Soldados de la EEBI saltan de camiones Pegaso 3050, REO M35 y de unos jeeps Ebros el 17 de septiembre de 1978 en Estelí. La dotación que llevan son cascos OR201, fusiles Galil, árnes Efod M77 y radio PR77 de origen Israelí. LA PRENSA / JOHN GIANNINI

Soldados de la EEBI saltan de camiones Pegaso 3050, REO M35 y de unos jeeps Ebros el 17 de septiembre de 1978 en Estelí. La dotación que llevan son cascos OR201, fusiles Galil, árnes Efod M77 y radio PR77 de origen Israelí. LA PRENSA / JOHN GIANNINI

El arsenal de la Guardia Nacional: del diseño de EE. UU. al colapso de 1979

Entre 1927 y 1979, la Guardia Nacional pasó de los fusiles estadounidenses de la época de los marines a la tecnología de asalto israelí. El inventario que sostendría a la dinastía somocista terminó colapsando por la obsolescencia y el desabastecimiento en la víspera del triunfo sandinista.

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En 1926 Nicaragua sufría una guerra civil entre liberales y conservadores, conocida como la Guerra Constitucionalista. Estados Unidos intervino militarmente para proteger sus intereses y forzar un acuerdo de paz.

Ese acuerdo fue el Pacto del Espino Negro. El tratado puso fin a la guerra mediante elecciones y la creación de un ejército entrenado, supervisado y abastecido por Washington. Así nació la Guardia Nacional el 12 de mayo de 1927, bajo la tutela directa de los marines.

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La Guardia Nacional se convirtió en el brazo armado de la dictadura somocista. Durante sus 52 años de existencia, su inventario evolucionó desde el equipo estadounidense de la Primera y Segunda Guerra Mundial hasta la incorporación masiva de armamento moderno. En la década de 1970, Israel y otros países suministraron este material.

Al inicio de la Guardia Nacional, el armamento ligero de infantería consistía en fusiles y carabinas. El Krag-Jørgensen M1896/98, un fusil de cerrojo, se convirtió en la primer arma reglamentaria en la década de 1920. Más tarde, entre los años 1940 y 1950, la institución introdujo el fusil semiautomático M1 Garand, que se mantuvo activo hasta 1979.

Durante las décadas de 1960 y 1970, la institución incorporó fusiles de asalto como el M16A1 estadounidense y el FN FAL / ROMAT belga. A mediados de 1970 llegó el IMI Galil israelí, que se convirtió en el arma insignia de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), integrada por unidades de élite de la Guardia Nacional.

Como cuerpo de élite, la EEBI también empleaba subfusiles como el Thompson, el M3 «Grease Gun» y el IMI Uzi. Este último estaba asignado a tripulaciones de blindados, comandos de la EEBI y unidades antiterroristas (Becat).

En el renglón de armas cortas figuraban la pistola Colt M1911A1 y los revólveres Smith & Wesson (modelos 10 y 15) y Colt Cobra .38 especial. El inventario de escopetas calibre 12 incluía los modelos Ithaca 37 y Remington 870, además de fusiles de precisión Remington modelo 700.

En ametralladoras ligeras y de escuadra, disponían del fusil automático Browning (BAR) M1918A2 y de la FN MAG 58. En la categoría de alto calibre destacaban la Browning M1919A4 / M1919A6 y la Browning M2HB (calibre .50 BMG / 12.7×99 mm), esta última montada en trípodes, camiones y vehículos blindados.

En cuanto a explosivos, granadas y armas antitanque portátiles, la Guardia Nacional contaba con el lanzagranadas individual M79 «Blooper» (40 mm) y el lanzacohetes desechable M72 LAW (66 mm). El repertorio de granadas defensivas y de fragmentación incluía los modelos Mark 2 «Pineapple», M59, M61 y M67, además de las fumígenas de fósforo blanco M34 y las minas antipersona M18A1 Claymore.

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La Guardia Nacional también contaba con artillería, apoyo pesado, blindados, vehículos terrestres y componentes aéreo y naval. Sin embargo, al final de sus días, la mayor parte de su equipo estaba obsoleto o fuera de servicio.

La escasez de personal calificado, sumada a la falta de municiones y pertrechos, impidió sostener la resistencia frente a la ofensiva de los guerrilleros sandinistas, quienes los derrotaron y asumieron el poder el 19 de julio de 1979.

