Moisés Absalón Pastora, propagandista y diputado orteguista.

Moisés Absalón Pastora, propagandista y diputado orteguista confirmó salida de su programa «Detalles del Momento» de Canal 6.

El crimen de 1991 que persigue a Moisés Absalón Pastora

Relato de los hechos acaecidos la noche del 9 de noviembre de 1991, cuando el locutor radial Moisés Absalón Pastora disparó contra un manifestante sandinista.

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Han pasado 34 años desde aquella noche en que el entonces joven locutor y comentarista político de Radio Corporación, Moisés Absalón Pastora, disparó cinco veces contra las violentas turbas que querían saquear la emisora y mató de un balazo en el abdomen a un manifestante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Más de tres décadas después del crimen, el autor de los disparos es diputado del FSLN ante la Asamblea Nacional y furibundo adversario de los oposición política nicaragüense, esta vez desde los micrófonos del estatal Canal 6 y medios y programas afines a la dictadura familiar Ortega Murillo.

Con un estilo verborreico, ácido, grosero y vulgar, el legislador del régimen cuestiona, critica y ofende constantemente a los adversarios de la dictadura; del otro lado, el medio vuelto le viene desde las redes sociales y espacios de comunicación digital que le restriegan su virulento pasado antisandinista, sus jugosos contratos publicitarios con el actual régimen y la muerte a disparos del joven agitador sandinista Marvin Javier Rivas Montiel, de 21 años.

Contexto del crimen

Para la época en que ocurrió el suceso, Moisés Absalón Pastora Loáisiga tenía 31 años y había regresado a Nicaragua en 1990, después de un exilio de ocho años que lo llevó a vivir en Costa Rica y Estados Unidos.

A su retorno, se reincorporó a la vida política como miembro del Partido Liberal Constitucionalista que dirigía el alcalde de Managua, Arnoldo Alemán Lacayo; a la vez, retomó la actividad radial como locutor y comentarista político en Radio Corporación y como columnista ocasional de la página de Opinión de LA PRENSA.

En la radio producía un programa de comentarios y noticias denominado “La Línea Pura”, centrado en una abierta y virulenta oposición al Frente Sandinista, a cuyos miembros, símbolos y acciones le dedicaba encendidos y retóricos editoriales de antipatía y odio.

“No había día que desde los micrófonos de la radio no le dedicara insultos y mensajes de odio a los sandinistas, principalmente a la dirigencia”, recuerda un veterano periodista nicaragüense.

“Le volaba a Daniel Ortega, a Humberto Ortega, a Tomás Borge, a Bayardo Arce, al Ejército Sandinista, a la Policía y hasta a los ‘héroes y mártires sandinistas’ a quienes culpaba de atrocidades y crímenes contra el pueblo”.

Como miembro activo del PLC, Pastora abría los micrófonos de su programa a opinadores liberales que se explayaban en una narrativa abiertamente antisandinista, resaltando las confiscaciones, los crímenes y abusos del FSLN en su reciente periodo de 1979 a 1990.

titular sobre el homcidio en 1991 de Moisés Absalón Pastora.
Titular sobre el homicidio en 1991. Moisés Absalón Pastora disparó contra el manifestante sandinista Marvin Javier Rivas Montiel. LA PRENSA/ARCHIVO

Varios días antes del homicidio, Pastora había anunciado y alabado la decisión del alcalde Alemán Lacayo de colocar un busto en honor al compositor musical de ideología liberal Luis H. Delgadillo, coautor de la letra del Himno Nacional de Nicaragua.

Alemán, popular en la época por su acérrimo antisandinismo, había desatado el odio de los sandinistas por una campaña de “ornato” en la que mandó a borrar murales y remover monumentos y estatuas impuestos por el FSLN durante los últimos diez años.

Con ese estilo confrontativo y “jochador”, Alemán inauguró el 7 de noviembre de 1991 el busto del artista liberal a pocos metros del mausoleo del héroe sandinista Carlos Fonseca Amador, a quien los fanáticos partidarios le rinden culto cada 8 de noviembre, fecha de aniversario de su muerte.

Barricada, el órgano oficial del Frente Sandinista, calificó la decisión de Alemán como “una provocación y afrenta” a la memoria del héroe sandinista, a la vez que denunció que el alcalde había ordenado apagar a chorros de manguera la llama del mausoleo del guerrillero sandinista.

