Los Pipitos nació en 1987 por la iniciativa de 21 padres con hijos con discapacidades. LA PRENSA/ REDES SOCIALES

Los Pipitos nació en 1987 por la iniciativa de 21 padres con hijos con discapacidades. LA PRENSA/ REDES SOCIALES

Incertidumbre en Los Pipitos: la amenaza que se cierne sobre el referente nacional en atención a la discapacidad infantil

Los Pipitos no dejaron de atender ni durante la pandemia del covid-19. Ahora, una suspensión de la atención, desde el pasado 31 de agosto, hace presagiar un cierre a los padres de niños con diferentes discapacidades.

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En los últimos días, la incertidumbre ha marcado el día a día de decenas de familias que dependen de Los Pipitos, una institución que desde 1987 nació para atender a niños con alguna alteración genética, alguna discapacidad física o simplemente una condición que los hiciera parecer o comportarse diferente.

La reprogramación de citas y la suspensión temporal de sesiones, ocurrida desde el pasado 31 de agosto, han dejado a los padres en vilo, sin una explicación definitiva sobre el futuro de la organización.

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Ni siquiera los mismos profesionales que trabajan en Los Pipitos tienen certeza de lo que está ocurriendo.

Una fuente vinculada al centro confirma que, hasta el momento, el personal solo ha recibido información sobre “situaciones administrativas” y suspensiones “hasta nuevo aviso”. “Estamos en las manos de Dios, la verdad solo esperar”, dice la fuente, quien señala que la plantilla de trabajadores, cercana a las cincuenta personas, desconoce si habrá un cierre definitivo.

La labor que se realiza en Los Pipitos es un gran apoyo para padres con hijos con discapacidades. LA PRENSA/ FACEBOOK DE LOS PIPITOS
La labor que se realiza en Los Pipitos es un gran apoyo para padres con hijos con discapacidades. LA PRENSA/ FACEBOOK DE LOS PIPITOS

El personal del centro niega que exista una intervención estatal directa por parte del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Sin embargo, la falta de información oficial y la atmósfera de incertidumbre han provocado temor entre las familias y trabajadores.

Los Pipitos no solo atiende a niños afiliados al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), sino también a aquellos cuyos padres no tienen seguro, abarcando una amplia gama de discapacidades: parálisis cerebral, deficiencia intelectual, autismo, síndrome de Down y otros síndromes.

Un posible cierre sería devastador para cientos de familias. Más allá de la atención médica y terapéutica, Los Pipitos representa un espacio de acompañamiento, inclusión y aprendizaje. La suspensión de sus servicios dejaría sin alternativas a quienes han encontrado en la organización un recurso vital para el desarrollo y la integración de sus hijos.

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Los Pipitos no dejaron de atender ni durante la pandemia del covid-19. La organización adaptó sus servicios a la modalidad virtual, garantizando la continuidad de la atención a través de la iniciativa “Los Pipitos en casa”. Además, especialistas acompañaron a las familias en casa, guiando ejercicios y terapias a distancia.

Por eso, para los padres es extraño que ahora se suspenda la atención sin una explicación clara.

Una respuesta colectiva a la exclusión

La historia de Los Pipitos comienza en agosto de 1987, en una Nicaragua donde la discapacidad era invisible y, en muchos casos, motivo de vergüenza o exclusión. Ruth Elizondo, madre fundadora, ha explicado en el pasado que antes de la existencia de Los Pipitos “las personas con discapacidad en el país no estaban a la vista del resto de la población, al contrario, en muchos casos eran hasta escondidos”.

Las familias enfrentaban solas las barreras emocionales y sociales, sin redes de apoyo ni comprensión de la sociedad.

La organización nació tras una reunión de 21 padres y madres de familia que compartían una preocupación común: cómo enfrentar juntos el futuro de sus hijos.

“Me di cuenta que estos miedos y estas barreras emocionales y sociales yo no las iba a poder romper por mí misma, sino que teníamos que hacer un trabajo de equipo”, relató Elizondo, madre de dos gemelos con síndrome de Down, según declaraciones recogidas en un blog alternativo de Los Pipitos.

