Gioconda Belli, escritora y poeta nicaragüense, conoció la mañana del 25 de abril que la Dirección General de Aduanas (DGA), subordinada a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, bloqueó el ingreso a Nicaragua de ejemplares de sus novelas Un silencio lleno de murmullos y El infinito en la palma de la mano. En un nuevo episodio que escritores interpretan como parte de una política de restricción cultural contra voces críticas.
«Yo me enteré por parte de la editorial que me dijo que no había dejado entrar los libros a Nicaragua», dijo Belli a LA PRENSA.
Aunque la escritora, que en 2025 ganó el Premio Carlos Fuentes a la Creación Literaria, desconoce la cantidad de ejemplares que fueron prohibidos, denuncia que «no están dejando entrar los libros. Están bloqueando la posibilidad de que las personas en Nicaragua puedan leernos».
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La novela Un silencio lleno de murmullos, escrita por Belli, narra la historia de una madre guerrillera y su hija, separadas por el compromiso político y secretos de familia.
Por otro lado, también reconstruye todo lo que aconteció en Nicaragua desde 2018, y se encarna en el personaje de la hija. «Es una crítica desde el punto de vista de estas dos mujeres de la traición a la revolución y lo que pasó en 2018, y cómo la juventud no entiende, en el que caso de la hija, no entiende cómo la madre dejó que sucediera lo que pasó con Ortega, la revolución y cómo van a seguir luchando cuando están siendo reprimidos con violencia», describe Belli.
La escritora sostiene que la novela brinda la posibilidad de transmitir pasión, emociones e información sobre el contexto del país. «La palabra de la literatura tiene un enorme poder y por eso siempre he sido perseguida», asegura.
Un acto de venganza
La poeta nicaragüense considera que la prohibición de la dictadura «es un posición de fuerza que deriva del hecho de que están muy ardidos de que nosotros, tanto Sergio (Ramírez) como yo, estemos abordando lo que ha pasado en Nicaragua, sobre todo en 2018, en novelas y libros».
En esa misma línea, Sergio Ramírez, premio Cervantes y escritor nicaragüense en el exilio, ve esta medida como un acto de venganza personal. «Este régimen es muy vengativo, a quienes alzan la voz en contra de la dictadura son reprimidos en la manera en que ellos pueden seguirlos reprimiendo», dijo.
Tanto Ramírez como Belli coinciden en asegurar que a la dictadura no le basta con haberles arrebatado el derecho de vivir en el país en el que nacieron, al despojarlos de su nacionalidad, sino que también les prohíbe sus libros. «Siento que buscan cómo cortarme la lengua, como un castigo bastante pueril», denuncia Ramírez.

Belli hace hincapié en que «todas las dictaduras con sistemas totalitarios han tenido terror a la palabra escrita y por eso han tratado de censurarlas». Tanto los libros de la poeta como los de Ramírez se encuentran en la plataforma Amazon.
Para Ramírez, ganador del Premio Ortega y Gasset, el hecho de que el régimen prohíba el ingreso al país de libros u obras de autores nacionales es «un atentando contra la cultura», y advierte que las acciones desmedidas de la dictadura «limitan las posibilidades de cultura de la gente y demuestra el carácter represivo del régimen».
La poeta nicaragüense agrega que le «es muy preocupante» por el impacto a la cultura en Nicaragua. «Porque no solo abarca mis libros, abarca todo lo que han prohibido y cerrado, como el Festival de Poesía en Granada, que tenía una enorme apertura para toda la poesía del mundo. Se han cerrado las posibilidades al pueblo nicaragüense de tener acceso a una cultura superior y más educada», menciona.
ISBN negados, libros retenidos y presentaciones vigiladas
Arquímedes González es otro escritor nicaragüense que ha sufrido en carne propia el veto editorial impuesto por la dictadura en Nicaragua tras el estallido de la crisis sociopolítica en 2018. En entrevista con este Diario relató cómo desde 2019 se ha enfrentado a múltiples formas de bloqueo institucional.
Primero, el Instituto de Cultura de Nicaragua le negó el Número Internacional Normalizado para Libros (ISBN) para registrar su obra Me duele respirar (como esperando abril). «Me negaron el ISBN aunque hice la gestión. Revisaron la copia digital y me lo negaron», recuerda.
Pese a ello, el libro fue publicado y presentado en Nicaragua en ese mismo año en una actividad dentro de una librería en Managua en la que participó la poeta Belli, pero la actividad estuvo marcada por una fuerte presencia policial. «Había como ocho patrullas afuera. Aún así lo presentamos», dijo.
Tras la presentación, el escritor nicaragüense fue despojado de ejemplares de su libro por agentes de la Policía orteguista y posteriormente fue atacado por grupos afines al régimen. Poco después, cuando González intentó salir de Nicaragua, la dictadura lo despojó de su pasaporte y ordenó en julio de 2022 su captura por la publicación del libro.