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El viernes 8 de noviembre, el caudillo Daniel Ortega apareció furibundo en el acto de aniversario de Fonseca llamando a protestas, sabotajes y violencia callejera contra el gobierno de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro, mientras sus seguidores destruyeron a mazazos el busto en honor a Delgadillo.

Desde los micrófonos de la emisora, Pastora despotricó contra los sandinistas y abrió “la línea pura” a las llamadas indignadas e incendiarias de entre las cuales destacaban varias que pedían “ojo por ojo, monumento por monumento”.

Bombazo contra mausoleo

Horas después del incendiario discurso de Ortega, un grupo no identificado detonó una pequeña carga de explosivos cuidadosamente colocados cerca del mausoleo de Fonseca que destrozó parte de las lápidas de concreto.

La noticia corrió como reguero de pólvora al despertar del sábado 9 de noviembre y desató, otra vez, la barbárica violencia de las bases sandinistas.

Turbas sandinistas salieron a las calles y desataron una ola de protestas que ya venían sumando desde la oposición en 1990: primero incendiaron y saquearon oficinas, vehículos y camiones de la Alcaldía de Managua.

Luego levantaron barricadas y bloquearon calles y avenidas con llantas y buses quemados y paralizaron la capital.

Después, al caer la noche, atacaron a morterazos, balazos y pedradas las sedes de la Cancillería, Banco Central, casas de partidos políticos y medios de Comunicación como Canal 2, LA PRENSA, Radio Corporación, Radio Mundial y la Curia Arzobispal.

Las turbas extendieron el caso a varias ciudades del país con la misma receta de terror que en Managua, sólo que les fue mal en varios municipios donde se concentraban excontras que repelieron a balazos los ataques.

En Managua, el epicentro fue Radio Corporación, bastión del antisandinismo, donde trabajaba Pastora, quien desde cabina llamaba iracundo “a volar cabezas a tajo y destajo”, según el recuerdo del veterano periodista que trabajaba en la misma radio.

Ese día, aproximadamente a las 6:30 de la noche, una turba se agolpó en los alrededores de la emisora en Ciudad Jardín con la intención de incendiarla.

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El vigilante de la emisora, quien también hacía de conductor, avisó de las turbas y cargó una escopeta con la cual realizó dos disparos al aire. Los sandinistas respondieron con piedras, morteros y bombas molotov.

“No recuerdo quién dio la orden de estar preparados para repeler el ataque a la radio, pero sí recuerdo que todos los que estábamos adentro buscamos rutas de salida y vías de escape, porque los sandinistas tenían la intención de quemarnos con todo y radio”, recuerda el periodista.

Dice que ellos llamaban y llamaban por teléfono y al aire a la Policía, pero esta brillaba por su ausencia bajo la justificación de que no tenían capacidad de proteger a todos los medios que estaban siendo atacados.

“Los disparos de la escopeta vieja parece que disuadieron un poco a las turbas, pero un grupo provocó un cortocircuito por una calle con la intención de provocar un apagón y avanzar por un costado; Moisés ya iba a huir por esa calle cuando se los encontró de frente y sacó la pistola”, recuerda.

asonadas sandinistas en los años 90
Entre 1990 y 1991, el FSLN promovía asonadas que terminaban en muerte y destrucción. En ese contexto, Moisés Absalón Pastora mató a un manifestante sandinista. LA PRENSA/ARCHIVO.

Los disparos de Pastora

El reporte policial de la época, reseñado escuetamente en las páginas de los periódicos Barricada y El Nuevo Diario, señalaba que en los alrededores de Ciudad Jardín, aproximadamente a 200 metros al noreste de la emisora, habían recogido moribundo a un sujeto identificado como Marvin Javier Rivas Montiel, de 21 años, herido por arma de fuego en el abdomen.

Que una ambulancia lo trasladó al Hospital Manolo Morales, pero que debido al atascamiento de las calles tuvo un retraso en el ingreso del paciente, quien no presentaba signos vitales al ser atendido por el cuerpo médico de emergencia.

Tras dos semanas de investigaciones, los testigos describieron al autor de los disparos: un sujeto extremadamente gordo, tez blanca y estatura destacable, que tras disparar corrió en dirección sureste hacia la calle 14 de Septiembre, cerca de Radio Corporación.

