Daniel Ortega. Archivo/LA PRENSA

Claves para entender por qué no cayó Ortega en la rebelión del 2018… y no es solo por las armas

A cuatro años del estallido de la crisis sociopolítica Ortega sigue en el poder, pese a la presión y sanción internacional. Analistas señalan los errores que no deben volver a repetirse

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A siete días de conmemorar el cuarto aniversario de la Rebelión de Abril de 2018 que fue aplastada por la violencia estatal, provocando la muerte de más de 300 personas, miles de exiliados y decenas de encarcelados, el dictador Daniel Ortega, señalado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de haber cometido “crímenes de lesa humanidad”, sigue en el poder. Y no es exclusivamente solo por las armas, hay otras razones que analistas plantean.

El rechazo del pueblo al régimen fue masivo, los nicaragüenses pasaron en abril de 2018 de protestas contra unas fallidas reformas al Seguro Social a exigir la renuncia de Ortega y Murillo del poder, en el que se mantienen a punta de represión.

represión, régimen de Daniel Ortega,
La crisis sociopolítica que inició en 2018 se ha extendido hasta la fecha con el aumento de la represión y detención de opositores. LAPRENSA/ARCHIVO

El Ejército y la Policía —principales brazos opresores del régimen— fueron señalados por los organismos de derechos humanos como responsables de la violenta represión de las protestas de 2018 contra el Gobierno. Estados Unidos acusó a los militares y a la Policía de dar armas a grupos de encapuchados que actuaron contra los manifestantes, y sancionó en 2020 al jefe del Ejército, Julio Avilés, y al director de la Policía, Francisco Díaz, consuegro de Ortega.

Pero, además de que Ortega tenía el control por las armas, si las demandas de la población y las condiciones estaban dadas, ¿por qué no cayó Ortega? ¿Qué otros factores influyeron para que Ortega siga en el poder? ¿Qué errores cometió la oposición y que no deben repetirse en el futuro?

El principal error: falta de organización

El exdiputado liberal y analista político, Eliseo Núñez, desde el exilio señaló que la primera razón por la que Ortega no cayó en 2018 fue porque «había poca capacidad de organización y articulación» entre los distintos sectores del país.

La segunda, agrega, es consecuencia de la primera, y es que «este tipo de rebeliones se sostienen entre dos y cuatro meses máximo, y ahí es donde encontrás sus picos, ya después de eso no tenés ya fuerza porque la propia ciudadanía comienza a sufrir las consecuencias y, entonces no es que la ciudadanía apoye al régimen, pero sí hay una suerte de cansancio (a favor del gobierno) y tiene tiempo el régimen para ubicar, por medio de mecanismos de inteligencia a los líderes dispersos que están y recogerlos».

Otras de las razones por las cuales no cae Ortega, reiteró Núñez, se debe que «al no haber organización tampoco hay capacidad de plantear una solución política puesta sobre la mesa en una propuesta integral única y que solucione».

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«En este tipo de situaciones no se abren procesos, el proponer abrir un proceso de reforma y esto y lo otro, en una negociación, donde la fuerza que tenés la podés sostener por un corto tiempo, es erróneo. Tiene que negociarse al comienzo, obviamente para eso tenés que estar organizado, y tenés que tener una propuesta de salida, y la propuesta de salida tiene que ver con dar la oportunidad a que la gente misma tenga la última palabra», explicó Núñez.

«Es decir, esto ya es una opinión muy, muy personal, yo hubiera creído de que a Ortega se le debería de haber propuesto un plebiscito para dilucidar si la gente quería que continuara o no en el poder y del resultado del plebiscito ir o no a unas elección, porque a pesar de la rebelión tenés que preguntarle a la gente qué es lo que está pensando respecto a Ortega», insistió Núñez.

En el 2018, en plena rebelión, las organizaciones de la sociedad civil y los grupos empresariales que se unieron a la mesa de negociación con el régimen de Daniel Ortega, la propuesta principal giraba en torno a reformas institucionales y electorales, pero en ningún momento se propuso llevar a un plebiscito o una consulta nacional la permanencia del dictador en el poder y luego avanzar hacia las reformas que requería el país.

Por su parte, un sociólogo que prefirió mantenerse en el anonimato por temor a represalias, coincidió en que el régimen de Ortega no cayó en 2018 porque no hubo y «no hay organización sociopolítica en la sociedad nicaragüense. Los último 150 años los nicaragüenses los han dedicado a la mimetización social y económica. No saben lo que son y pueden, no tienen perspectivas», dijo.