Soldados del Primer Batallón Blindado (BPP) sostienen sus fusiles Galil durante un combate contra guerrilleros sandinistas. La acción transcurre en la ciudad de Masaya, el 7 de junio de 1979. Todo el pertrecho que utilizan es de origen israelí. LA PRENSA / MATTHEW NAYTHONS
Soldados del Primer Batallón Blindado (BPP) sostienen sus fusiles Galil durante un combate contra guerrilleros sandinistas. La acción transcurre en la ciudad de Masaya, el 7 de junio de 1979. Todo el pertrecho que utilizan es de origen israelí. LA PRENSA / MATTHEW NAYTHONS
Cadetes de la Guardia Nacional llevan al hombro fusiles Krag-Jørgensen M1896/98 de origen noruego. Este armamento, utilizado por el ejército de los Estados Unidos, se convirtió en el arma reglamentaria de la GN en sus inicios. LA PRENSA / ARCHIVO NOVEDADES
Cadetes de la Guardia Nacional llevan al hombro fusiles Krag-Jørgensen M1896/98 de origen noruego. Este armamento, utilizado por el ejército de los Estados Unidos, se convirtió en el arma reglamentaria de la GN en sus inicios. LA PRENSA / ARCHIVO NOVEDADES
Vehículos blindados Chevrolet T17E1 Staghound, procedentes de Israel, desfilan en Managua en 1957. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Vehículos blindados Chevrolet T17E1 Staghound, procedentes de Israel, desfilan en Managua en 1957. LA PRENSA / ARCHIVO REDES

