Elsa Alvarado es estratega política y experta en comunicaciones. Durante la administración de Joe Biden, fue directora de Comunicaciones Estratégicas de la Oficina del Subsecretario de Defensa para Asuntos Legislativos. LA PRENSA/ CORTESÍA

Elsa Alvarado es estratega política y experta en comunicaciones. Durante la administración de Joe Biden, fue directora de Comunicaciones Estratégicas de la Oficina del Subsecretario de Defensa para Asuntos Legislativos. LA PRENSA/ CORTESÍA

La joven estratega de raíces nicaragüenses que busca llegar al Congreso de EE. UU.

Elsa Alvarado, hija de migrantes y exdirectora de una oficina del Pentágono, asesora candidatos y aspira al Congreso, “tal vez” al Senado. ¿La Presidencia? “Nunca diría que no”, afirma.

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Cuando una oficial de Recursos Humanos del Pentágono llevó a Elsa Alvarado a una habitación y le dijo que esa era su oficina, ella pensó que se trataba de un error porque había una ventana y “solo la gente de primer nivel” tiene una ventana en su oficina en el Pentágono. Llegó a pensar que la estaban confundiendo con otra persona que también se llamaba Elsa Alvarado.

Corría el año 2021 y Elsa Alvarado, una neoyorquina de padres nicaragüenses, tenía solo 24 años cuando le comunicaron que iba a ser directora de comunicaciones estratégicas en la Oficina del Subsecretario de Defensa. Se lo dijeron hasta que le asignaron la oficina.

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Alvarado se tranquilizó hasta que habló con su jefe, el secretario asistente del Secretario de Defensa, quien le explicó que le habían dado el cargo porque ella estudió en China y se había convertido en experta en las relaciones entre Estados Unidos y China. También porque habla cuatro idiomas: inglés, español, francés y chino.

Con sus padres. LA PRENSA/ CORTESÍA
Con sus padres. LA PRENSA/ CORTESÍA

Pero, especialmente porque tenían la confianza de que ella, a pesar de su edad, y que iba a trabajar con personas 15 años mayor que ella, sabría manejar “un equipo de varios niveles”. “Me ayudó mucho recibir esas palabras de alguien que era mi jefe. Me sentí inspirada”, cuenta ahora Alvarado.

El Partido Demócrata, que había llevado a la presidencia a Joe Biden, perdió las elecciones presidenciales de 2024, por lo que Elsa Alvarado no trabaja más en el Pentágono.

Como vicepresidenta Senior de Slingshot Strategies, una firma de consultoría política, está dedicada ahora a asesorar a candidatos demócratas que se están preparando para las elecciones de mitad de mandato, que se celebrarán en noviembre próximo, y en las que se redefinirá la composición del Congreso estadounidense.

Alvarado señala que por ahora desea adquirir más experiencia en el mundo de la política estadounidense, aprender de los candidatos con los cuales está trabajando actualmente, pero el sueño que tiene es algún día postularse para ser representante de su natal Nueva York en el Congreso.
“Nueva York es un lugar tan complicado y tan bonito y con una población de tantos inmigrantes. Creo que sería bonito, como hija de inmigrantes, representar a la comunidad de Nueva York. Yo creo que sería primero ser congresista y después tal vez ser senadora. Aspirar a la presidencia (de Estados Unidos) lo he pensado, pero creo que se puede hacer mucho trabajando para un estado y pasando leyes que pueden beneficiar a las comunidades en las que yo crecí. Pero nunca diría que no. Me ha gustado mucho trabajar en las campañas, entonces, estoy segura de que voy a continuar ese trabajo”, dice Alvarado.

Apasionada por la política

Elsa Alvarado creció escuchando hablar a sus familiares de política. De niña, les oía hablar de la política en Nueva York, en Nicaragua y en Estados Unidos.

“Tengo una familia con opiniones muy fuertes. Todos en mi familia tenían distintos puntos de vista sobre el espectro político. Lo que siempre me gustó es que nadie tenía miedo de decir lo que pensaba. Podíamos estar completamente en desacuerdo, pero la conversación siempre seguía. Eso me enseñó desde muy joven que la política no tenía que ser algo tan distante. Era algo de lo que se hablaba en la casa y en la mesa”, comenta la joven.

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Los padres de Alvarado, Edgardo Martín Alvarado y María de los Ángeles Bermúdez, hoy Alvarado, ya se sienten satisfechos con lo que su hija mayor ha logrado.

“Elsa tiene un carácter fuerte. A mí me dicen que yo soy boss (jefa), mandona. Pues ella es igual. Ella es muy determinada. Siempre fue muy independiente. Lo que se propone lo consigue. Todos sus estudios siempre han sido de mucho…, hemos ido a tantas cosas con ella, de tantas premiaciones que ya ni sé de tantas cosas que ha recibido. Gracias a Dios, salió bien estudiosa, bien inteligente y bien dedicada a lo que le gusta”, comenta María sobre su hija.

