carlos Fonseca y finalmente lo registraron como “guerrillero desconocido”, según el relato que años después ofreció Tomás Borge.

Elementos de sospechas
La lectura de Óscar René Vargas cobra sentido a la luz de otros hechos y detalles que, sin mencionar a Jerez, ocurrieron en las mismas semanas de la nueva ofensiva contra su estatua.
El primero es la reforma constitucional aprobada por unanimidad en la Asamblea Nacional el 1 de septiembre, que extiende a siete años renovables los períodos de Ortega y Murillo.
Ahí se traslada la toma de posesión presidencial al 18 de enero por el natalicio del poeta Rubén Darío.
La fecha anterior, del 10 de enero, coincidía con el aniversario del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en 1978, elegida así en su momento por el propio sandinismo en 1979 para conmemorar al periodista asesinado por Somoza.
El otro dato que causa sospecha es el sitio elegido por el FSLN para aprobar la reforma constitucional: frente al atrio de la Catedral, en la propia Plaza Juan José Quezada de León.
Es decir, a espaldas de la estatua de Jerez que ahora se pretende derribar.
SOLO PARA SUSCRIPTORES.