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Mujeres cadetes de la GN se entrenan en las instalaciones de la EEBI. Visten uniformes y fusiles Garand M1, sambrones, arneses, cananas y cantimploras de fabricación estadounidense. LA PRENSA / GYSEMBERGH BENOIT
Mujeres cadetes de la GN se entrenan en las instalaciones de la EEBI. Visten uniformes y fusiles Garand M1, sambrones, arneses, cananas y cantimploras de fabricación estadounidense. LA PRENSA / GYSEMBERGH BENOIT
Soldados de la Guardia Nacional ejecutan una “operación limpieza” en la ciudad de Masaya, el 7 de julio de 1979. LA PRENSA / BILL GENTILE
Soldados de la Guardia Nacional ejecutan una “operación limpieza” en la ciudad de Masaya, el 7 de julio de 1979. LA PRENSA / BILL GENTILE
Guardias nacionales patrullan a bordo de jeeps modelo Ebro CJ-3B, procedentes de España. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Guardias nacionales patrullan a bordo de jeeps modelo Ebro CJ-3B, procedentes de España. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
"Los Gansos Salvajes" era una fuerza de élite de la EEBI, especializada en paracaidismo y operaciones tácticas de combate. Sus tropas utilizaban pertrechos de origen israelí. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
«Los Gansos Salvajes» era una fuerza de élite de la EEBI, especializada en paracaidismo y operaciones tácticas de combate. Sus tropas utilizaban pertrechos de origen israelí. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Un niño soldado de la Guardia Nacional, con el rostro mojado por la lluvia, porta un fusil M-16 de origen estadounidense y un casco israelí OR-201. La imagen corresponde a los últimos días de la guerra, en julio de 1979. LA PRENSA / MATTHEW NAYTHONS
Un niño soldado de la Guardia Nacional, con el rostro mojado por la lluvia, porta un fusil M-16 de origen estadounidense y un casco israelí OR-201. La imagen corresponde a los últimos días de la guerra, en julio de 1979. LA PRENSA / MATTHEW NAYTHONS
Soldados de la EEBI disparan sus fusiles Galil en el polígono de tiro. Otros efectivos observan desde una "Chata", un carro de mando modelo AIL M325 de origen israelí. Estos vehículos contaban con una ametralladora M2, conocida popularmente como M50 por su calibre. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Soldados de la EEBI disparan sus fusiles Galil en el polígono de tiro. Otros efectivos observan desde una «chata», un carro de mando modelo AIL M325 de origen israelí. Estos vehículos contaban con una ametralladora M2, conocida popularmente como M50 por su calibre. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Un helicóptero Sikorsky de la Fuerza Aérea Nicaragüense (FAN) sobrevuela Managua durante la ofensiva final, en junio de 1979. La FAN solo contaba con seis de estas unidades de origen estadounidense. LA PRENSA / GYSEMBERGH BENOIT
Un helicóptero Sikorsky de la Fuerza Aérea Nicaragüense (FAN) sobrevuela Managua durante la ofensiva final, en junio de 1979. La FAN solo contaba con seis de estas unidades de origen estadounidense. LA PRENSA / GYSEMBERGH BENOIT
Soldados de la EEBI patrullan la zona de El Naranjo, cerca de la frontera con Peñas Blancas. Portan fusiles M-16, arneses, cananas y uniformes de fatiga tipo tiger stripes, todos de origen estadounidense. LA PRENSA / GYSEMBERGH BENOIT
Soldados de la EEBI patrullan la zona de El Naranjo, cerca de la frontera con Peñas Blancas. Portan fusiles M-16, arneses, cananas y uniformes de fatiga tipo tiger stripes, todos de origen estadounidense. LA PRENSA / GYSEMBERGH BENOIT
Soldados de la EEBI visiblemente fatigados descansan en el frente sur en junio de 1979. La GN usaba botas militares y uniformes verde olivo de producción nacional. LA PRENSA / GYSEMBERGH BENOIT
Soldados de la EEBI visiblemente fatigados descansan en el frente sur en junio de 1979. La GN usaba botas militares y uniformes verdeolivo de producción nacional. LA PRENSA / GYSEMBERGH BENOIT
Un lanzacohetes múltiple Yarará de 42 tubos de 70 mm opera en el frente sur, en junio de 1979. Esta pieza de artillería venía montada en camiones ligeros Chevrolet C-10. El gobierno de Anastasio Somoza adquirió una batería de ocho unidades enviadas por Argentina en junio de 1978. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Un lanzacohetes múltiple Yarará de 42 tubos de 70 mm opera en el frente sur, en junio de 1979. Esta pieza de artillería venía montada en camiones ligeros Chevrolet C-10. El gobierno de Anastasio Somoza adquirió una batería de ocho unidades enviadas por Argentina en junio de 1978. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Un soldado de la Guardia Nacional se coloca una banda de tiros mientras otro observa atento sosteniendo una ametralladora FN MAG58 de fabricación Belga en un retén militar, en julio de 1979. LA PRENSA / MATTHEW NAYTHONS
Un soldado de la Guardia Nacional se coloca una banda de tiros, mientras otro observa atento sosteniendo una ametralladora FN MAG58 de fabricación Belga en un retén militar, en julio de 1979. LA PRENSA / MATTHEW NAYTHONS.
Soldados de la Guardia Nacional portan fusiles M-16 en un retén militar ubicado en la carretera Norte, Managua. LA PRENSA / VIDEO AP
Soldados de la Guardia Nacional portan fusiles M-16 en un retén militar ubicado en la Carretera Norte, Managua. LA PRENSA / VIDEO AP
Un soldado de la EEBI abre fuego con un fusil M-16. A su lado, otro efectivo observa desde un vehículo de combate Mercedes-Benz Unimog 404 de origen Alemán, equipado con una ametralladora M3 calibre .50. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Un soldado de la EEBI abre fuego con un fusil M-16. A su lado, otro efectivo observa desde un vehículo de combate Mercedes-Benz Unimog 404 de origen alemán, equipado con una ametralladora M3 calibre 50. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Tres soldados de la Guardia Nacional patrullan a pie una calle de Estelí en septiembre de 1978 en busca de guerrilleros sandinistas. Llevan chalecos antibalas, cascos israelíes OR-201 y casco M1 con fusiles Garand, estos últimos de origen estadounidense. LA PRENSA / KOEN WESSING
Tres soldados de la Guardia Nacional patrullan a pie una calle de Estelí en septiembre de 1978 en busca de guerrilleros sandinistas. Llevan chalecos antibala, cascos israelíes OR-201 y cascos M1 con fusiles Garand, estos últimos de origen estadounidense. LA PRENSA / KOEN WESSING
El 19 de julio de 1979 la guerra llegó a su fin. En los hangares de la FAN se aprecian un tanque Sherman M4A3 HVSS con cañón obús de 105 mm, un carro blindado Chevrolet M6 T17E1 Staghound y un camión ligero Unimog 404 de origen alemán. En primer plano yacen cascos israelíes y estadounidenses, chalecos antibalas y botas Chontal. LA PRENSA / ARCHIVO RED
El 19 de julio de 1979 la guerra llegó a su fin. En los hangares de la FAN se aprecian un tanque Sherman M4A3 HVSS con cañón obús de 105 mm, un carro blindado Chevrolet M6 T17E1 Staghound y un camión ligero Unimog 404 de origen alemán. En primer plano yacen cascos israelíes y estadounidenses, chalecos antibalas y botas Chontal. LA PRENSA / ARCHIVO RED

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COMENTARIOS

  1. Hace 3 semanas

    EL ARSENAL DE LA GUARDIA NACIONAL Y LAS PARADOJAS DE NUESTRA HISTORIA

    Este fotorreportaje de La Prensa constituye un valioso documento histórico. No solamente muestra las armas que utilizó la Guardia Nacional, sino también la evolución de una institución militar creada y abastecida inicialmente por Estados Unidos, que posteriormente incorporó equipos belgas, alemanes e israelíes.