En una visita a la familia en Nicaragua. Elsa Alvarado aparece sentada, tercera de derecha a izquierda. LA PRENSA/ CORTESÍA
En una visita a la familia en Nicaragua. Elsa Alvarado aparece sentada, tercera de derecha a izquierda. LA PRENSA/ CORTESÍA

Los dos padres de Elsa Alvarado son de Managua. María creció en la colonia Máximo Jerez y Edgardo en Bello Horizonte. Se conocieron en 1992, cuando María estaba con una beca de estudiante en Nueva York y Edgardo llegó a esa ciudad procedente de España.

En los primeros años de la década de 1980, Edgardo fue sacado de Nicaragua por su padre, quien temía que los sandinistas lo reclutaran para el servicio militar obligatorio. En España estuvo 10 años y estudió para abogado en Málaga, pero no terminó la carrera porque su padre lo pidió en Estados Unidos como residente que era.

En Managua, María se graduó como administradora de empresas en la UCA y trabajó como contadora en la línea aérea Aeronica, pero, cuando la empresa desapareció, una tía se llevó a estudiar inglés en Nueva York. La idea de María era aprender inglés y regresar a Nicaragua para tener mejores oportunidades de empleo. Sin embargo, ya no regresó al país porque se encontró con Edgardo.

Se casaron en 1994 y a los dos años nació Elsa. En 2003 les nació su segunda hija, Roxana.

De paseo en el volcán Masaya. LA PRENSA/ CORTESÍA
De paseo en el volcán Masaya. LA PRENSA/ CORTESÍA

Como María y Edgardo trabajaban, Elsa creció bajo los cuidados de su abuela materna, quien se trasladó a Estados Unidos para cuidar de la niña. Elsa tuvo a sus cuatro abuelos viviendo en Nueva York.

La abuela materna le compraba libros en español a Elsa, idioma que tuvo que perfeccionar porque también visitaba Nicaragua en las vacaciones escolares y debía hablar con los primos.

“Mi hermana y yo cumplimos años en julio, yo el 26 y ella el 17. Siempre hacíamos una fiesta muy grande. Invitábamos a toda la familia y lo interesante para mí es que en Estados Unidos una fiesta típicamente son unas dos o tres horas en la casa de alguien, pero en Nicaragua es todo el día. Me acuerdo que la gente llegaba a las 8:00 de la mañana para el desayuno, después el almuerzo, después la cena y era algo de todo el día. Y teníamos las piñatas, llegaban a tocar marimba. Cada cumpleaños que teníamos era muy lindo. Me encantaba que siempre íbamos a La Boquita y andábamos en caballo, comíamos pescado fresco con tostones”, recuerda Elsa Alvarado de sus estadías en Nicaragua.

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Uno de los recuerdos más bellos que Elsa tiene de Nicaragua ocurrió durante un viaje a Ometepe. Regresaban en el camión de su abuelo y ella iba en la parte trasera, junto a sus primos. Al mirar hacia arriba vio el cielo lleno de estrellas. Dice que nunca ha vuelto a ver un cielo como aquel, despejado, propicio para ver las estrellas en todo su esplendor.

Escenarios adversos

En la escuela en Nueva York, Elsa Alvarado siempre estudió con hijos de otros inmigrantes.

“Tenía amigos chinos, musulmanes, de África, de Latinoamérica, de todo. Para mí era bonito aprender de varias culturas y no sentirme tan diferente porque la primera pregunta que se preguntaba en Nueva York era de dónde son tus padres, porque todos éramos niños inmigrantes”, indica Alvarado.

El problema llegó cuando tuvo que asistir a una universidad en el Estado de Vermont, en la Universidad de Midleburry, que era muy pequeña y la mayoría de los estudiantes procedían de familias adineradas y todos habían estudiado siempre en escuelas privadas, mientras que Alvarado llegaba de escuelas públicas.

“La primera semana que estuve en la universidad, vi la diferencia de las dos experiencias que teníamos. En mi clase todos mis amigos tenían las nuevas laptops de Apple, Macbooks, y yo llegué con una laptop grande que sonaba como que un avión iba a despegar y se miraba las diferencias de todo. Otra cosa que noté era que los estudiantes que fueron a escuelas privadas sabían mucho más de historia, de literatura, y yo tenía que aprender a un nivel más rápido para poder estar a su nivel. Los primeros meses en la universidad fueron difíciles, y también era la primera vez que estaba viviendo lejos de mis padres. Pero después me adapté”, cuenta Alvarado.