El investigador del caso, el subcomandante Javier Palacios, jefe de Procesamiento Criminal de la Policía Sandinista, dijo a los medios sandinistas que el cadáver de Rivas Montiel presentaba ingreso de bala en la parte derecha del abdomen y que el proyectil, una bala de revólver calibre 38, se alojó cerca de la pelvis, provocando hemorragia.

En las investigaciones, según la Policía, se determinó que las características físicas del sospechoso, descritas por los testigos, coincidían con las de Moisés Absalón Pastora, a quien se le tomó declaración el día 13 de noviembre en su residencia en Managua y se le requisó el arma para peritaje de criminalística.

La investigación policial determinó que Pastora disparó cinco veces su pistola hacia el grupo de manifestantes y uno de esos balazos impactó a aproximadamente 50 metros de distancia a Rivas Montiel.

Palacios reveló al reportero Ernesto Aburto, de El Nuevo Diario, que Pastora confesó que disparó en defensa propia al sentirse amenazado y el periódico tituló en portada “Crimen de la línea pura”, con una imagen de Pastora sosteniendo una grabadora de casete en las conferencias de Alemán en la Alcaldía de Managua.

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Según los reportes de la época, la Procuraduría General de Justicia preparaba un expediente para acusar a Pastora por los delitos de portación ilegal de armas, exposición de personas al peligro y homicidio.

De acuerdo con el Código Penal de la fecha, se enfrentaba a una pena de entre 8 y 15 años de cárcel de ser encontrado culpable.

Del joven se supo muy poco: el director de Radio Ya, Carlos Guadamuz, lo destacó como un joven trabajador del Mercado Oriental, oriundo del barrio San José Oriental, agremiado al Frente Nacional de los Trabajadores.

LA PRENSA, por su parte, lo identificó como un desempleado que merodeaba siempre los alrededores del Mercado Oriental y Ciudad Jardín en busca de vida y comida, que se sumó a las turbas por coincidencia.

“Del muchacho siempre se tuvo dudas del origen. Unos dicen que era uno de esos vagos que se meten a los alborotos a ver qué agarran y otros dijeron que era un muchacho desempleado al que el FNT le prometió guaro y comida a cambio de ir a las protestas. Dicen que lo enterraron en San Judas sin pena ni gloria”, recuerda el veterano periodista radial.

Recorte de prensa del homicidio de Moisés Absalón Pastora en 1991.

Salvado por amnistía

En aquellos meses, Nicaragua vivía una transición turbulenta tras el triunfo de Violeta Barrios de Chamorro en 1990. El país estaba dividido y polarizado.

De un lado, el FSLN que, aunque fuera del poder, mantenía influencia en sindicatos, calles y el Ejército y Policía. Del otro, el gobierno, alcaldías y funcionarios públicos como Arnoldo Alemán, que promovían aniquilar símbolos sandinistas y devolver propiedades confiscadas.

En el campo persistía la violencia de «recontras» y «recompas», que se batían a balazos entre ellos y contra las fuerzas de seguridad.

En las ciudades había huelgas y choques con la Policía. Por entonces fuerzas tenebrosas ponían dinamitas en las iglesias y templos católicos y emboscaban a antiguos jefes contras o empresarios que pedían la devolución de sus bienes confiscados y ocupados por los sandinistas.

Las heridas de la guerra estaban frescas y eran atizadas por asonadas sandinistas desde la oposición, con armas disparando por todos lados.

El FSLN tenía el control de los órganos judiciales, policiales y penitenciarios y en vez de dirigir las investigaciones hacia los autores del bombazo al mausoleo que detonaron las protestas, la dirigió principalmente a quienes se defendieron y repelieron las agresiones de las turbas.

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Después de la muerte de Marvin Rivas, la Policía Sandinista abrió una causa contra Pastora por homicidio.

La orden fue girada directamente por el entonces jefe policial, René Vivas, y se emitió orden judicial en su contra.

Se le decretó prisión preventiva de 24 horas, pero en realidad le aplicaron el concepto de arresto domiciliario, mientras se preparaba el juicio.

“Moisés andaba, literalmente, cagado. En lo editorial sostuvo la retórica, acusó a la Policía y al Ejército de aplicar venganza en vez de justicia y llamaba constantemente al Gobierno a intervenir para que se decretara una amnistía por los hechos violentos contra el pueblo”.

