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En medio de los recientes hallazgos —revelados en documentos filtrados del Pentágono— sobre las actividades e intereses que tiene Nicaragua con China e Irán, países considerados adversarios de Estados Unidos, el dictador Daniel Ortega no deja de sostener encuentros y firmar acuerdos con funcionarios de esos países, e incluso —en medio de la guerra que mantiene Rusia contra Ucrania— recibió en Managua al canciller ruso, Serguéi Lavrov.
Ortega aprovechó el encuentro con el canciller ruso, Serguéi Lavrov, para responder a las sanciones que EE. UU. impuso a tres jueces orteguistas identificados de desnacionalizar y desterrar a más de 300 nicaragüenses en febrero pasado, y dijo: «A nosotros eso no nos provoca ningún temor, ninguna preocupación (tienen) los compañeros que son sancionados».
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Expertos en relaciones internacionales y analistas políticos consultados por LA PRENSA coinciden que el dictador con los movimientos que está realizando con estos tres países está tentando a los EE. UU. y que la respuesta del gobierno norteamericano obedecerá con que tienen que recuperar su hegemonía en Latinoamérica y es ahí donde las tensiones escalarían.
Manuel Orozco, politólogo nicaragüense y director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, opina que las filtraciones de los intereses de Ortega reflejan «una política exterior torpe de Nicaragua, intentando por un lado afianzar su bando con los ‘malos de la película’, y por otro tratando de aprovechar un beneficio colateral de ayuda material».
Con la China, de Xi Jinping
Filtraciones revelan que dictadura mantiene «negociaciones secretas» con Pekín para que el gobierno de Xi Jinping le financie el fallido proyecto de la construcción de un puerto de aguas profundas en Bluefields, Caribe Sur, y a cambio Ortega le estaría ofreciendo al gigante asiático acceso naval.
El fin de semana Ortega durante una reunión que sostuvo en Managua con Luo Zhaohui, presidente de la Agencia China de Cooperación Internacional para el Desarrollo, arremetió contra Taiwán, Estados Unidos y la Iglesia católica de Nicaragua, exigió expulsar a Taipéi del SICA por considerarla «una base militar de EE. UU». y abogó para que entrara China.
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Laura Richardson, general y jefa del Comando Sur de Estados Unidos, advirtió en marzo pasado que China «continúa expandiendo su influencia económica, diplomática, tecnológica, informativa y militar en América Latina y el Caribe». Y expresó su preocupación debido a que la región «está llena de recursos y me preocupa la actividad maligna de nuestros adversarios aprovechándose de eso. Pareciera que están invirtiendo cuando en realidad están extrayendo».

Por su parte, Carlos Murillo Zamora, experto en derecho internacional, temas de integración y catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR), destaca que China ha estado buscando un acceso a puertos de aguas profundas en América Latina, particularmente en la zona del Pacífico, pero que «no se descarta en el Caribe».
La intención del gigante asiático —dice Murillo Zamora— es principalmente ampliar el puerto de La Unión que fue construido por Japón y remodelado por Taiwán en El Salvador para «atracar buques militares chinos, ese es el proyecto que tiene China de cara al 2030», por ello considera que «cualquier puerto de aguas profundas en Centroamérica le serviría a gran escala. China a diferencia de otros países intenta ubicar no solo un puerto, sino tener varias opciones».
Y de concretarse el proyecto, indica, se «incrementarían la tensión y confrontación militar entre China y Estados Unidos en América Latina, principalmente en Centroamérica que ya se está dando, pero sería a gran escala».
Con su eterno aliado Vladímir Putin
Con la nación que gobierna Putin, sobre quien pesa una orden de detención girada por la Corte Penal Internacional (CPI) por cometer crímenes de guerra, el régimen no solo ha sostenido encuentros con sus funcionarios, sino que ha salido a su defensa y exige que se le otorgue el estatus de país observador ante el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), un organismo regional.
Ortega a través de un comunicado firmado por el canciller orteguista señaló que las decisiones del Consejo del SICA son de obligatorio cumplimiento y que «la cuestión de Rusia–Ucrania es un tema que está fuera de la agenda regional».