En la graduación tras acabar los estudios universitarios. LA PRENSA/ CORTESÍA
En la graduación tras acabar los estudios universitarios. LA PRENSA/ CORTESÍA

Más tarde, cuando llegó a trabajar al Pentágono, se sintió igual que cuando entró a la universidad, pero ya tenía la experiencia sobre cómo enfrentar una situación en la que se sentía diferente, pues en las reuniones del Pentágono era la directora más joven, la única latina y una de las pocas mujeres. “Con el apoyo de la familia pude salir adelante, pero sí, fue difícil”, comenta.

Elsa Alvarado también estudió en París y posteriormente obtuvo una beca para estudiar en China. La experiencia que tuvo en Francia le despertó el interés por desenvolverse en ambientes donde tenía que aprender y adaptarse a otras culturas.

Además, entre 2017 y 2018, mientras estudiaba la universidad, Elsa Alvarado laboró como traductora de discursos de la entonces embajadora de Estados Unidos en Nicaragua, Laura Dogu.

“Me reunía con el equipo de ella por teléfono y por internet”, recuerda Alvarado.

De China al Pentágono

Tras terminar la universidad, Elsa Alvarado consiguió un primer empleo en un bufete de abogados, pero duró apenas unas semanas antes de concluir que aquel trabajo no era para ella. Entonces apareció la oportunidad de estudiar en China.

Elsa Alvarado vivió en Beijing y realizó una maestría cuya tesis se concentró en las relaciones entre Estados Unidos y China, particularmente en las decisiones económicas tomadas entre ambos países y en cómo estas habían fortalecido o afectado su relación.

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Al regresar a Estados Unidos, buscó trabajo en agencias especializadas en relaciones exteriores, pero, debido a la pandemia del covid-19, se le hizo imposible.

En el malecón de Managua, con la familia. Elsa Alvarado es la tercera, de derecha a izquierda. LA PRENSA/ CORTESÍA
En el malecón de Managua, con la familia. Elsa Alvarado es la tercera, de derecha a izquierda. LA PRENSA/ CORTESÍA

Decidió entonces solicitar todos los puestos disponibles en la campaña presidencial de Joe Biden. No le importaba demasiado cuál fuera el cargo y, cuando la contrataron, la pusieron a investigar los antecedentes de las personas que participarían en eventos en los que estuvieran presentes el candidato Biden o su esposa, Jill Biden. La idea era verificar que esas personas no tuvieran antecedentes o escándalos que pudieran afectar la campaña.

Era un trabajo nuevo para ella, pero la campaña le permitió descubrir que podía trabajar en política. No le molestaba trabajar hasta la medianoche ni dedicar todos los días a la campaña porque sentía que la misión era importante.

Cuando Biden ganó las elecciones, la nombraron directora en una de las oficinas del Pentágono.

Con la experiencia que tiene ahora, Elsa Alvarado dice que Estados Unidos debe invertir más en Latinoamérica, porque China sí lo está haciendo.

“Ellos (China) quieren asumir más control y más poder sobre los países en Latinoamérica. Se ve que están invirtiendo mucho dinero en la economía de varios países. Estados Unidos no quiere eso, pero, al mismo tiempo, creo que los Estados Unidos ha priorizado las relaciones con Europa y con Asia mucho más que las relaciones con Latinoamérica. Es un momento en que los Estados Unidos tiene que estar presente en Latinoamérica. Tiene que invertir, tiene que crear oportunidades, apoyar la educación, construir relaciones que sean importantes para la gente de Latinoamérica y si los Estados Unidos no hace eso, es probable que China va a querer tener esa influencia. Es un problema muy grande para Estados Unidos si no estamos más presentes”, reflexiona Alvarado.

Con su esposo, Hunter Stoll. Él aprendió español sin que ella lo supiera y después la sorprendió. LA PRENSA/ TOMADA DE THE NEW YORK TIMES
Con su esposo, Hunter Stoll. Él aprendió español sin que ella lo supiera y después la sorprendió. LA PRENSA/ TOMADA DE THE NEW YORK TIMES

Sobre Nicaragua, Alvarado se limita a decir que para ella una democracia significa que la gente tiene el derecho de decidir quién quiere que los gobierne a través de elecciones libres y justas.

“Parte de vivir una democracia también es entender que el partido que nos gusta no siempre va a ganar. He vivido aquí en Estados Unidos. Donald Trump ha ganado la presidencia dos veces y no es el resultado que yo quería, pero eso no cambia mi creencia en la democracia.

Y para mí la democracia también es aceptar que otros partidos deben de tener derecho a tomar una decisión y el poder, incluso cuando no es la decisión que yo hubiera tomado… Para mí una democracia tiene que ser saludable y no debe depender indefinidamente de una sola persona y desafortunadamente eso es lo que veo en Nicaragua”, indica Alvarado.

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