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Dos niños siguen jugando sobre las mismas piedras canteras donde esperaban una camioneta blanca que les traía alegría. No comprenden por qué Franklin Yeri Lampín Sánchez, el hombre al que llamaban “padrino” no volverá a sonar el pito frente a ellos y bajar para darles regalos.
Tenía 31 años. Fue hallado sin vida el sábado 29 de agosto dentro de su propia camioneta, en un camino polvoriento de la comarca Peña Ventosa, municipio de Nagarote.
Junto a él estaba el cadáver de Yeymi Valeska Solórzano Corea, de 32. Su prima y su pareja. La versión oficial concluyó pronto que no fue un robo, ni un femicidio seguido de suicidio como intentaron simular sus verdugos.
Fue una ejecución al estilo sicariato. Y quien la ordenó, según las pesquisas, fue alguien de la propia sangre de Franklin. Un primo suyo de parte de padre.
Un muchacho humilde
Antes de ser noticia, Franklin fue un buen vecino. Nació el 25 de abril de 1995 en Nagarote. Hijo único de don Segundo Rufino Lampín Contreras, sastre de oficio, y doña Mercedes Sánchez, mujer de hogar, callada y risueña; se crio en una casa humilde y cristiana del popular barrio Santiago, de Nagarote.
No les sobraba nada, pero tampoco faltaba lo esencial: pan, disciplina, ejemplo, cariño y compañía, según los vecinos aun asustados de la tragedia. Franklin, según dicen, creció observador, tranquilo, un poco tímido y sociable en su barrio, donde jugaba béisbol callejero.
Se graduó como ingeniero en sistemas en 2018 en la Universidad de Managua y estudió contabilidad. No fue «Excelencia Académica», pero destacó con méritos en ambos cursos, según los comentarios de antiguos compañeros de estudios en su muro de Facebook, antes de que fuera cancelado.

Después de sus estudios, Franklin encontró un negocio que en Nicaragua rara vez falla: prestar dinero por fuera de la banca.
El negocio creció rápido con una cartera de clientes variada: pequeños transportistas que prestaban para reparar un taxi o motoneta; comerciantes que necesitaban invertirle a la ventecita, amigos que querían un celular o vecinas que requerían electrodomésticos.
Cuando el negocio creció, el muchacho invirtió en la casa de sus padres; patrocinó un equipo de béisbol local, apostó en las carreras de caballos, compró un vehículo usado y luego una camioneta nueva y hasta compró un perrito llamado Rambo que lo esperaba cada tarde.
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El buen vecino
Tenía, según quienes lo conocieron de cerca, cero vicios y una ambición tranquila. Era firme con los cobros, pero discreto y persistente.
No hizo ruido en su evolución empresarial hasta que empezó a exhibir su plata y la gente comenzó a preguntarse de dónde salió tanto.
Pero el Franklin que más se recuerda en su barrio no es el prestamista sino del buen vecino.
Algunos niños le decían “padrino”. Sin hijos propios, adoptó como suyos a los hijos de una vecina y a un niño cuyo padre trabaja hoy en el exilio y da testimonio a distancia de la vida del muchacho.

Los consentía, jugaba con ellos, pitaba la camioneta cuando los veía jugar en el cerco de piedras cantera y si podía, bajaba y les obsequiaba un dulce.
El pasado 25 de abril, en su cumpleaños 31, les llevó un pedazo de queque a cada uno. Cuando su camioneta blanca se acercaba, los niños corrían y pedían, con las palmas abiertas, que sonara la bocina. Franklin siempre los complacía.
El día después de la noche del crimen fueron ellos quienes tocaron la puerta de don Segundo para preguntar por su padrino. La respuesta del sastre, con la voz partida por el dolor, fue categórica como una sentencia: “Su padrino ya no vendrá”.
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La noche de la Barrera Municipal
La reconstrucción policial ubica el inicio del crimen la noche del viernes 28 de agosto. Cerca de las 9:30 de la noche, los ahora acusados citaron a Franklin en el sector de la Barrera Municipal de Nagarote.
El prestamista estaba con Yeymi y tras encontrarse con sus asesinos, subieron todos a la camioneta Nissan Frontier, placa LE39089 del año 2025: Franklin y ella adelante y los otros dos atrás.
La reconstrucción policial, extraída de la confesión de los autores y de los peritajes contenidos en el expediente, señala que los dos hombres intimidaron con pistolas a la pareja, les quitaron el control de la camioneta y los trasladaron hasta el camino polvoriento de Peña Ventosa, donde los asesinaron.