A lectura del exdiplomático y analista político, José Dávila, el hecho de recibir al canciller ruso equivale a demostrar que el régimen de Ortega «ha decidido ser un peón del bloque de dictaduras mundiales que encabeza Rusia y China, es una concepción de política exterior lo más alejado de la razón y la lógica».
Por su parte, el analista político y exdiputado, Eliseo Núñez, apunta que Ortega mira en la región una oportunidad para crear un bloque en contra de EE. UU., «está apuntando a que la capacidad de enfrentar a EE. UU. ha sido pobre, que incluso élites económicas como las que estaban en Guatemala y Honduras hoy están en contra de EE. UU., y pretende que con el componente de China y Rusia esto se consolide».
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Núñez añade que «definitivamente lo que tenemos es un oportunismo de parte de Ortega y a los rusos les interesa generar este tipo de bloque para tener una pieza de negociación, porque ellos tienen el concepto de la áreas de influencia de cada una de las potencias, el área de influencia de EE. UU. (para ellos) es Latinoamérica, entonces creen que después pueden negociar que Estados Unidos salga del área de influencia rusa».
Detrás de Irán se encuentra Hezbolá
El pasado 13 de abril, el embajador del régimen ante Irán, Isaac Bravo Jaen, sostuvo un encuentro con Mehran Fatemi, gobernador de la provincia de Yazd. De hecho, durante la toma de posesión de Ortega el 10 de enero de 2022, figuró como invitado el vicepresidente de Asuntos Económicos de Irán, Mohsen Rezai, uno de los imputados por la justicia argentina por el atentado de 1994 contra la mutua judía AMIA, en Buenos Aires y sobre quien pesa una alerta roja de la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol).

Con Irán, la nación que considera el régimen como «gemela», se expuso que el Ejército de Nicaragua contempló la posibilidad de reforzar su cooperación militar para «contrarrestar la influencia estadounidense en América Latina». Teherán figura en la lista negra del Departamento del Comercio de EE. UU. a la que recientemente se sumó la institución de la Policía de Nicaragua.
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En cuanto a las intenciones que tiene Nicaragua con Irán, los expertos advierten que es un tema más delicado. En el fondo, dice Carlos Murillo Zamora, es «más preocupante porque siempre detrás de Irán viene Hezbolá y algunos otros grupos armados ilegales que son respaldados por Irán».
Orozco apunta que a diferencia con China, Irán tiene poco que ofrecer estratégicamente, por lo que «cualquier vinculación táctica militar —sea por la vía de entrenamiento, ventas de armas, oferta de tecnología— representa un cambio logístico en su entrenamiento básico que acarrearía más costos que beneficios».
Amenaza y respuesta de EE. UU.
El politólogo nicaragüense Manuel Orozco remarca que es importante recordar que para Estados Unidos, Nicaragua bajo la dictadura orteguista «está marcado como un Estado paria al que se le maneja a la distancia, pero con atención».
Dice que la preocupación de Washington con Nicaragua no es la amenaza geopolítica de Irán —a diferencia de China que sí representa un riesgo con su presencia regional— sino la consecuencia del deterioro a largo plazo que está causando el régimen sobre su sociedad. «Esa consecuencia se mide en términos económicos, políticos y de migración, así como el efecto epidémico en otros lugares. La lectura de esta Administración sobre Nicaragua es que es una amenaza de baja intensidad, aunque diplomáticamente es más que una molestia para Estados Unidos», afirma.
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Murillo Zamora no duda en asegurar que ambos países (Irán y China) están buscando cómo posicionarse en el traspatio de los EE. UU., y afirma que a «Nicaragua le sirve porque de alguna manera le dice a los EE. UU. ‘ni intenten volvernos a ver porque aquí tenemos además de Rusia, a dos aliados más dispuestos a defendernos'».
Por eso, considera que los intereses de Ortega son parte del juego «de tener aliados de gran peso militar y como actores internacionales para evitar que EE. UU. lo presione. Pero es un aumento de las tensiones políticas-militares en Centroamérica».
También enfatiza que las actividades que tiene Nicaragua con China e Irán representan un peligro o amenaza para el país norteamericano, puesto que, «tarde o temprano EE. UU. tendrá que entender que si quiere recuperar su hegemonía al menos en América Latina o en su traspatio en Centroamérica y el Caribe, así como a nivel global, va a tener que recuperar terreno en Centroamérica y es ahí donde se encontrarían que China, Irán y Rusia están ya metidos en su traspatio y las tensiones van a ser súper mayores».
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Este experto opina que actualmente la Administración Biden tiene limitantes como consecuencia de los problemas internos serios de no poder alcanzar consensos bipartidistas respecto a este tipo de provocación del régimen, pues, sostiene que «están concentrados en Ucrania y Taiwán, que son puntos álgidos en las relaciones internacionales». Sin embargo, dice que el gobierno norteamericano podría aumentar las sanciones contra el régimen y sus aliados.
Carlos Cascante Segura, profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), añade que otra de las posibles respuestas es «señalar elementos internos a Nicaragua para que no avance con el proyecto, haciendo presión incluso a China para que no avance más en Centroamérica (como lo ha hecho) y reforzando la cooperación con socios que aún le son cercanos en Centroamérica».
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