A la izquierda, el caballo Khalifa cuando cayó en manos de la veterinaria Heidi Gómez, muy maltratado. A la derecha, ahora que está siendo rehabilitado por Gómez. LA PRENSA/ CORTESÍA

A la izquierda, el caballo Khalifa cuando cayó en manos de la veterinaria Heidi Gómez, muy maltratado. A la derecha, ahora que está siendo rehabilitado por Gómez. LA PRENSA/ CORTESÍA

Khalifa, el caballo que salvó su vida y comenzó a cambiar otras

Rescatado del abandono y la desnutrición extrema, este alazán no solo recupera fuerzas en Managua, sino que también impulsa conciencia sobre el maltrato animal y sus consecuencias.

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Es normal tener un perro, un gato, aves u otras mascotas dentro de la casa, pero lo que Heidi Gómez tiene durmiendo todas las noches en su garaje, en el barrio capitalino Batahola Norte, es un caballo alazán.

Se llama Khalifa, tiene 10 años y, en diciembre pasado, pesaba 130 kilos. Ahora, con los cuidados de Gómez, ha subido a 170 kilos, pero todavía tiene desnutrición, explica Gómez, quien es veterinaria. Lo normal sería que llegue a pesar cerca de 400 kilos.

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El pelaje de Khalifa es de color rojo intenso, pero hasta diciembre pasado era café pálido. Se le veían las costillas. Estaba super deshidratado. Los cascos los tenía dañados. El párpado derecho estaba herido. Es evidente que estuvo encadenado porque tenía muchas lesiones por fricción. Algunas heridas se le infectaron con el gusano de la mosca. Parece que su antiguo dueño lo mantenía en un lugar donde hay muchos zancudos porque presentaba dermatitis, que es una inflamación cutánea.

En algunas zonas del cuerpo había perdido bastante pelo. Sufría de picazón porque constantemente se arrimaba a las paredes o a los postes para rascarse. Tenía costras en la parte de la columna y llagas abiertas en otras zonas y presentaba un absceso en una pata que lo hacía cojear.

Así de maltratado estaba Khalifa. LA PRENSA/ CORTESÍA
Así de maltratado estaba Khalifa. LA PRENSA/ CORTESÍA

Dos meses después, Khalifa es otro, aunque todavía está bajo tratamiento. Ahora sí tiene el pelo rojo. Ya no tiene gusanos. Está desinfectado. Las heridas están diciendo adiós. El párpado lo tiene mejor. Le suministraron tres tipos de sueros, uno de ellos con glucosa y otro vitaminado, porque estaba muy débil. Ha sido valiente y soportado todas las inyecciones de antibióticos que le han puesto.

En palabras de Gómez, ahora tiene “las cinco libertades del bienestar animal”: Ya no sufre hambre ni sed. Está libre de incomodidades, como andar con los cascos dañados en el asfalto caliente de la Managua azotada por el sol al mediodía. Tiene un refugio. Está libre de dolores, lesiones y enfermedades. Tampoco sufre miedo y angustia.

Lo siguiente es la historia de como Khalifa pasó de ser un animal maltratado a uno tratado con dignidad. Es también la historia de un carretonero al que no se le puede juzgar sin conocerse antes sus circunstancias personales. La de un extranjero conmovido, pero que tenía que irse del país y al final tampoco pudo cuidar de Khalifa. Y es la historia de una veterinaria a la que Khalifa ha cambiado la vida no solo porque tiene que levantarse más temprano, sino también porque sus vecinos están divididos 50-50 en aceptar que un animal conviva con ellos en la cuadra en la que Gómez vive en Batahola Norte.

El carretonero

Se llama Pedro Madriz y se le puede ver en un carretón de caballo circulando por el Distrito Dos de Managua: Las Brisas, Linda Vista, Monseñor Lezcano, Batahola Norte.

Trabaja en lo que le salga. Acarreando materiales de construcción o cortando árboles y transportándolos en el carretón.

Hace dos meses, era el dueño de Khalifa. “Ese caballo me lo regaló mi mamá con todo y esta carreta”, explicó Madriz a la veterinaria Heidi Gómez. En su momento, la mamá de Madriz tenía a Khalifa en Nagarote.

El día que se deshizo de Khalifa, el 23 de diciembre de 2025, Madriz lo vendió en 200 dólares, pero llegó a su casa diciendo que, como lo vieron maltratado, en la calle se lo habían quitado las autoridades. “Protección Animal” fue la frase que usó él.

