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Sergio Ramírez y Gioconda Belli, dos figuras de la literatura y la política nicaragüenses, recientemente fijaron su postura frente a lo que consideran el creciente desinterés internacional frente a la crisis en Nicaragua, durante un debate organizado por el diario EL PAÍS en su 50 aniversario. Ambos advirtieron que el país centroamericano no ocupa un lugar prioritario en la agenda global.
Mientras la redactora jefa de la web de EL PAÍS, Inés Santaeulalia, iniciaba el debate con cuestionamientos sobre la situación sociopolítica en Nicaragua, el exilio y una posible solución a la crisis que inició en 2018, ambos escritores llamaron a la Unión Europea a «definir una identidad política» que le permita posicionarse con mayor firmeza frente a los intereses de Norteamérica en el mundo.
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Ramírez, ganador al Premio Ortega y Gasset de Periodismo, señaló que «Nicaragua está olvidada hoy en día» y consideró que nadie está hablando de ella, a lo mucho lo hacen de «Venezuela por el petróleo, por el oro, pero Nicaragua no es del interés de nadie», lo que se traduce en una preocupación constante mientras la «dictadura familiar obscena (de Ortega y Murillo) se va petrificando».
Por su parte, Belli reconoció que resulta preocupante el olvido de Nicaragua y su pueblo por parte de la comunidad internacional, aunque insistió en que aún existen razones para mantener la esperanza. En ese sentido, ambos disidentes sandinistas coincidieron en la urgencia de que la Unión Europea trace su propia ruta de acción y fortalezca sus mecanismos de defensa de los derechos humanos, frente a los intereses particulares de Estados Unidos.
«Europa ya debería valerse por sí misma ante las crecientes disoluciones con la Alianza del Atlántico Norte, especialmente en el caso de Ucrania, donde ha terminado sola, asumiendo la defensa y el financiamiento de la guerra», inició Ramírez como una alerta ante la posibilidad de que Trump termine con la OTAN y obligue a Europa a redefinir su presencia militar y política.

Consideran que Trump es «mala influencia» para Europa
En esa misma línea, ambos coincidieron en que el presidente Donald Trump se ha convertido en una «mala influencia» para las democracias europeas. Como ejemplo, señalaron el reciente giro político en Hungría, donde el ultranacionalista Viktor Orbán perdió el poder tras 16 años de gobierno frente al conservador Péter Magyar, marcando un cambio en el panorama político del país.
Para Ramírez, este viraje responde al rechazo del electorado hacia «los extremismos que el mismo Trump representa», lo cual —afirmó— termina afectando a sus aliados estratégicos. A su juicio, tener el respaldo del mandatario estadounidense en Europa «no es una carta ganadora en ninguna elección». Incluso, retomó el caso en que el presidente español Pedro Sánchez se negó a colaborar con Trump en la guerra de Irán.
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«Esa me parece una buena decisión que debería estimular a los gobiernos europeos y a la Unión Europea a definir una identidad política más firme que la que han tenido hasta ahora», subrayó el escritor.
Belli, por su parte, coincidió con este análisis y advirtió que «la presencia de Trump tiene un efecto negativo en la derecha, en la proyección de la derecha que está avanzando».

Europa sin EE. UU.
En un artículo de opinión publicado recientemente por el Diario LA PRENSA, el exministro de Asuntos Exteriores y vicecanciller de Alemania entre 1998 y 2005, Joschka Fischer, señaló que los europeos deberán decidir su propio destino y asumir la responsabilidad de su propia seguridad y no esperar a que Estados Unidos les brinde el liderazgo necesario.
«Lamentablemente, la oportunidad de rectificar se ha esfumado. El prolongado protectorado estadounidense ha llegado a su fin bajo el mandato de Trump y no volverá. Europa debe ahora trazar su propio rumbo», insistió Fischer.