    De este material podemos extraer cuatro reflexiones.

    Primero, la calidad del armamento y la importancia de la logística.

    Durante la Guerra Fría existían dos grandes mercados de material bélico: el occidental y el soviético. Por un lado estaban las armas estadounidenses, belgas, alemanas e israelíes; por el otro, las soviéticas, rusas y checoslovacas.

    En términos generales, el equipo occidental era más caro, pero también solía ofrecer mejores acabados, ergonomía y precisión. El equipo soviético, en cambio, privilegiaba la sencillez, la producción masiva, el bajo costo y la resistencia bajo condiciones extremas.

    El AK es un excelente fusil. Su prestigio no es gratuito. Su robustez y facilidad de mantenimiento lo hicieron especialmente apropiado para países subdesarrollados o ejércitos con una infraestructura logística limitada. Sin embargo, a distancias largas no posee la misma precisión que un M16. Alrededor de los 400 metros, la dispersión del AK se hace más evidente, mientras que el M16 mantiene una trayectoria más plana y una mejor precisión.

    No obstante, una cosa son las especificaciones de fábrica y otra muy distinta el combate real. A 400 metros, con cansancio, adrenalina, poca visibilidad y un blanco en movimiento, acertarle a una persona resulta difícil con cualquier fusil.

    Lo digo también desde mi experiencia en el servicio militar. Después de permanecer disparando durante un tiempo prolongado, rodeado de otros compañeros haciendo fuego, los gases, el humo, el calor, el ruido y el esfuerzo físico comienzan a afectar al combatiente. En mi caso llegué a sentir mareo y cierta desorientación, como si por momentos perdiera la noción del espacio. Las armas no son simples objetos de catálogo: también desgastan física y mentalmente a quien las utiliza.

    Segundo, poseer buenas armas no garantiza ganar una guerra.

    La Guardia Nacional tuvo fusiles Garand, M16, FN FAL y Galil; subfusiles Thompson, Grease Gun y Uzi; ametralladoras Browning y FN MAG; lanzagranadas M79, cohetes antitanque, blindados y artillería. Buena parte de ese material era de excelente calidad.

    Sin embargo, un arma sin municiones, repuestos, mantenimiento ni personal capacitado termina siendo poco más que un pedazo de hierro. Además, mantener simultáneamente equipos de distintas procedencias, calibres y épocas complicaba enormemente el abastecimiento.

    El propio reportaje señala que, al final de la guerra, gran parte del equipo pesado estaba obsoleto o fuera de servicio. La Guardia también sufría escasez de municiones, pertrechos y personal calificado. Su derrota no se explica por la calidad individual de sus armas, sino por el colapso completo de su sistema logístico, político y militar.

    Tercero, la gran paradoja de la política estadounidense.

    La Guardia Nacional tuvo luces y sombras, como toda institución formada por seres humanos. No todos sus miembros fueron criminales ni todos actuaron de la misma manera. Pero tampoco puede presentarse como una institución inocente. Fue el brazo armado de una dictadura y cometió asesinatos, ejecuciones sumarias y atrocidades contra la población civil.

    El ejemplo que quedó grabado ante las cámaras fue la ejecución del periodista estadounidense Bill Stewart, el 20 de junio de 1979. Un guardia lo obligó a arrodillarse, después a tenderse boca abajo y finalmente lo asesinó. También fue ejecutado su intérprete nicaragüense, Juan Francisco Espinoza. Aquello no originó por sí solo la política de Jimmy Carter, que ya venía desarrollándose, pero confirmó ante el mundo la brutalidad que se denunciaba.

    Los derechos humanos habían sido uno de los pilares de la política exterior de Carter. Y cuando hablamos de Carter no hablamos simplemente de un hombre particular, sino del presidente de Estados Unidos y, por tanto, de una decisión oficial del Estado norteamericano.