Franklin recibió un tiro a quemarropa en el lado derecho de la cabeza.
A Yeymi le dispararon dos veces: primero en el tórax y después en la frente. Después acomodaron los cuerpos dentro del vehículo y dejaron un arma para simular una tragedia pasional: que él la había matado y luego se había quitado la vida.
La Policía descartó esa versión casi de inmediato. Los peritajes de trayectoria de disparos y el trabajo de la Dirección de Auxilio Judicial desmontaron la versión inicial en horas. Los teléfonos de las víctimas eran clave: guardaban el registro de las comunicaciones con los asesinos… y algo más.
En la conferencia de prensa la Policía tipificó el móvil del crimen como “rencillas personales” y “robo”.
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Los asesinos y otros sospechosos
En el expediente judicial aparecen cuatro acusados, aunque la institución policial solo confirmó públicamente dos detenciones: Luis Alexander Contreras Lampín, de 24 años, y Ernesto Agustín Cruz Baltodano, de 38.
Junto a ellos, sin reconocimiento oficial, pero sí imputados en el expediente registrado en los juzgados, figuran Yimin Maycol Bravo Santana y Luis Carlos Zapata.
Sin embargo, la pieza clave del plan es Contreras Lampín, primo de la víctima, quien es señalado por la Policía como el autor intelectual del crimen y además le robó a Franklin cerca de medio millón de córdobas antes del asesinato.
El primo sicario de Costa Rica
Aquí es donde el caso pasa “de rencillas personales” y empieza a oler distinto. Fuentes cercanas a la investigación manejan una hipótesis inquietante: sicariato y crimen organizado.
Contreras Lampín pasó varios años en Costa Rica antes de huir hacia Nicaragua en 2025.
Y según esa misma pista (todavía en fase de verificación por un investigador local con acceso al expediente) allá habría formado parte de una estructura de sicariato que el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) costarricense desarticuló a mediados del año pasado.
Medio Nagarote señala a Contreras Lampín de llevar “una vida peligrosa” y haber vuelto “con más mañas” de Costa Rica.
La sospecha que hoy circula entre fiscales que preparan la acusación con base en el expediente policial, es que Franklin no solo prestaba dinero a comerciantes y trabajadores informales: también habría movido capital vinculado al narcotráfico, sirviendo como fachada financiera para expendios de droga en la zona, con su propio primo actuando como intermediario entre él y esa red.

Cuatro acusados
Durante la audiencia preliminar celebrada el pasado 1 de septiembre en el Juzgado Noveno de Distrito Penal de Audiencias de Managua, la Fiscalía acusó formalmente a los cuatro hombres por presuntamente integrar una estructura vinculada al crimen organizado, que ejecutó el doble homicidio de la pareja.
Según el expediente judicial al que tuvo acceso LA PRENSA, el Ministerio Público acusó a los cuatro sujetos por delitos de Crimen Organizado en perjuicio del Estado de Nicaragua.
Dos de los cuatro acusados, Cruz Baltodano y Contreras Lampín, fueron señalados de ser coautores de los delitos de asesinato agravado, robo con violencia o intimidación con circunstancias agravantes y portación o tenencia ilegal de armas de fuego o municiones.
Los otros dos están prófugos y han sido circulados por Interpol por la sospecha de huir hacia Costa Rica.
La Policía, hasta el momento, sostiene lo de «rencillas personales» como móvil, aunque ya reconoció públicamente que investiga posibles vínculos del narcotráfico en el crimen y sospecha que el negocio de prestamista pudo funcionar como fachada.


Huellas del narco
La Policía ocupó los teléfonos de ambas víctimas y de sus victimarios. Las cuentas de redes sociales de Franklin y Yeimi, antes activas y públicas, hoy aparecen con perfiles restringidos, señal de que fueron intervenidas como parte de la causa.
Sus conversaciones de WhatsApp también fueron incautadas, así como los vehículos que estaban a su nombre y otros documentos de la víctima.
Los investigadores han puesto además la mirada sobre varias propiedades y locales comerciales vinculados a Franklin, negocios que, a criterio preliminar de quienes llevan el caso, podrían haber operado como fachadas de lavado de dinero.
Se trata de líneas de investigación abiertas en el juicio que llevará en Managua la jueza sandinista Karen Vanessa Chavarría Morales, quien admitió la causa, pero según fuentes de la Fiscalía, cada hallazgo empuja el expediente en la misma dirección: la sospecha de la mano narco en el crimen.
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