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Con la manga de la camisa
La mañana del domingo 3 de mayo de 2015 Francisco Javier Ponce Sanarrusia, de 30 años, apareció ahorcado. Estaba en una celda de la Dirección de Auxilio Judicial, el Chipote. Tres días después un comisionado y tres funcionarios de Medicina Legal comparecieron ante la prensa para dar la versión oficial de los hechos. El reo se había suicidado con “una camisa manga larga”.
Un médico forense especificó que Ponce empleó “su camisa a cuadros, mangas largas”. En la soledad de la celda el joven “enrolló la camisa, hizo un nudo simple, se lo pasó por el cuello, ató la manga izquierda a la rejilla (de ventilación del techo) y la manga derecha se la colocó entre los dientes para evitar que el nudo simple se soltara”.
Además, las contusiones y los moretones que presentaba el cuerpo eran resultado de los golpes contra la litera durante el proceso de asfixia. La familia Ponce no aceptó esa explicación.
“Me lo mataron, a mi hijo me lo mataron, porque ellos lo tenían todo golpeado. El Gobierno es lo que hace, mandar a matar a la gente para callarles la boca. Mi hijo era muy macho y no se iba a quitar la vida de esa manera”, declaró su madre en aquel momento.
Ponce fue uno de los seis detenidos cinco días antes, el martes 28 de abril, en redadas policiales irregulares, realizadas en Rivas sin orden judicial y sin el posterior acompañamiento de abogados defensores. Los investigaban por la muerte del oficial de inteligencia Rafael Delgadillo Mora, ocurrida en esa ciudad el 15 de abril.
La familia del difunto aseguró que presentaba signos de tortura, como heridas y costillas quebradas. Para sus parientes, primero lo mataron y luego lo colgaron del techo. Además, afirmaron, él siempre usaba camiseta mangas cortas y así estaba vestido cuando se lo llevaron preso.
La Policía dijo que sancionarían a quien lo dejó ingresar a la celda vistiendo mangas largas.

Con el elástico del calzoncillo
En abril de 2018 otro joven se “suicidó” en una celda de la Policía. Esta vez con el elástico de su propio calzoncillo y en la ciudad de Matiguás, Matagalpa. Kevin Pineda presentaba marcas de ahorcamiento y sus dedos estaban encogidos y quebrados. Tenía la boca cerrada, varios moretones en el torso, los ojos entreabiertos y los pómulos inflamados. Lucía “una expresión serena en el rostro que contrastaba con los golpes en la cabeza y los oídos reventados”, detalló el Diario LA PRENSA el 15 de abril de ese año.
Según la versión oficial de la Policía, Kevin Pineda estaba en una celda preventiva donde “el domingo 8 de abril del año dos mil dieciocho, a las cinco de la mañana, se colgó con el elástico del calzoncillo al portón de la celda”.
La noche anterior el joven de 19 años fue apresado en las afueras de un bar de Matiguás. Andaba de fiesta porque dos días antes había regresado de Costa Rica. A las 10:00 de la noche de ese sábado 7 de abril el bar Acacia estaba a punto de cerrar, pero Pineda pidió una media de ron y pagó con cien córdobas. Entonces le dijeron que ya no había servicio y, según su tía Jasmina Herrera, ahí inició el altercado por el que el joven acabó en una patrulla de la Policía.
“Kevin gritaba que le regresaran el dinero. Le gritaba a una de las mujeres (meseras) que le regresara el dinero, pero ella se negaba a dárselo”, aseguró. Se lo llevó la patrulla, enchachado y golpeado, y “cada vez que la camioneta se detenía, un policía se paraba y le pegaba patadas”, declaró en 2018 la señora, quien siguió a su sobrino montada como pasajera en una moto.
La familia del joven recibió aviso del supuesto suicidio cuando él ya estaba muerto en el hospital. A su padre le mostraron en un celular fotografías del cuerpo colgado a una altura de poco más de un metro y nada más. Ni siquiera le compartieron las imágenes.
En diciembre de 2017, en la misma estación de Matiguás, oficiales de la Policía golpearon salvajemente al campesino Juan Lanzas, quien acabó perdiendo sus dos piernas.

