Luisa es una joven originaria del departamento de Chinandega. Tiene 27 años y desde hace un año no ha podido ver nuevamente a sus dos hijos, Irina de 13 años y Carlitos de 8. “Todo fue en contra de mi voluntad y hasta el día de hoy me sigo preguntando por qué me pasó esto”.
Todo comenzó en octubre de 2024, cuando aceptó irse de vacaciones con su mejor amiga a Panamá. Sería una semana en las playas y, sobre todo, de compras de regalos para sus hijos y su familia. Su vuelo de regreso estaba previsto para el 7 de octubre, pero un día antes recibió un correo electrónico de la aerolínea avisándole que el Ministerio del Interior (Mint) le negó el retorno al país.
“El mundo se me vino encima. Yo allá tenía mi trabajo en una empresa de importación de productos alimenticios, mi casa, mis hijos, mis padres. Todo mi mundo”, dijo vía telefónica a LA PRENSA.
Aún le cuesta hablar del tema y, por razones de seguridad, no quiso ser citada con su nombre y apellidos, porque aún tiene esperanzas de poder regresar a Nicaragua.

Un sistema orquestado desde el poder
Un informe presentado en abril de este año por el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN) de la ONU concluyó que las expulsiones y negativas de ingreso forman parte de un plan deliberado de la dictadura de Ortega Murillo para eliminar cualquier forma de disidencia.
Las órdenes de negación de ingreso provienen directamente de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME) y la decisión final recae en la dictadora Rosario Murillo. Según el informe, en ausencia de una orden judicial, Murillo y el viceministro del Interior, Luis Cañas, determinan quiénes son despojados de su nacionalidad basándose en información recopilada por la Policía, el Ejército y altos mandos del sandinismo.

La frontera que nunca cruzó
Raúl, de 23 años, sólo iba cuatro días a Ciudad de Guatemala para participar en un congreso de agentes aduaneros. Salió por tierra el 20 de mayo y tenía previsto regresar el 25 de ese mes. En la capital guatemalteca vivían unos familiares y aprovechó el viaje para visitarlos.
Raúl cursaba su segundo año de Administración Aduanera. La fecha del congreso era perfecta para regresar a tiempo a Nicaragua y celebrar el Día de las Madres con toda su familia. Sin embargo, no ha podido regresar desde entonces.
Lea además: ¿Qué pasa con nuestras emociones cuando migramos?

Cuestionado por estudiar
El caso de Raúl fue distinto al de Luisa porque logró subirse al autobús de regreso a Nicaragua y, justo en el puesto fronterizo de El Guasaule, cuando los pasajeros se bajaron para hacer el chequeo, un agente de Migración nicaragüense lo apartó del grupo y lo condujo a una sala donde lo interrogaron.
“Fueron como cuatro horas. Me preguntaban que si yo era estudiante, les dije que sí. Me preguntaron dónde estudiaba, que por qué andaba en Guatemala, que con quiénes me reuní, que si tengo visa americana. Luego me preguntaron sobre mis padres, mis hermanas, dónde trabajaban y así estuvieron hasta que me hicieron perder el bus y, al final, me dijeron que mi entrada a Nicaragua había sido negada. Ahí mismo en la frontera”, contó a LA PRENSA.
Ahí se quedó, sin saber qué hacer. Perdió su maleta, sólo tenía el dinero que llevaba en su billetera, su celular y su pasaporte. Llamó a sus padres llorando y confesó que, en un primer momento, quiso cruzar la frontera a pie por puntos ciegos, pero le dio terror caer en manos de los agentes de Migración.
Lea además: Estos son los derechos de las personas adultas mayores en Nicaragua
Cerca y lejos a la vez
Su padre le envió dinero por una empresa de remesas y, en cuestión de horas, estaba de regreso en un bus rumbo a Guatemala.
“Sigo pensando que es un malentendido. Que sólo por ser estudiante y viajar piensan que uno anda haciendo cosas que ni al caso”, comenta.
En Guatemala no trabaja ni estudia. En estos meses se ha dedicado a ayudar a sus familiares en las labores domésticas y dice que siente que, si comienza a trabajar, eso sería como renunciar a la idea de querer regresar a Nicaragua.
“Es que estoy tan cerca de Nicaragua y, al mismo tiempo, siento mi país tan largo. Extraño a mi familia. Mi año de carrera ya lo perdí. Yo sé que voy a regresar”, concluyó.
Lea además: Ortega y Murillo podrían ser llevados ante la CPI por crímenes cometidos en el exilio
Generar temor
Según Salvador Marenco, abogado del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, desde enero de 2024 hasta 2025 ha documentado más casos de personas a quienes se les ha negado la entrada al país, incluyendo a aquellas que no cuentan con estatus de refugio o asilo.
“Podría ser por varios factores, una nueva forma de generar temor a la población. Esto puede generar ruptura familiar, afectaciones económicas, generar disuasión. Son múltiples factores que llevan a implementar estas medidas y hay una apatridia de facto como tal, y no sólo de forma judicial. Lo han tratado de masificar porque es una forma más efectiva de dejar a las personas con vulnerabilidad”, dijo a LA PRENSA.
En cuanto a los perfiles de los afectados, Marenco señaló que documentó casos de periodistas, empresarios, familiares de presos políticos y familiares de opositores, aunque también hay ciudadanos que nunca se han involucrado en temas políticos.

Lea además: Infancia robada: el precio invisible del despojo de la nacionalidad nicaragüense
Ceder ante la extorsión
El 24 de abril de 2025, LA PRENSA publicó un artículo donde revelaba que la dictadura de Daniel Ortega estaba implementando un nuevo mecanismo de extorsión contra los nicaragüenses a quienes se les había negado la entrada al país, que consistía en exigir pagos a empresarios para permitirles el reingreso a Nicaragua. Posteriormente, esta práctica se extendió a ciudadanos comunes. Además de las cuantiosas sumas de dinero, LA PRENSA también informó que se pedía a las personas escribir una carta de “perdón” dirigida a Rosario Murillo.
Luisa supo de esta noticia y desde abril de este año comenzó a reunir dinero. “Yo por suerte tengo estudios universitarios y hablo inglés. Así que pude encontrar trabajo en Panamá en cuestión de semanas. Cuando supe lo del pago comencé a guardar dinero para hacerlo”, dijo.
Al consultarle sobre qué sentía al estar siendo prácticamente extorsionada para regresar a su propio país, respondió en tono triste: “Yo sé que no está bien. Yo sé que es chantaje y hasta un robo. Pero yo no sé qué más hacer”.
Actualmente, en Panamá trabaja en atención al cliente en una tienda virtual. Además, imparte en línea clases de inglés.