Roberto Espinoza de 93 años y su hijo Noel Espinoza, de 48, fueron asesinados en su propia casa en El Cuá. CORTESÍA

El misterio tras el crimen de un pastor evangélico y su padre de 93 años

Es el tercer caso en dos meses de padres e hijos asesinados de la misma manera en Jinotega sin que la Policía reporte sospechosos. Noel Espinoza Zeledón y su padre, Roberto Espinoza Reyes, fueron asesinados a tiros en su casa.

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Los últimos días de su vida, el pastor Noel Espinoza Zeledón estaba planeando el cumpleaños de su hija Scarleth. La celebración estaba programada para finales del mes de septiembre. «Ya no quiero celebrar nada», dice ahora la joven. 

«La vida no es fácil sin el ser que luchó por sacarme adelante, que dio todo lo mejor por instruirme y en ser mejor cada día», detalla Scarleth entre lágrimas. Su padre era el pastor evangélico Noel Espinoza Zeledón, de 48 años, quien fue asesinado a tiros la tarde del 7 de septiembre por personas desconocidas en su propia casa. 

Junto a él fue asesinado también su padre, el abuelo de Scarleth, don Roberto Espinoza Reyes, de 93 años y cuya fortaleza física lo hacía pasar por alguien de hasta dos décadas menor entre sus conocidos de la comunidad Sonora, en El Cuá, departamento de Jinotega. «Ese señor era un roble todavía», dice un vecino de la zona que prefiere no ser identificado. 

Padre e hijo fueron asesinados en su casa por personas desconocidas. CORTESÍA

Toda la familia asegura estar devastada. No entienden por qué se ensañaron con los suyos y por qué hasta estas fechas, la Policía no ha dado con los asesinos y tampoco ha presentado avances de las investigaciones. 

El testigo clave del caso, Noé Espinoza, se negó a hablar con la Revista Domingo porque, según sus familiares, «sigue muy mal después de ver como mataron a su papá frente a sus ojos». 

Hombres de iglesia y de la tierra 

Don Roberto Espinoza Reyes era originario de Muy Muy, Matagalpa. El 21 de diciembre iba a cumplir 94 años. El casi siglo que vivió se dedicó a trabajar la tierra como un campesino en esa zona. Hasta el día de su muerte sembraba todo tipo de verduras y hortalizas que luego vendía para sostenerse. 

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Poco a poco se fue haciendo de más tierras, cuenta su sobrina Ariana Alemán González, hasta que se casó y se fue a vivir a la comunidad Yaró, en el municipio de Waslala, y posteriormente se estableció en Sonora, en El Cuá, en donde vivió trabajando sus tierras hasta el último de sus días. 

«Mi tío siempre trabajó en sus tierras. Tenía mucha fortaleza a pesar de su edad. Él y mi primo siempre fueron servidores de Dios y no se metían con nadie», detalla. 

El evangelio ha sido parte de esta familia desde los tiempos de juventud de don Roberto Espinoza, que hace muchos años también fue pastor evangélico. Sus creencias religiosas las traspasó a sus vástagos y así, su hijo Noel Espinoza Zeledón se convirtió en pastor evangélico. 

Hasta el día de su muerte, Noel Espinoza fue pastor de la iglesia Nuevo Pacto, ubicada en la comunidad Kansas City, en el municipio de El Tuma la Dalia, cerca del límite departamental entre Matagalpa y Jinotega, y a pocos kilómetros de la comarca Sonora donde vivía con su familia. 

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También era miembro de la iglesia de Dios de La Profecía, ubicada en la comunidad de Sonora. 

Su hija Scarleth recuerda que desde hace unos años, cuando ella contrajo matrimonio y se fue a vivir aparte, su padre seguía pendiente de ella. Todas las noches la llamaba para saber de su día, para hablar con su nieto o para comentar sobre algún evento nuevo en la familia, en la iglesia o en la comunidad. 

La familia enterró al pastor y a su padre el pasado jueves. CORTESÍA

«Nada es igual. Han pasado varias noches sin tener esa llamada de buenas noches, de no recibir esa llamada de buenos días», señala Scarleth.

