Editorial: Elecciones falsas siempre enlutan a Nicaragua
Según las informaciones, dos personas perdieron la vida por las elecciones municipales del domingo pasado. Pudieron haber sido muchas más, pues ha sido obvia la intención del régimen orteguista de arrebatarle a los liberales las alcaldías en los lugares conocidos como “el corredor de la contra”, donde la gente es muy combativa y no se deja avasallar con facilidad.
El derramamiento de sangre por razones políticas y específicamente electorales ha sido una constante en la historia de Nicaragua. A los extranjeros les parece inverosímil, que después de casi dos siglos de vida política independiente y formalmente republicana, no funcione aquí algo tan elemental como la democracia electoral, el respeto al sufragio y la lucha en forma civilizada por el poder político. Pero lamentablemente esa es la realidad.
Sin embargo, la otra cara de la moneda en esta historia es que nunca se ha dejado de luchar por elecciones libres y la alternancia en el poder. Durante las cuatro décadas de la dictadura somocista, esta lucha fue muchas veces enconada y sangrienta, como por ejemplo el aciago 22 de enero de 1967 cuando el pueblo pagó su lucha por la libertad con la vida de gran cantidad de sus ciudadanos. Y en la turbulenta década de la revolución sandinista de los años ochenta, también se luchó hasta el sacrificio para que hubiera elecciones justas en Nicaragua y se respetara el derecho de los nicaragüenses a votar y a elegir. Ya fuera por medio de los fusiles de la contrarrevolución armada, o mediante las movilizaciones de la oposición pacífica, el objetivo de la lucha era conquistar una auténtica democracia republicana en la que hubiera elecciones libres y prohibición de la reelección presidencial.
A partir de las elecciones competitivas y limpias de 1990, que el régimen sandinista se vio obligado a aceptar; y después, con las contiendas electorales de 1996 y 2001, durante el ciclo de la democracia que duró hasta fines de 2006, Nicaragua ingresó por fin al club de las naciones políticamente civilizadas del mundo. Y hasta se llegó a creer que nunca más habría en este país elecciones fraudulentas y farsas electorales. Sin embargo, con el retorno de Daniel Ortega al ejercicio del poder, en enero de 2007, se restituyeron el autoritarismo gubernamental y la práctica de los fraudes electorales con la inevitable consecuencia de las protestas ciudadanas y el trágico saldo de personas asesinadas.
Con las dos muertes ocurridas en el marco de las elecciones fraudulentas del domingo pasado, ya son 10, por lo menos, los nicaragüenses que han perdido la vida como consecuencia de los fraudes electorales, desde que Daniel Ortega volvió al poder en 2007. Y esta lista macabra está abierta, porque sin duda que la lucha por elecciones libres y por el respeto al principio de no reelección continuará de manera inevitable en el futuro, hasta que Nicaragua vuelva a ser República.
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