Migrar no sólo implica atravesar fronteras físicas. También conlleva cambios profundos en lo emocional, social y psicológico. Para muchas personas, salir de su país representa una experiencia dolorosa y cargada de contradicciones internas. Esta experiencia se conoce como “duelo migratorio” y, aunque puede ser silenciosa, sus efectos tienen un impacto real en la salud mental.
La psicóloga Vera Campos Céspedes aseveró que este tipo de duelo es comparable al que se vive tras la pérdida de un ser querido. Sin embargo, posee características particulares que lo hacen más complejo de identificar.
“Si nosotros no atendemos estos procesos de duelo migratorio, ese duelo se va a prolongar y se va a hacer un duelo crónico o complicado”, aseveró. “Entonces aquí viene a alterarse la parte de la integración emocional, pueden aparecer síntomas de ansiedad severa, trastornos depresivos o síntomas psicosomáticos”, dijo.
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Campos aseguró que comprender la etapa del duelo migratorio es clave para enfrentarlo de forma saludable y evitar consecuencias que se manifiestan a corto, mediano o largo plazo. Especialmente en contextos donde las personas migran forzadas por crisis económicas, políticas o de seguridad, el duelo migratorio se convierte en una herida abierta que acompaña silenciosamente.

Un acompañante silencioso
En el caso del duelo migratorio, aunque no se pierde a una persona, se deja atrás una vida entera, compuesta por familia, amigos, objetos, idioma, rutinas, costumbres, estatus. Todo eso queda en el país de origen. Campos explicó que, a diferencia del duelo tradicional, el migratorio no es definitivo.
“Al mismo tiempo es un duelo parcial, porque muchas veces anhelamos volver. Y también es recurrente, porque se revive en llamadas con la familia, en fechas especiales, o cuando sufrimos discriminación”, dijo la especialista.
La culpa
Además, muchas personas experimentan un sentimiento de culpa asociado al hecho de haber emigrado. Campos lo denomina “culpa migratoria”, y señala que puede afectar incluso a quienes tomaron la decisión con entusiasmo.
“Es la culpa de haber dejado una profesión, una familia, un estatus. Por eso se llama culpa migratoria, porque es desde lo que yo dejé o desde los que yo me separé”, señaló.
Esto puede provocar, además, dificultad de adaptación al nuevo entorno. Las comparaciones constantes con el país de origen, la resistencia al cambio, e incluso la negación de lo nuevo, son expresiones comunes de este duelo.
“Tendemos inclusive a comparar. Entonces empiezo a ver todo desde un pensamiento negativo y no encuentro la parte bonita a lo que estoy viviendo”, dijo.
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¿Cómo se vive el duelo dependiendo de la edad?
La manera en que una persona enfrenta el duelo migratorio varía según su edad. En el caso de la niñez, el impacto puede ser profundo si no se maneja adecuadamente. Muchas veces, las decisiones migratorias se toman sin informar ni preparar a los menores.
“Muchas veces los adultos no informamos. Sacamos al niño de su zona segura sin explicarle nada. Luego el niño pregunta por los abuelos, los amigos, y se vuelve retraído, temeroso o resistente a asistir a la escuela”, explicó Campo.
Con los adultos mayores, el duelo migratorio puede ser más profundo debido al arraigo. Para muchas personas mayores, dejar su casa, su comunidad y su historia es una ruptura emocional muy fuerte.
¿Qué pasa si no se enfrenta?
Campos señaló que si no se atiende, puede derivar en problemas graves de salud mental y física. Además, señaló que, al igual que otros tipos de duelo, si no se procesa adecuadamente, puede convertirse en un «padecimiento crónico».
“Hay síntomas de ansiedad, depresión, alteraciones en el sueño, pérdida de apetito, incluso molestias gastrointestinales o sensación de malestar constante. Por eso es vital identificar las emociones y buscar un proceso adaptativo lo más sano posible”, añadió.
Una de las recomendaciones más importantes es fortalecer las redes de apoyo, tanto con personas del país de origen como con personas del país de acogida. Mantener vínculos, tradiciones y costumbres propias ayuda a preservar la identidad y la autoestima, pero también es necesario integrarse a la nueva sociedad.