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La exguerrillera nicaragüense Dora María Téllez aseguró durante una conferencia en Donostia, organizada por el Museo San Telmo y la revista Galde, que “la tiranía familiar que hoy gobierna Nicaragua no tiene ninguna salida” y criticó la falta de una respuesta más contundente de España y la Unión Europea frente a la situación política que atraviesa este país centroamericano.
Téllez, excomandante del Frente Sandinista y actualmente opositora al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, sostuvo que ni España ni la Unión Europea están desempeñando un papel relevante ante las crisis de Nicaragua, Cuba y Venezuela. “Esa es la realidad”, afirmó en declaraciones que fueron recogidas días atrás por el Diario Vasco.
Durante su intervención, la también historiadora explicó que sectores de la oposición nicaragüense ha solicitado a la Unión Europea revisar el acuerdo de asociación con Nicaragua por supuestas violaciones a la cláusula democrática y a los derechos humanos, aunque apuntó que no han obtenido mayores resultados. “Ha sido imposible conseguir que la Unión Europea haga algo más que sancionar a 21 funcionarios”, expresó.
Téllez reconoció el papel activo que ha tenido el Parlamento Europeo respecto a Nicaragua, pero consideró insuficientes las medidas impulsadas hasta ahora. A su juicio, Estados Unidos ha terminado ocupando el principal espacio de presión internacional sobre gobiernos autoritarios. “La administración Trump es la única que está jugando en materia de política respecto a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Europa está lejos”, afirmó.
Con este análisis, Téllez se une a la visión expresada a inicios de mayo por los escritores nicaragüenses Sergio Ramírez y Gioconda Belli. En el foro en ocasión del 50 aniversario del diario El País, el novelista y premio Cervantes 2017 aseguró que «Nicaragua está olvidada hoy en día», mientras «la dictadura obscena de Ortega y Murillo se va petrificando».
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Nicaragua sin una pronta salida
Asimismo, Téllez consideró que el régimen de Nicaragua atraviesa una profunda crisis interna y afirmó que la situación actual del país “no tiene salida. Es una dictadura en torno a una dinastía familiar que no tiene ninguna salida”.
De igual modo explicó que dentro de las propias filas del Frente Sandinista existe “un nivel de erosión interno total”, provocado por el hecho de que Rosario Murillo esté asumiendo “prácticamente todo el poder”.
Téllez sostuvo que Ortega “ahora está enfermo, con problemas sumamente graves, con problemas mentales, de coordinación y de elaboración mental cada vez más difíciles”, afirmó. Agregó que Murillo “ha ascendido al poder total” en medio de “una enorme purga interna dentro del Frente Sandinista”, lo que, a su juicio, ha erosionado la cohesión que Ortega mantenía a su alrededor.
“Esto nos deja un régimen que está totalmente sin respaldo popular”, señaló la ahora opositora, quien también advirtió sobre la situación económica del país y la dependencia de las remesas familiares que llegan principalmente desde Estados Unidos, Costa Rica y España.
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Consultada sobre una posible ruptura dentro del Frente Sandinista, Téllez afirmó que no observa una fractura inmediata, aunque sí una erosión progresiva en sus estructuras. “Gente que se va, gente que se despega, líderes de ellos que están presos”, describió. También consideró posible que el oficialismo busque “ganar tiempo” frente a las presiones internacionales ofreciendo un camino de transición democrática.
Crisis diplomática mantiene a Nicaragua sin embajador en España
En enero pasado, el Gobierno de España expulsó al embajador de Nicaragua en Madrid y a otro miembro del cuerpo diplomático nicaragüense, en respuesta a la expulsión previa del embajador español en Managua y de la segunda jefatura diplomática española en ese país, ordenada desde Nicaragua.
El Ministerio de Asuntos Exteriores español calificó la decisión como una medida de “estricta reciprocidad” ante lo que consideró una “injusta expulsión” de sus representantes diplomáticos. Aunque Madrid insistió en que mantendría su disposición de conservar relaciones con el pueblo nicaragüense, el episodio volvió a evidenciar el deterioro diplomático entre ambos gobiernos.
Las tensiones entre Nicaragua y España datan desde 2021, cuando el régimen de Ortega acusó al gobierno español de “continua intromisión” en los asuntos internos del país centroamericano. En respuesta, España llamó a consultas a su entonces embajadora en Managua y rechazó de manera “tajante” las acusaciones formuladas por el Ejecutivo nicaragüense.
La relación volvió a tensarse aún más en 2023, después de que el gobierno nicaragüense expulsó y despojó de su nacionalidad a centenares de opositores, periodistas, académicos, defensores de derechos humanos y exfuncionarios. Pero la mayor crisis surgió en enero cuando la dictadura expulsó al entonces embajador de España, Sergio Farré Salva y a su segundo Miguel Mahiques Núñez.
Farré Salva tenía 23 días de haber asumido su puesto y fue acusado por el régimen de «actividades incompatibles» con su estatus, mientras la Policía de la dictadura dio algunos minutos a 8 o 9 cooperantes españoles para expulsarlos igual del país.
España ha sido solidaria con las víctimas de derechos humanos de la dictadura de Ortega y Murillo. Ofreció la nacionalidad española y llevó al Congreso de ese país a aprobar una condena por la “sistemática” violación de derechos humanos y pedir al gobierno impulsar mayores sanciones contra el régimen nicaragüense dentro de la Unión Europea.
Sin embargo, versiones publicadas a principio de mayo del diario español The Objective apuntan a que España estaría negociando el nombramiento de embajadores con la dictadura para dar por superada la crisis de cara a una supuesta normalización que se daría antes de la cumbre iberoamericana, prevista para noviembre. El Ministerio de Relaciones Exteriores, dirigido por José Manuel Albares, no se ha pronunciado hasta ahora sobre este tema concreto.