«No hubo plan ni estrategia»

A criterio de un analista político, que también prefirió mantenerse en el anonimato por temor a represalias, «antes de 2018 el régimen de Ortega tenía controlada a Nicaragua, sometida, la población parecía dominada o resignada, nadie pensaba ni había un plan para derrocarlo».

«Y es cuando surge una chispa en abril de 2018 de jóvenes universitarios que defienden a los ancianos de agresiones al querer imponer el régimen una reforma social que los perjudicaba, y en segundo lugar por defensa del medioambiente en la Reserva Indio Maíz. Ahí nadie pensaba en una caída del Gobierno, y más bien se vino una reacción nacional cuando Ortega con la famosa frase de ‘vamos con todo’ de Rosario Murillo, deciden aplastar con una solución militar y paramilitar las protestas juveniles, respondiendo brutalmente con una represión jamás vivida antes de Nicaragua», recordó el analista.

Pobladores del municipio de Monimbó volvieron a levantar barricadas ante la represión del orteguismo. LA PRENSA/NOEL GALLEGOS

«Las masacres contra los jóvenes que protestaban en barricadas provocan un repudio nacional que da lugar a manifestaciones masivas contra el Gobierno, y ahí es donde comienza a exigirse la renuncia de la pareja dictadora, sin ningún plan o estrategia específica para su derrocamiento. No lo hubo», agregó el analista.

El diálogo sirvió de oxígeno a Ortega

Ante el levantamiento cívico, entre el 18 abril y el 12 de mayo, donde ya se reportaban más de 50 personas que habían perdido la vida en medio de las manifestaciones contra Ortega, el analista recordó que «el Gobierno vive en esos meses una crisis delicada, y pide a la Iglesia católica organizar un diálogo que les sirva de oxígeno y fin de la crisis».

«En ese diálogo, la petición esencial de la oposición era realizar elecciones adelantadas que llevara a solucionar la crisis que era muy grave, se buscaba una solución cívica, y nunca estuvo planteado el derrocamiento del Gobierno, más que se sometiera al escrutinio electoral», señaló.

Pero, «es aquí cuando el régimen inventa que hubo conspiración, que fue un intento de golpe de Estado, y comienza nuevas fases de represión encarcelando, asediando y persiguiendo a los opositores, ahogando las libertades públicas, pero que por la presión nacional e internacional de hacer reformas electorales para unas elecciones libres, el pueblo ve la posibilidad de ganar las elecciones a Ortega, y por la vía cívica realizar un cambio de gobierno. Nadie está en plan de lucha armada o de lucha por derrocar al gobierno, sino y con el apoyo de la comunidad internacional ir a unas elecciones libres», añadió el analista.

La mesa del diálogo macional. LA PRENSA/Conferencia Episcopal de Nicaragua

Posteriormente, «aquí es donde Ortega da un golpe contra la libertad y la democracia, aprobando leyes represivas, echando presos a siete precandidatos presidenciales, liquidando a los partidos de oposición, y realizando un fraude para seguir por la fuerza en el poder. El régimen se ha radicalizado en su represión, no libera a los presos, y no da pasos para democratizar el país», señaló el analista.

El régimen Ortega-Murillo lleva 15 años en el gobierno y logró retener el poder por cinco años más tras las cuestionadas votaciones de noviembre pasado. Sin embargo, gran parte de la comunidad internacional considera ilegítimo este nuevo período de gobierno orteguista.

Errores que no deben repetirse

Núñez señaló que los errores que no deben repetirse son la falta de organización y desunión. «Yo creo que hay que mantener la organización por mucho que pareciera en algunos momentos inmóvil y sin capacidades, hay que mantener mucha comunicación entre todos los actores», recomendó.

Como segundo punto, Núñez dijo que «hay que darse cuenta de que esto es un proceso político y en los procesos políticos, aunque los líderes provengan de otros sectores, el pensamiento y la estructuración de la estrategia viene de quienes hacen política, y esto tiene que estar bien claro. Es decir, no podés abandonar totalmente la parte política, pero tampoco podés basarte solo en ella, porque evidentemente cuando se dan estas crisis porque la política en general está en crisis y la clase política no tiene la fuerza ni el liderazgo para encabezar las cosas, pero el que no tenga la fuerza y el liderazgo para encabezar las cosas, no significa que no tenga la capacidad de planificación y de sumar, y ahí hubo otro error, que la ruptura no solamente fue con el régimen sino también con toda la clase política y esto tuvo que haberse manejado de otra forma«.

Posterior a la rebelión, además de que hubo una división a lo interno de los líderes políticos y de las organizaciones de la sociedad civil, todos esto en relación con los partidos políticos tradicionales, dio también oxígeno a la dictadura.