“En lo personal, valoraba de nuevo el exilio. Decía que si los sandinistas lo echaban preso, lo iban a matar por su pasado de vocero de la Contra”, recuerda el periodista.

Pastora, temeroso de ir a prisión, buscó protección directamente con la presidenta Chamorro.

Según testimonios periodísticos, a inicios de diciembre se presentó nervioso en una actividad oficial de la Presidencia y pidió ayuda. La mandataria ordenó al ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo, que intercediera a su favor.

Así consiguió respaldo político, mientras su caso seguía en trámite.

El 22 de diciembre de 1991, en un intento por bajar la tensión, Chamorro promulgó la Ley de Amnistía 47-91, que otorgaba perdón “amplio e incondicional” a todos los nicaragüenses procesados por delitos políticos o comunes conexos cometidos entre mayo de 1990 y diciembre de 1991.

Aunque la norma cubrió a Pastora, la Policía continuó el proceso investigativo y citó en varias ocasiones más al locutor, quien denunció la violación a sus derechos humanos y elevó sus quejas a la Presidencia y organizaciones de derechos humanos.

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El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, que en su informe anual 1991 había reportado el homicidio de Pastora como una muestra de la gravedad de las protestas, acogió con satisfacción que el gobierno resolviera la situación mediante una amnistía, dada la naturaleza política de los 500 y tantos delitos y crímenes ocurridos ese año.

También la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recibió denuncias de que la ley estaba siendo aplicada de manera selectiva por la Policía y órganos judiciales bajo control sandinista.

El caso de Moisés Absalón Pastora fue citado como ejemplo, donde, a pesar de que todas las demás personas arrestadas por los hechos del 9 de noviembre habían sido liberadas, persistía una orden judicial de captura en su contra, lo que sugería una “aplicación arbitraria de la ley”.

Moisés Absalón Pastora
Moisés Absalón Pastora, pasó de ser un locutor y vocero radical antisandinista, a ser un vocero oficialista de la dictadura Ortega Murillo. LA PRENSA/ARCHIVO.

En una conferencia de prensa de enero de 1992, el ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo, reiteró como un logro de la presidenta Chamorro la aprobación de la amnistía y llamó a todos los sectores a respetar la decisión, como condición esencial para un Diálogo Nacional que se discutía para ese año.

Entonces ocurrió lo esperado: el expediente por el homicidio de Marvin Javier Rivas Montiel quedó archivado.

No hubo juicio, ni condena. La muerte del agitador se archivó bajo el paraguas de la reconciliación nacional.

El desenlace legal para Pastora y muchos otros involucrados en los eventos violentos llegó con la promulgación en La Gaceta, diario nacional, de la Ley de Amnistía, Decreto número 47-91, del 22 de diciembre de 1991.

Esta ley otorgaba una “amplia e incondicional amnistía por todos los delitos políticos y comunes conexos”, cometidos entre el 10 de mayo de 1990 y la fecha de publicación de la ley, cubriendo a personas detenidas, procesadas, condenadas o no capturadas.

Moisés Absalón Pastora, después de estos acontecimientos, continuó su trayectoria política, siendo un férreo defensor del gobierno de Arnoldo Alemán (1997-2002) y vocero de su comisión de defensa cuando este fue procesado por corrupción.

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COMENTARIOS

  1. Hace 9 meses

    Ernesto Cardenal conoció personalmente a Carlos Fonseca Amador y la opinión del poeta acerca de Fonseca no es muy positiva. El poeta notó que Fonseca no estaba ‘bien de la cabeza’ y expresaba muchas ‘locuritas’. Fonseca Amador no es ningún héroe sino más bien un resentido social debido al hecho de que era un hijo bastardo y por consiguiente estigmatizado por la sociedad de esa época lo cual estaba errado. Los gobiernos liberales de esa época y sobre todo el de Luis Somoza le ofrecieron becas a Fonseca para que fuera a estudiar donde él quisiera, ya sea Harvard, Oxford, La Sorbona, etc. Una beca completa. El tipo era un vago aventurero y un resentido social determinado a destruir la sociedad que lo miraba de reojo por ser hijo fuera de matrimonio. Fonseca no es un héroe y no me explico por qué no ponen entre comillas en este artículo la palabra héroe.

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