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Adolfo Díaz conspiró de forma constante e impulsado por su ambición de poder. Nació el 15 de julio de 1875 en Esparza, Costa Rica, en aquel momento provincia de Alajuela. Sus padres fueron el general nicaragüense José del Carmen Díaz Reñazco —exiliado en suelo costarricense tras luchar en la Guerra Nacional— y la costarricense Francisca Recinos.
Vivió entre Costa Rica, Nicaragua y Estados Unidos. Antes de entrar en la política, trabajó como secretario de la empresa minera estadounidense La Luz y Los Ángeles Mining Company, dedicada a la explotación de oro en Siuna. Este cargo le permitió entablar vínculos con empresarios, banqueros y diplomáticos estadounidenses que resultaron decisivos en su carrera política.
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Entró en la política nicaragüense en 1909, durante la revolución conservadora que derrocó al régimen liberal de José Santos Zelaya. Díaz respaldó al general Juan José Estrada, quien asumió la Presidencia en 1910 y lo nombró vicepresidente. Tras la renuncia de Estrada en mayo de 1911, Díaz asumió la Jefatura del Estado y gobernó hasta enero de 1917.
Su primer mandato se caracterizó por la cercanía con Estados Unidos. Ante la profunda crisis económica y política de Nicaragua, Díaz solicitó apoyo financiero a Washington. De este modo, su administración reorganizó las finanzas nacionales bajo una creciente presencia estadounidense en la economía y la política del país.
En 1912, la rebelión del general Luis Mena amenazó al gobierno. En el conflicto participó también el general liberal Benjamín Zeledón, quien ofreció resistencia en Masaya, El Coyotepe y La Barranca. Frente a esta crisis, Díaz solicitó el apoyo militar de Estados Unidos. Tras desembarcar en Nicaragua, los marines combatieron junto a las tropas conservadoras hasta derrotar a los rebeldes.
Durante aquel primer gobierno ocurrió una transformación económica clave: la creación del córdoba como moneda nacional en 1912. Su administración impulsó además el proceso del Tratado Bryan-Chamorro de 1914, mediante el cual Nicaragua concedió a Estados Unidos los derechos exclusivos para construir un eventual canal interoceánico en su territorio.
Díaz dejó la Presidencia en 1917, pero permaneció activo en la política.
Regresó al poder el 14 de noviembre de 1926, durante la crisis desencadenada por el golpe de Emiliano Chamorro y la posterior Guerra Constitucionalista. Bajo el mando militar de José María Moncada, los liberales se enfrentaron a la administración de Díaz, que de nuevo contó con el respaldo de los marines estadounidenses.
En mayo de 1927, la contienda concluyó con el Pacto del Espino Negro, negociado por Moncada y el enviado estadounidense Henry L. Stimson. Díaz permaneció en el poder hasta las elecciones de 1928, en las que se impuso el propio Moncada.
Sin embargo, el acuerdo desencadenó un giro imprevisto: Augusto C. Sandino rehusó entregar las armas y continuó la lucha contra la ocupación estadounidense.
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Díaz no solo gobernó Nicaragua en dos ocasiones, sino que articuló la serie de hechos que enlazó la caída de Zelaya, la intervención estadounidense, la muerte de Zeledón, la Guerra Constitucionalista y el inicio de la gesta de Sandino. Ese proceso desembocó años más tarde en la consolidación de la Guardia Nacional y el ascenso de Anastasio Somoza García.
Murió en San José, Costa Rica, el 29 de enero de 1964, a los 88 años. Su nombre representa un periodo en el que Nicaragua buscaba reconstruirse en medio de la creciente injerencia de Washington sobre su soberanía.



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