Khalifa llegó a manos de la veterinaria Heidi Gómez a través de una tercera persona, un canadiense, pero Gómez conoció a Madriz por casualidad.

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Tras haber vendido a Khalifa, Madriz se compró una yegua en 150 dólares y, un día de enero pasado, pasó por la casa de Gómez, quien lo detuvo para ofrecerle gratis un desparasitante para la yegua, porque la vio mal, igual de desnutrida que como estaba Khalifa.

En medio de la conversación, Madriz le dijo a Gómez: “Entonces usted es la que le está viendo el caballo al gringo. Es que ese caballo era mío, yo se lo vendí a él”.

El carretonero Pedro Madriz, antiguo dueño de Khalifa. LA PRENSA/ CORTESÍA
El carretonero Pedro Madriz, antiguo dueño de Khalifa. LA PRENSA/ CORTESÍA

Hasta entonces Gómez cayó en cuenta de una reacción que le vio a Khalifa cuando Madriz se acercó a la casa de ellos. Inmediatamente, Khalifa se fue a revisar el carretón de Madriz.

Era porque reconoció a su antiguo dueño y recordó que en el carretón podía haber comida para él.

Lo único que Madriz le daba de comer a Khalifa eran dos libras de maíz al día. Era el “plato fuerte”. Lo demás que comía era lo poco que Khalifa encontraba a su paso en la calle, cuando andaba trabajando. Dos libras de maíz es una porción que puede ser insuficiente hasta para un perro, dice Gómez. Un caballo como Khalifa debe de consumir al menos 40 libras diarias de “forraje”, que le proporcionen fibra, proteínas, enzimas y otros minerales.

Sin embargo, Madriz no tenía los recursos suficientes para darle todo ese alimento a Khalifa, porque él más bien ocupaba al caballo para conseguir alimentos para su familia y lo poco que podía ganar, 300 córdobas en un acarreo, no le alcanzaban para comprarle un saco de concentrado que Khalifa consume en ocho días y que en el mercado cuesta 1,300 córdobas, pone de ejemplo Gómez.

“Denúncialo”, le dicen sobre Madriz algunas personas a Gómez, pero ella dice que no lo puede juzgar.

Madriz se trata de un hombre sencillo, al que se le ve la carencia de recursos económicos. Gómez no lo sabe, pero es posible que el hombre no fue a la escuela.

Además, Gómez ve en Madriz a un hombre muy “consciente” y con el que se puede dialogar tranquilamente. El hombre admite que no tenía en buenas condiciones a Khalifa.

También, por ejemplo, Madriz estuvo anuente a entregar una carta de compra-venta cuando a Gómez se le perdió Khalifa por unas horas.

Ella lo tenía en predio baldío de Batahola Norte, donde también hay un parque, y un vigilante de la Alcaldía permitió que el animal se fuera. Cuando Gómez quiso ir a rescatarlo, Madriz se mostró dispuesto a apoyar firmando una carta de compra-venta, porque el canadiense no se la pidió al momento de darle los 200 dólares por Khalifa.

Gómez, su hijo y algunos vecinos buscaron incesantemente a Khalifa y, a través de la Policía, lo encontraron en Batahola Sur, en casa de un caponero, hecha de zinc y con piso de tierra. Aunque no tenía por qué hacerlo necesariamente, Gómez le dio una recompensa al caponero por las horas que lo tuvo en su poder.

Khalifa es hoy la sensación, porque su caso se ha visibilizado en redes sociales y luego LA PRENSA también publicó la historia de su rescate. Pero ya era un caballo muy conocido por todos los carretoneros del Distrito Dos de Managua. A diario lo pasan saludando y hablan de Madriz como un hombre que todo lo que gana lo usa en el “vicio”.

Para Gómez, el caso de Khalifa debería de servir para mejorar el trato a los animales. Por ejemplo, regulando la ley 747, ley de Bienestar Animal, porque no está regulada. Y en el caso de Pedro Madriz, orientando a personas como él que deben buscar otras vías de subsistencia y no usar a los animales para sustentar a sus familias, porque lo que ganan no les da para ellos y menos para alimentar bien a los animales.

El canadiense

El canadiense Scott Henney estaba de paso en Nicaragua y rentaba una casa en el reparto Las Brisas, en Managua.