«Tuve que salir al exilio», dijo. En ese exilio logró publicar Este atardecer en Venecia y En abril yo seguía viva. Aunque pudo hacerlo en libertad, la dictadura enfiló a sus troles a denunciar los libros de González al punto de bloquearle la cuenta en el sitio web donde los comercializaba.
«Me la cerraron dos veces por denuncias de troles del régimen. No es que solo que no te dejan ingresarlos a Nicaragua, sino que también hay un ataque digital. Es un ataque directo a los libros», denuncia González, quien desde 2001 ha escrito y publicado alrededor de 20 libros.
En la actualidad, el escritor ha logrado alojar en una nueva cuenta en Amazon una parte de sus libros.
Resiliencia en el exilio: «Escribo con mi país»
Para los escritores nacionales, escribir desde el exilio, como consecuencia de la persecución política, no sólo es un acto de resiliencia sino de cultivar la memoria y demostrar que la nicaraguanidad no solo es una nacionalidad.
«La memoria de la escritura está fijada desde la infancia, la lengua nace con la infancia, yo nací y crecí en Nicaragua, y eso nadie puede confiscármelo. Yo sigo escribiendo en nicaragüense, no escribo cerca de mi país porque no puedo, pero escribo con mi país», opina Ramírez.

González remarca que tiene una implicación positiva. «Puedo escribir en libertad, porque en Nicaragua es imposible, así como lo es publicar una obra crítica. Pero al menos desde el exilio nosotros tenemos la libertad de creer libremente».
En septiembre de 2021, la dictadura le prohibió a Ramírez distribuir dentro del país su novela Tongolele no sabía bailar, los ejemplares de la obra quedaron retenidos en la DGA. Desde ese entonces, dijo el escritor nicaragüense, «ninguna de mis otras obras han podido entrar al país».
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No obstante, en medio de la prohibición, el libro en versión digital comenzó a distribuirse en Nicaragua. «Yo no puedo estar a favor de la piratería, pero en este caso yo me alegro de que así ocurra, a pesar de los intereses de mi editorial y los míos, me alegra que ocurra y que el libro se reproduzca y sea de todas maneras leído», señala Ramírez.
Para Belli escribir desde el exilio en medio del contexto actual que vive el país no deja de causarle emociones. «Estoy muy desgarrada como nicaragüense por lo que está pasando en el país y todo lo que estamos pasando en el exilio, hay gente que está pasando exilios muy tristes, pobres, de abandono total. Para mí es muy duro lo que está pasando en Nicaragua y todos los días me mortifica», indica.
«Una guerra contra la memoria»
Para los autores de las obras nacionales, las restricciones no solo afectan sus publicaciones, sino el acceso de los lectores dentro de Nicaragua. «La sociedad nicaragüense pierde la capacidad de crítica, reflexión y de libertad de leer lo que se antoje. Leer es una forma de expresión de manifestar tus ideas», dice González.
Lo anterior lo hace el régimen Ortega-Murillo con un propósito maquiavélico de «borrar todo tipo de memoria en Nicaragua, ese es el plan a mayor escala».
Ramírez opina que con todas las imposiciones que un régimen como el de Nicaragua significa, la sociedad pierde la cultura. «Hay pobreza cultural (porque) esto limita la creatividad en la gente en el teatro, la música, la literatura y en cualquier aspecto de la vida pública con la que tiene que ver el arte, hay un vacío, porque el arte está lleno de contrastes, contradicciones, con el espíritu de libertad con que se escribe, se canta, se pinta, el arte oficial no sirve para nada porque nadie lo recuerda», reconoce.
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Enseguida advierte que las acciones represivas de la dictadura «van decapitando la cultura, la va castrando y haciendo cada vez más homogénea, menos interesante».
La escritora y poeta Belli reconoce que aunque la dictadura Ortega-Murillo tenga como objetivo bajar el nivel cultural de la población «una de las grandes cosas que nosotros hemos tenido en la historia de nuestro país es la cultura, a pesar de toda la pobreza, de las dificultades», apunta.
A su vez, destaca que «hemos logrado tener una cultura muy sólida, un grupo de escritores desde Rubén Darío, pasando por los de vanguardia, Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos y Ernesto Cardenal, siempre ha habido en Nicaragua una excelencia en la literatura que se ha destacado en el mundo de la cultura latinoamericana».
Belli concluye señalando que tanto Daniel como Rosario «se están enterrando el puñal en el pecho, porque empobrecer el país culturalmente y políticamente al final de cuentas le va a costar a sus hijos, nietos y quien viva en Nicaragua».
Pocos ejemplares a la venta
En un recorrido por las principales librerías del país, entre ellas Hispamer y Literato, se verificó la disponibilidad de obras de los escritores nicaragüenses Gioconda Belli y Sergio Ramírez.

Durante el sondeo, se constató que la sucursal de Literato ubicada en Metrocentro no cuenta actualmente con ningún libro de Gioconda Belli. En este local únicamente se encuentran a la venta seis obras de Sergio Ramírez: Charles Atlas también muere, De tropeles y tropelías, Adiós muchachos, Castigo divino, La manzana de oro y Caballo dorado.
En el caso de Hispamer, la sucursal situada en Galerías Santo Domingo ofrece a la venta solo una novela de Sergio Ramírez, Sara, mientras que de Gioconda Belli dispone de al menos seis títulos: Sofía de los presagios, El infinito en la palma de la mano, El pergamino de la seducción, Las fiebres de la memoria, El país de las mujeres y El intenso calor de la luna.
Por su parte, en la sede central de Hispamer se encuentran disponibles siete novelas de Gioconda Belli: En la avanzada juventud, El pergamino de la seducción, El infinito en la palma de la mano, El intenso calor de la luna, Waslala, El país de las mujeres, Sofía de los presagios y Las fiebres de la memoria.
Asimismo, en esta sucursal también se comercializan tres obras de Sergio Ramírez: Juan de Juanes, Cuentos completos y Sara.