El crimen 

Poco después de las 5:30 de la tarde de ese lunes 7 de septiembre, Noé Espinoza Cruz de 26 años llegó a visitar a su padre Noel y a su abuelo Roberto. En la humilde casa de madera, a kilómetro y medio al oeste del puente que da entrada a la comunidad, estaba también su hermano menor llamado Idsan, de 11 años. 

De repente, tres hombres desconocidos y armados con pistolas y un cuchillo se presentaron en la puerta de la casa. 

–Buenas tardes –dijo uno de ellos apuntando a Noé y a punto de dispararle. 

El joven se quedó congelado al ver el arma y en ese preciso momento salió su padre de uno de los cuartos. 

–¿Qué pasó aquí? –interrumpió Noel. 

El hombre con el arma en la mano cambió de blanco. Apuntó hacia Noel y disparó tres veces. Uno a su cabeza y dos a su pecho. Una acción de segundos que no permitió reacción. El pastor cayó de espaldas sobre un chorro de sangre que se escurría de su cuerpo. 

En ese momento, tras escuchar los disparos, salió don Roberto a la sala y vio la escena. 

–¡Mi hijo! ¿Por qué lo mataron? –gritó. 

El hombre armado recibió al anciano de la misma manera, con tres disparos. 

Noé aprovechó la confusión del momento y salió corriendo hacia el patio. Agarró a su hermano Idsan de los brazos y le dijo que corriera sin mirar atrás. Cruzaron los patios de los vecinos hasta que buscaron ayuda minutos después. 

Mientras tanto, los hombres armados saquearon la casa. Rebatieron cajones, les dieron vuelta a los colchones, tiraron ropa, zapatos, trastes y demás enceres. Comenzaron a buscar cosas de valor, pero no encontraron mucho. Lo único que se llevaron fue un teléfono ZTE color negro valorado en 5,000 córdobas, pero nada más. 

Los cadáveres de padre e hijo quedaron tendidos en la entrada de la casa. ARCHIVO

La Policía llegó horas después, en la noche, y solo encontró los dos cadáveres y la sangre casi diluida entre el barro del piso de la casita de madera de la familia. Hasta el momento, las investigaciones arrojan que el móvil habría sido un simple robo, pero la familia se extraña de que no haya ningún detenido ni sospechoso por el asesinato de Noel y su padre Roberto. 

El misterio alrededor de por qué mataron a Noel Espinoza y a su padre Roberto también ha generado una ola de especulaciones, tanto en el pueblo como en redes sociales, en donde la gente comenta sobre un supuesto «ajuste de cuentas», sin embargo, sus conocidos y familiares rechazan estos señalamientos. 

«Lo recordaremos siempre como ese gran ser humano que fue, entregado a Dios y a su familia el hermano Noel y su papá», comenta por su parte Edwin Picado, uno de los miembros de la iglesia a la que asistía el pastor. 

«Las personas que conocimos al pastor exigimos justicia. Que los responsables paguen y les caiga todo el peso de la ley porque él era un hombre entregado a Dios, a su familia, a su iglesia. Un buen esposo, un buen padre, un gran amigo, una persona de la cual solo se pueden decir las mejores cosas y recordarlo como ese gran ser humano que fue. Pedimos justicia porque no es justo que personas malas se ensañen con personas que solo hacen el bien», insiste Picado.

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Casos similares 

El doble asesinato de Noel y Roberto se suma a otros casos ocurridos en las últimas semanas en el departamento de Jinotega, y de los cuáles la policía no ha informado sobre avances en las investigaciones. 

El 2 de agosto, en la comunidad de Las Quebradas, en Wiwilí, Nahúm Aguirre Espinoza y su hijo Juan Aguirre, de 18 años fueron asesinado a tiros por un hombre que llegó a su vivienda y sin mediar palabras les disparó. 

Luego, el miércoles 19 de agosto, en la comunidad Santa Brisa, también en Wiwilí, el campesino Esaú Laguna, de 47 años, y a su hijo Amasaías Laguna Rodríguez, de 16, fueron asesinados a tiros. Ninguno de estos casos ha sido esclarecido por las autoridades policiales hasta la fecha, al igual que el del pastor Noel Espinoza y su padre Roberto Espinoza.

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