Un día vio pasar a Khalifa, jalando un carretón. Lo vio tan maltratado que se atrevió a exigirle al dueño, Pedro Madriz, que se lo entregara. Lo hizo con mucha dificultad, porque Henney no habla una sola palabra en español. Utilizaba una aplicación de traducción para comunicarse con los nicaragüenses.

Madriz se opuso a entregarle a Khalifa, por lo que Henney tuvo que ofrecerle 200 dólares por el caballo y Madriz ya no opuso resistencia.

La veterinaria Heidi Gómez junto a Khalifa. LA PRENSA/ CORTESÍA
La veterinaria Heidi Gómez junto a Khalifa. LA PRENSA/ CORTESÍA

Un día después, el 24 de diciembre de 2025, la veterinaria Heidi Gómez recibió en su WhatsApp el siguiente mensaje:

“Hola, busco un veterinario que me visite a domicilio en Las Brisas. Ayer compré un caballo que tiraba de una carreta y estaba en muy mal estado. Me gustaría contratar a un veterinario para que venga a mi casa esta mañana a revisarlo, por favor. Estoy usando una aplicación de traducción, ya que apenas estoy empezando a aprender español. Me llamo Scott Henney. Por favor, avísenme lo antes posible”.

Gómez accedió y Henney le mandó la ubicación de su vivienda. Khalifa estaba muy mal.

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Luego, cuando ya habían pasado las fiestas de fin de año, Henney volvió a hablar con Gómez. “No puedo seguir ayudando a Khalifa porque me tengo que ir. Solo tengo dos opciones: mandarlo a un lugar y entrego 200 dólares para que lo transporten o se lo entrego a usted”, manifestó el extranjero.

Khalifa todavía estaba bajo tratamiento y Henney le indicó a Gómez que no se sabía cómo iban a tratar al caballo en el otro lugar.

La veterinaria

Heidi Gómez decidió hacerse cargo de Khalifa. Se fue con otra persona para llevarlo desde Las Brisas, en la calle que va a donde era el restaurante Aragón, hasta Batahola Norte, cerca de Iniser.

Había contratado una camioneta, pero al final lo llevaron caminando.

Al llegar por Inifom, cerca de la entrada al hospital Lenín Fonseca. Khalifa se desplomó. Estaba muy débil y no podía seguir caminando.

Varias conductores y hasta peatones se detenían para hacerle vídeo a Khalifa y hasta lanzaron improperios con palabras soeces a Gómez y al guía que llevaba el caballo. “Como ya se sirvieron del caballo ahora lo van a botar” es un ejemplo de lo que decían, pero todo eran insultos.

“Nos juzgaron sin saber”, afirma Gómez.

Por la tarde, las redes sociales ardían con personas “despotricando” contra Gómez y el guía.

En la casa, el hijo de 16 años de Gómez tenía temor de Khalifa inicialmente. Y Khalifa, a su vez, también se sentía extraño. El cambio de dueño afecta mucho a los animales, señala Gómez.

A partir de entonces, Gómez se ha puesto “en los zapatos” de los carretoneros. Es difícil alimentar a un caballo en la ciudad. Hay que encontrar pasto o heno. Buscarle los concentrados en el mercado y el caballo está considerado uno de los animales que come más pasto.

La familia de Gómez tiene una propiedad en Mateare y allá un vecino, que cría vacas, les dio donde poner a pastar unos días a Khalifa.

Luego, Gómez llevó nuevamente a su casa a Khalifa y, para obtener recursos para alimentarlo, ideó crear un combo de servicios veterinarios para perros. Por solo 500 córdobas, ella está vacunando contra la rabia, desparasitando, vitaminando y cortando las uñas. El dinero que obtiene con la venta de esos combos lo utiliza para las medicinas y el alimento de Khalifa. El teléfono celular de Gómez es 78129579.

Algunos clientes de Gómez también le han ayudado económicamente, para sustentar a Khalifa. Algunos con 20 o 40 dólares. Algunos vecinos se han sumado brindándole comida al caballo, como unos señores que venden nacatamales cerca de la casa de Gómez.

Sin embargo, no todos los vecinos ven con agrado la presencia de Khalifa en esa cuadra. Gómez dice que hay un 50 por ciento de vecinos que no se incomodan y el otro 50 por ciento que sí.