El caso de Eddy Montes
El jueves 16 de mayo de 2019 Eddy Montes Praslin, originario de Matagalpa, ciudadano estadounidense y reo político del régimen Ortega Murillo, fue asesinado en el centro penitenciario “La Modelo”. Según la versión oficial, Montes intentó arrebatar un fusil a un custodio durante un supuesto “amotinamiento” y, en medio del forcejeo, recibió un disparo. Sin embargo, más de cien presos políticos presentes ese día desmintieron esa versión y denunciaron que se trató de una ejecución deliberada desde 30 metros de distancia.
Testimonios relatan que Montes, apodado “el Pastor” por sus compañeros de encierro, estaba en la galería 16-1 jugando ajedrez cuando escuchó disparos. Un guardia había llegado a insultar a los reos políticos que mantenían tomadas las galerías 16-1 y 16-2 desde hacía dos meses e incluso les apuntó con su Ak-47.
Un grupo de presos políticos respondió con piedras a los insultos y amenazas del guardia, quien corrió a buscar refuerzos y volvió acompañado de otros custodios y antimotines, disparando balazos y arrojando gases lacrimógenos.
“Él (Montes), tratando de proteger a los más jóvenes, salió de donde estaba jugando ajedrez y en esa situación lo balearon. Fue un acto de abuso, ellos dispararon a mansalva y mortal, y una de ellas (balas) dio en la humanidad de Eddy Montes”, relató un exreo político.
Cuando los ánimos se calmaron, los reos lloraron a su muerto. Eddy Montes, de 57 años, era querido por todos. Estaba preso desde octubre de 2018, luego de que denunciara ante la Policía de Matagalpa a los tomatierras sandinistas que se instalaron en una propiedad que él planeaba lotificar.
Lea también: La historia de Eddy Montes Praslin, el “pastor” ajedrecista de La Modelo

El problema de denunciar a Ortega
El abogado Santos Sebastián Flores Castillo, de 52 años, murió el lunes 8 de noviembre de 2021 en una celda de La Modelo. Cumplía desde 2013 una condena de 15 años por “violación sexual agravada” contra una funcionaria del Poder Judicial. Según organismos de derechos humanos, el cargo tenía motivaciones políticas y carecía de fundamento.
Flores Castillo se dio a conocer públicamente en 2010, cuando acusó a Daniel Ortega de haber violado a su hermana Elvia Junieth, desde que ella tenía 15 años, en 2005. Desde entonces el abogado enfrentó hostigamiento y persecución, junto con otros miembros de la familia, que en su mayoría se exiliaron.
Flores Castillo siempre se declaró inocente y mantuvo su acusación contra Ortega. Durante ocho años fue sometido a condiciones inhumanas, aislamiento, tortura, abuso sexual y negligencia médica, situaciones señaladas continuamente por organismos de derechos humanos. El régimen de Ortega le restringió el acceso a su familia y abogados e ignoró sus problemas de salud hasta el momento de su muerte.
La dictadura no esclareció las causas del fallecimiento del reo ni respondió a las exigencias de una investigación independiente. El caso permanece en la impunidad.

Hugo Torres, de salvador a reo
El 13 de junio de 2021 el general en retiro Hugo Torres grabó un video advirtiendo que sería apresado por la dictadura Ortega Murillo, durante una ola de allanamientos a las casas de miembros del partido opositor Unamos.
“La dictadura de los Somoza no logró encarcelarme… Hace 46 años arriesgué la vida para sacar de la cárcel a Daniel Ortega y a otros compañeros presos políticos… Pero así es la vida… Los que una vez acogieron principios en favor de la justicia, en favor de la libertad, hoy los han traicionado, hoy son sus principales enemigos de esos principios”, dijo Torres en el video. Ese mismo día, 16 oficiales de las Tropas Especiales entraron a su casa y se lo llevaron preso.
Torres fue el único guerrillero que participó en las dos grandes acciones emblemáticas del Frente Sandinista: el asalto a la casa del ministro José María Castillo en diciembre de 1974 y el asalto al Palacio Nacional, en agosto de 1978. En la primera acción, como “Comandante Uno”, logró la liberación de varios presos políticos, entre ellos Daniel Ortega, el hombre que 46 años después lo convertiría en reo.
Se presume que cuando Torres llegó a la mazmorra de El Nuevo Chipote ya iba enfermo. Aunque al inicio mostraba mucho ánimo, empezó a comentar que sentía un dolor fuerte en la parte baja de la espalda. Pensó que se trataba de cosas de la edad (73 años) y hacía estiramientos para aliviar el malestar. Pero el dolor creció y las piernas se le hincharon.
En la cárcel solo recibía una pastilla para el dolor y una contra la inflamación. Llegó el momento en que ya no se podía mover y, cuando la dictadura decidió trasladarle al hospital, ya lo habían encontrado desmayado en su celda. Torres murió en la madrugada del sábado 12 de febrero de 2022, en el hospital de la Policía, Managua, 244 días después de haber sido capturado por órdenes del hombre que él mismo salvó.
Lea también: Hugo Torres: el guerrillero que liberó a su verdugo