Así, sin un norte claro pero animados por la urgencia de cambiar la realidad, los primeros asociados a Los Pipitos dieron los primeros pasos para crear un movimiento social que luchara contra la exclusión.

Leonor Gutiérrez, madre de una hija con una situación especial, enfrentó la exclusión social junto a su hija María del Pilar antes de la existencia de la asociación. “Los niños y todas las personas con discapacidad en esos tiempos eran sujetos de exclusión total; exclusión familiar, social, institucional, en todos los ámbitos”, recuerda.

Para Gutiérrez, la fundación de Los Pipitos fue un punto de inflexión, no solo en su vida y la de su familia, sino en la de miles de familias nicaragüenses.

En Los Pipitos, a los niños se les brinda atención en estimulación temprana, fisioterapia, psicología, reforzamiento escolar, desarrollo de habilidades para la vida, elaboración de planes individuales y capacitación para padres y consejeros familiares. LA PRENSA/ FACEBOOK DE LOS PIPITOS
En Los Pipitos, a los niños se les brinda atención en estimulación temprana, fisioterapia, psicología, reforzamiento escolar, desarrollo de habilidades para la vida, elaboración de planes individuales y capacitación para padres y consejeros familiares. LA PRENSA/ FACEBOOK DE LOS PIPITOS

Desde sus inicios, Los Pipitos apostó por la visibilización y la sensibilización de la sociedad, logrando que personas con discapacidad pudieran acceder a la educación regular, a parques y espacios públicos, y que se promovieran leyes favorables como la Ley 763.

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La organización ha desarrollado programas de atención integral, como “Habilidades para la vida”, que fortalece el acompañamiento familiar, y “Educación integral para la sexualidad”, dirigido a adolescentes, jóvenes y sus familias.

Un camino de desafíos

Natalia Popova, especialista en audición y lenguaje, indicó, en una entrevista a La Prensa en el año 2017, que ella fue testigo de los desafíos y logros de la organización, especialmente en el campo de ella, que es la audición.

“El principal reto fue lograr el enlace adecuado entre la atención especializada y la acción de la familia en constante proceso de capacitación. Las familias tenían que emprender en el seno del hogar educación lingüística hogareña, es decir, fomentar el desarrollo del lenguaje verbal de sus hijos e hijas en condiciones de diferentes niveles de la deficiencia auditiva. Los primeros éxitos fueron asombrosos: las familias lograron que sus hijos comenzaran a vencer las barreras del silencio. Hoy día muchos de estos niños son profesionales y llevan una vida independiente y exitosa”, especificó Popova.

En Los Pipitos se atiende a niños sin importar si los padres cuentan con seguro social o no. LA PRENSA/ FACEBOOK DE LOS PIPITOS
En Los Pipitos se atiende a niños sin importar si los padres cuentan con seguro social o no. LA PRENSA/ FACEBOOK DE LOS PIPITOS

Popova añadió que el Instituto Médico Pedagógico de Los Pipitos nació gracias a que en el trabajo de la asociación se fueron produciendo “cambios conceptuales en la materia de la explicación y comprensión de la discapacidad y la experiencia acumulada por la asociación”. El trabajo del Instituto se extendió después a los centros de la educación temprana que tienen Los Pipitos.

El Instituto de Los Pipitos llegó a tener capacidad para promover nuevos métodos de enseñanza, elaborar material para la familia que le pudiera ayudar y emprender en su hogar educación adecuada para cada uno de sus hijos.

Sería una tragedia

Un posible cierre de Los Pipitos representa una amenaza no solo para las familias que reciben atención directa, sino para la sociedad nicaragüense en su conjunto.

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Madres y padres del interior del país viajan largas distancias para llegar al centro y sus hijos puedan recibir atención. Algunos padres cuentan con seguro social, pero una gran cantidad no.

Cientos de niños y niñas han logrado acceder a una educación inclusiva, desarrollar habilidades para la vida, prepararse para el trabajo y, en muchos casos, alcanzar una vida independiente.

Si Los Pipitos dejara de existir, miles de familias perderían un espacio de apoyo, capacitación y esperanza.

La Prensa Domingo Los Pipitos

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