La rutina de Gómez y su familia ha cambiado desde que Khalifa está con ellos. Ahora se levantan más temprano, porque hay que llevarlo a un lugar donde permanece el día y hay algo de pasto. A las 4:00 de la tarde ya está de regreso en Batahola Norte y duerme en el garaje. Gómez hasta lo abriga cuando hay frío.

Al principio, Khalifa se acostaba para descansar. Estaba muy agotado. Ahora ya descansa de pie.

Es verdad que Gómez es veterinaria y que trató con caballos en la Universidad Nacional Agraria (UNA), pero ella ha trabajado más con perros y gatos. Por eso, se ha auxiliado de otros colegas para atender mejor a Khalifa, quien es muy exigente. Si no le han dado de comer, comienza a hacer ruido. Y si es tarde y no lo han llevado de regreso a casa, también es impaciente.

No obstante, se trata de un animal muy obediente y muy noble, dice Gómez, y que entiende órdenes cortas como: “Aquí te vas a estar”. Se deja montar fácilmente. El anterior dueño dice que Khalifa muerde, pero eso no ha pasado en la casa de Gómez. Eso sí, intentan que no se altere, porque al principio estaba nervioso, inseguro y estresado. “Vamos al suave para evitar problemas de conducta”, explica la veterinaria.

Las jornadas de reforestación en el parque de Batahola Norte, de las cuales la veterinaria Heidi Gómez era una de las promotoras. LA PRENSA/ CORTESÍA
Las jornadas de reforestación en el parque de Batahola Norte, de las cuales la veterinaria Heidi Gómez era una de las promotoras. LA PRENSA/ CORTESÍA

Buscando cómo pastara, Gómez llevó a Khalifa al parque de Batahola Norte y ahí lo amarró porque vio que había bastante zacate. Estaba montoso. Pero, un vecino le dijo a Gómez:

—Fíjate que hay una vieja que está llevando un caballo al parque y los niños no se pueden mecer. Parece que le está pagando a los guardas.

—Ah, sí. ¿Cuánto les paga?

—No sé.

—Pues mirá, la vieja soy yo. El caballo es mío. Él no está montado en los chinos y algunos chavalos que llegan, lamentablemente, llegan a consumir drogas al parque. Es triste que te moleste que un caballo ande ahí limpiando (de monte) y abonando, pero no te moleste que los jóvenes se estén destruyendo. A los guardas no les pago. Lo más que les llevo es un jugo o un café.

Gómez estaba indignada porque ella es una de las vecinas de la zona que ha velado por el parque, reforestándolo, incluso. Aunque ahora los parques están bajo la tutela de las instituciones.

Poco después fue que Khalifa se perdió del parque de Batahola Norte y, cuando lo recuperó, Gómez lo llevó a otro parque, con el permiso de las autoridades comunales, y que está en el barrio Edgard Lang, vecino de Batahola Norte.

Ahí, otro vecino le reclamó a Gómez que lo caliente del sol hacía que hediera donde Khalifa defecaba y orinaba y que eso era enfrente de su casa.

Gómez le respondió que donde ella estaba poniendo a Khalifa, antes era una zona llena de basura y ella limpió para poner al caballo. “Te molesta el caballo, pero la basura no te molestaba. Qué curioso, tenías una tonelada de basura enfrente y fuiste incapaz de limpiarla. Ahora te molesta el caballo”, le dijo Gómez al vecino del barrio Edgard Lang.

Gómez hasta había llevado unos sacos al parque, para que sirvieran de basurero, y así Khalifa no comiera plástico, que es un peligro para ellos. Pero la gente se llevó los sacos.

Hoy, Gómez ya tiene estabilizado a Khalifa. Le ha realizado varios exámenes de sangre y heces. Lo tiene desparasitado, tanto interna como externamente, gracias en parte al apoyo de los clientes que le han comprado el combo. Y la rehabilitación física de Khalifa continúa.

El objetivo de Gómez es que “Khalifa recupere su salud y dignidad en un hogar permanente donde nunca más sufra maltrato”.

La Prensa Domingo caballo Maltrato Animal archivo

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COMENTARIOS

  1. Osmar A Dona
    Hace 3 meses

    Hay muchos Khalifas en Nicaragua y estan sufriendo,deberian de hacer algo por Ellos,regulando la Ley 747 del Bienestar Animal

  2. Osmar A Dona
    Hace 3 meses

    Hay muchos Khalifas en Nicaragua y estan sufriendo,deberian de hacer algo por Ellos,regulando la Ley 747 del Bienestar Animal

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