    Washington cortó la ayuda militar a Somoza, presionó a sus proveedores y cerró las vías de abastecimiento de la Guardia. En plena insurrección de 1979, la Marina estadounidense interceptó el barco que transportaba desde Israel armas y municiones destinadas a Nicaragua, con escala prevista en Guatemala, y lo obligó a regresar. Aquello fue un golpe mortal para una Guardia que ya estaba quedándose sin parque.

    Aquí aparece una verdad incómoda para la cacareada narrativa según la cual el “imperialismo norteamericano” ha sido el causante exclusivo de todos los males de Nicaragua. Estados Unidos sostuvo durante décadas a la dinastía somocista, eso es indiscutible; pero también es cierto que, bajo Carter, le retiró el apoyo, la aisló diplomáticamente y contribuyó decisivamente a su caída.

    Estados Unidos no hizo la Revolución. La hicieron los nicaragüenses que combatieron, se insurreccionaron y se opusieron a la dictadura. Pero tampoco puede borrarse que la retirada del respaldo estadounidense fue uno de los factores decisivos que hicieron posible el triunfo de 1979.

    Si Carter hubiera abastecido a Somoza con la misma determinación con que Ronald Reagan apoyó posteriormente al gobierno salvadoreño contra su guerrilla, probablemente el desenlace nicaragüense habría sido distinto, o al menos muchísimo más prolongado y sangriento.

    Cuarto, la OEA y el intervencionismo de conveniencia.

    En junio de 1979, la Organización de Estados Americanos pidió la sustitución inmediata y definitiva del régimen somocista y la instalación de un gobierno democrático. Esa resolución contribuyó al aislamiento final de Somoza, quien terminó invocando la decisión de la OEA en su propia carta de renuncia.

    La Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional también se apoyó en aquella resolución y la consideró histórica. En ese momento, para el sandinismo, la OEA no representaba una intromisión imperialista, sino un instrumento legítimo de solidaridad continental.

    Hoy, cuando la misma OEA condena las violaciones de derechos humanos y la destrucción de la democracia bajo Daniel Ortega, el orteguismo denuncia “injerencismo” e “intervencionismo”.

    La soberanía, entonces, deja de ser un principio y se convierte en una palabra de conveniencia: la intervención internacional es legítima cuando ayuda a derribar al adversario, pero se vuelve imperialista cuando cuestiona al poder propio.

    Algo parecido ocurre con las etiquetas ideológicas. Llamar “comunistas” a Daniel Ortega o a Evo Morales, con las diferencias evidentes entre ambos, termina siendo muchas veces un simple mantra.

    El marxismo pretendió ser un sistema de pensamiento científico. Podía estar equivocado en sus conclusiones, pero poseía una estructura intelectual que venía de Hegel, Feuerbach, Engels y Marx. Comprenderlo exigía estudio, análisis y una verdadera formación teórica.

    No puedo afirmar cuánto han leído Ortega, Evo Morales u otros caudillos latinoamericanos, pero tampoco hace falta. Lo que sí podemos juzgar son sus actos. Y sus actos demuestran que, por encima de cualquier doctrina, se encuentra su deseo de permanecer en el poder.

    Cuando les conviene son católicos; cuando no, revolucionarios ateos. Pueden abrazar el discurso evangélico, socialista, indigenista, antiimperialista o cualquier otro que resulte útil. Bailan cualquier son mientras la música los mantenga gobernando y dejan de bailarlo cuando ya no les sirve.

    Su verdadera ideología no es el comunismo, el socialismo ni el cristianismo. Su verdadera ideología es el poder. Más que ideólogos, son adictos al poder.

    Esa es la gran enseñanza que deja este fotorreportaje: las armas occidentales de buena calidad no pudieron salvar a una dictadura que había perdido su legitimidad, su abastecimiento y su respaldo internacional. Estados Unidos, que había contribuido a crear y sostener a la Guardia Nacional, terminó cortándole su última vía de supervivencia. Y la OEA, celebrada en 1979 como instrumento de liberación, es condenada hoy por quienes solamente aceptan sus decisiones cuando favorecen su permanencia en el poder.

    La historia tiene esa virtud: tarde o temprano termina desmontando los eslóganes y dejando los hechos al descubierto.

  2. Hace 3 semanas

    La mayor parte del equipo estadounidense fue comprado en el mercado negro porque el viejo Jimmy Carter no ayudaba del todo a la Guardia Nacional. Es más, Carter envió a la marina estadounidense a detener un barco frente a las costas de Guatemala que llevaba municiones y armamentos comprados por el gobierno de Nicaragua en el Oriente Medio. Esta acción de Carter fue un golpe mortal para la Guardia Nacional de Nicaragua.

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