El analista político dijo que «la oposición tendrá que organizarse mejor después de estas experiencias, deben unirse y presentar una alternativa democrática liderada por líderes políticos creíbles, y seguir exigiendo la democracia por medio de elecciones libres que permitan al pueblo elegir el gobierno de su preferencia».

El papel de la comunidad internacional en la crisis

Por otra parte, pese a las presiones y sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea (UE), Canadá y otros países democráticos al círculo íntimo y cooperadores del régimen, además de las condenas y rechazos de los organismos internacionales, a cuatro años de la crisis, Ortega se niega a cambiar el rumbo del país. ¿Ha sido frágil el rol de la comunidad internacional frente al régimen Ortega-Murillo?

Al respecto Núñez manifestó que «con el tema de las sanciones el problema es ese hilo delgado que hay entre colapsar al país y sancionar a quienes han violentado los derechos humanos».

«Entonces eso se trata de no traspasar y de solamente ir a quienes realmente están haciendo el papel de soporte al régimen y han violentado los derechos humanos, que son los dos tipos de sanciones que hay».

A la vez indicó que «la (sanción) más importante que hay, que muchas veces se convierte en simbólica, es a quien ha violentado los derechos humanos; y la otra que es una sanción que apunta a quitarle recursos al sistema represivo, es a quienes alrededor del régimen hacen negocios y le dan soporte financiero al mismo».

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Asimismo aclaró que «el pasar a sanciones que tengan que ver con tratados de libre comercio y con otro tipo de cosas, es una decisión que no ha tomado la comunidad internacional aún con el tema de Nicaragua, y es una posibilidad que está ahí también, si Ortega continúa por el camino que ha estado».

«Pero hasta el momento lo que se trata es de no dañar al pueblo de Nicaragua y cuando se tenga que hacer esto, la valoración va a ser si el daño que está infringiendo Ortega o el que infringe en el mediano plazo es mayor que el que se va a recibir en el corto plazo», repitió.

A Rusia, por ejemplo, Estados Unidos y la Unión Europea la han golpeado con sanciones económicas que no solo han trastocado directamente a Vladímir Putin y su círculo empresarial cercano, sino también el comercio, las relaciones financieras, los activos del país en el exterior, las aerolíneas, entre otros. Pero se trata de una guerra a escala en Ucrania, donde se han cometido crímenes de guerra.

Organismos han cumplido con su papel diplomático

En cuanto al estallido de la crisis sociopolítica y de derechos humanos en abril de 2018, Núñez expresó que «la comunidad internacional fue sorprendida al igual que los nicaragüenses», y destacó que «los primeros que se activaron fueron los mecanismos de derechos humanos que fueron importantísimos para dar fe de la atrocidad que Ortega estaba cometiendo en contra del pueblo de Nicaragua».

Además resaltó que «los mecanismos multilaterales tardaron un tiempo en activarse, y esto definitivamente el día hoy no sucedería así, y es de las cosas que la aposición o los grupos prodemocráticos tienen que tener listos, no pueden abandonar la relación con la comunidad internacional, tiene que ser permanentes porque en el momento en que empiece la última etapa de esta transición hacia una democracia, la comunidad internacional tiene también que acompañarnos al mismo ritmo que los nicaragüenses y no quedarse uno en un carril y otro retrasado», dijo Núñez.

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Por su parte, el sociólogo opinó que «la comunidad internacional hizo lo que le correspondía, denunció, le dio la espalda a Ortega, se quedó con un mínimo de financiamiento que fue gradualmente cerrándose, ahora solo el BCIE (Banco Centroamericano de Integración Económica) es el único que está dando, ni el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) ni el Banco Mundial, ni el Fondo Monetario están aportando recursos, aportaron los recursos que ya tenían comprometidos, y hasta ahí llegó la historia «.

No obstante, cabe mencionar que pese a lo planteado por el sociólogo, lo cierto es que la pandemia y los huracanes Iota y Eta en el 2020 permitieron que la dictadura se oxigenera al recibir elevados montos de préstamos, que en el 2021, tocaron récord. El asunto es que la Nica Act permite los préstamos de carácter humanitarios.

Pero más allá de eso, lo cierto es que el sociólogo considera que los informes presentados por diversos organismos internacionales, como la ONU y la OEA condenando las violaciones de derechos que comete el régimen contra los opositores, han sido contundentes y dejado en evidencia las atrocidades de la dictadura.

«Eso es lo político, eso es lo diplomático, ellos tienen límites diplomáticos, ahora lo que debería de haber es organización sociopolítica en Nicaragua que demostrara todo lo que se estaba diciendo y hubiéramos entrado en otras circunstancias, pero eso no se hizo por falta de organización sociopolítica», dijo el sociólogo.

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