De hermano a hermano
Humberto Ortega Saavedra murió como reo político de su hermano mayor, Daniel Ortega. Ocurrio la madrugada del lunes 30 de septiembre de 2024, a los 77 años. Falleció de un paro cardiorrespiratorio en el Hospital Militar de Managua, al que fue trasladado de emergencia desde su casa, donde cumplía arresto domiciliario desde mayo, luego de emitir declaraciones que no le agradaron a su hermano ni a su cuñada Rosario Murillo.
En la que habría de ser su última entrevista, concedida a Infobae, el exjefe del Ejército aseguró que el poder dictatorial de su hermano carecía de sucesores y que, al morir este, tendría que haber elecciones. Tras estas declaraciones, el general en retiro fue puesto bajo régimen de casa por cárcel de facto.
La Policía impuso vigilancia permanente en su residencia, sin acceso a dispositivos electrónicos, salvo por un celular que mantenía escondido y desde el cual, el 9 de junio, mandó un mensaje de audio al diario Confidencial.
“Se me impiden las visitas, incluyendo las de mis familiares cercanos. Estoy totalmente aislado, sin teléfono, computadora, radio o televisión. Este (teléfono) que empleo lo tengo escondido para emergencias. Se me impide mi tratamiento médico en el hospital privado Vivian Pellas. Mi condición de salud está muy precaria, y hace unas horas más, por lesiones que han brotado y amenazan en mis piernas, infección que se podría extender a mi corazón. Todo el estrés que mi prisión injusta multiplica puede producir un desenlace fatal en cualquier instante”, advirtió en esa grabación, que el medio publicó después de su muerte.

Agonía en la galería 16
José Modesto Solís no murió en una celda. Pero las condiciones que sufrió en el sistema penitenciario La Modelo lo condujeron a ese desenlace apenas tres meses después de su excarcelación.
Estaba preso desde finales de mayo de 2023, cuando lo metieron en una celda del Distrito III de la Policía tras haber demandado en sus redes sociales la liberación de monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa encarcelado por la dictadura. Ahí cumplió 53 años, el 6 de junio. Estaba muy delgado, pero no se veía tan enfermo. El 9 lo trasladaron a La Modelo y su salud empezó a deteriorarse con creces.
“Lo trataban como animal”, relató José Enrique Sánchez, un exreo político que lo cuidó durante su agonía. A mediados de junio Solís presentó fiebre y tuvo una crisis de vómitos que no le permitían alimentarse con regularidad. A partir de entonces perdió peso rápidamente. Se le cayó el pelo y le aparecieron moretones en las piernas. No recibió atención médica sino hasta el día en que cayó al suelo y ya no se pudo incorporar por su cuenta.
Los custodios le dijeron que tenía anemia, que tenía diabetes y, por último, que era una gripe. Su condición médica no mejoró el trato que le daban. Los guardias se burlaban de él por ser homosexual y lo obligaban a comer, aunque todo lo vomitaba. Solís siempre tenía frío y necesitaba ayuda incluso para ir al baño.
Cuando finalmente lo excarcelaron, “engrilletado de manos y pies”, fue “para que no se les muriera ahí en el penal”, consideró Sánchez. José Modesto murió en silencio, el jueves 21 de diciembre de 2023. A los reos políticos que permanecían en la galería 16 les llegó la noticia hasta enero de 2024.
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