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Cualquier nicaragüense que transite por la carretera Panamericana norte y ve la estatua ubicada en las inmediaciones de la entrada a la Hacienda San Jacinto puede reconocer inmediatamente al personaje representado: Andrés Castro, el sargento que, durante la batalla del 14 de septiembre de 1856 en la Hacienda San Jacinto, pasó a la historia por derribar de una pedrada a un filibustero estadounidense.
El monumento cumple setenta años y guarda una particularidad poco conocida: la estatua no tiene el rostro de Andrés Castro.
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La escultura la realizó la artista Edith Grön y el hombre que posó para ella fue Bill Turcios, un reconocido boxeador, entrenador de púgiles, árbitro y hasta capitán de bomberos.
Fue la figura de Trucios la que Grön tomó como referencia para crear el monumento que desde entonces varias generaciones de nicaragüenses han identificado como el héroe patrio Andrés Castro.
Una iniciativa estudiantil
Hace setenta años estudiantes del Instituto Nacional Ramírez Goyena, guiados por el profesor Guillermo Rothschuh Tablada y con la participación de Carlos Fonseca, promovieron una campaña para levantar un monumento en honor a Castro, en el mismo sitio donde ocurrió la batalla.
Los alumnos realizaron una colecta entre la población para financiar el proyecto y escogieron a Edith Grön para ejecutar la obra.
El objetivo de los estudiantes fue rendir homenaje al campesino y soldado nicaragüense que, en medio del combate en el que se enfrentaba contra los hombres de William Walker, a pesar de no tener tiempo para utilizar su arma, no se dio por vencido y lo derrotó con una piedra. La escultura la develaron en septiembre de 1956, en el marco de las celebraciones por los 100 años de la Batalla de San Jacinto.
El historiador Roberto Sánchez (q.e.p.d.) relató en diversas ocasiones que los estudiantes no pretendían que Anastasio Somoza García encabezara la ceremonia.
“Nosotros inauguramos el monumento en septiembre de 1956 y Somoza (García) nos mandó a pedir que quería estar y le dijimos que no”, explicó Sánchez a LA PRENSA. Según el historiador, Somoza García terminó pasando por el lugar en una caravana y lo hizo visiblemente molesto.
Seis días después de aquella inauguración, en una fiesta realizada León, Rigoberto López Pérez le disparó a Somoza García. El dictador murió ocho días después del atentado, el 29 de septiembre.

El hombre detrás del rostro de Andrés Castro
Setenta años después de aquella inauguración, la estatua continúa asociada a uno de los episodios más recordados de la historia militar de Nicaragua, pero el rostro pertenece a Bill Turcios.
Turcios no fue escogido por su relación con la historia de San Jacinto, sino por sus características físicas. El boxeador mantuvo además una relación sentimental con Edith Grön durante siete años, desde 1938, según los datos históricos sobre la escultora.
Así, la imagen que hoy se encuentra frente a la Hacienda San Jacinto es una representación artística de Andrés Castro basada en otro hombre.
¿Quién fue Andrés Castro?
Andrés Castro nació en 1831 en la Villa de Managua. Sus padres fueron Regino Castro y Javiera Estrada, una familia campesina dedicada a las labores agrícolas.
Castro tenía afición por la música y, según las reseñas históricas sobre su vida, disfrutaba tocar la guitarra e interpretar canciones. A los 23 años lo reclutó el Ejército Legitimista del general Fruto Chamorro Pérez, en medio de las luchas políticas que enfrentaban a las distintas facciones nicaragüenses durante la década de 1850.
En octubre de 1855 lo ascendieron al grado de sargento por su actuación en una batalla cercana a Tipitapa, donde combatió junto al general Tomás Martínez. Pero sería un año después cuando su nombre quedaría ligado para siempre a la historia nacional.
La pedrada que lo inmortalizó
A finales de agosto de 1856, el coronel José Dolores Estrada recibió la misión de organizar una fuerza para ocupar la Hacienda San Jacinto. La tropa estaba integrada por aproximadamente un centenar de hombres y entre ellos se encontraba Andrés Castro.
Los soldados nicaragüenses enfrentaban a los filibusteros estadounidenses que habían llegado al país bajo el mando de William Walker.
Castro llevaba un fusil de chispa, un arma que requería varios minutos para que la prepararan para disparar. En contraste, los filibusteros contaban con rifles de repetición, lo que les otorgaba una ventaja considerable en el combate.
Durante la batalla, cuando las municiones comenzaron a escasear y Castro no tuvo tiempo para disparar su arma, un filibustero intentó superar las posiciones defensivas. Fue entonces cuando el sargento recurrió a una piedra. Con ella derribó al invasor y protagonizó la acción que lo convertiría en uno de los héroes más conocidos de la historia de Nicaragua.
El general José Dolores Estrada dejó registrada la actuación de Castro al describir cómo, al quedarse sin posibilidad de utilizar su carabina, enfrentó al enemigo con una piedra. Castro también resultó herido en una pierna durante la batalla, una lesión que le provocó una cojera permanente.
Después de San Jacinto
Tres meses después de la batalla, en diciembre de 1856, Andrés Castro contrajo matrimonio con Gertrudis Pérez en Managua. Posteriormente, adquirió una pequeña finca ubicada al sur de la ciudad de Managua.
Una de las versiones históricas sostiene que Andrés Castro murió en 1876, a los 45 años, después de ser atacado por la espalda con un machete cuando se dirigía hacia las sierras de Managua. El principal señalado en esta versión es un hombre llamado Eusebio García.
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Durante siete décadas, la figura de un hombre de aspecto atlético ha permanecido en las cercanías de la hacienda donde ocurrió la batalla. Para millones de nicaragüenses, esa imagen es la del héroe Andrés Castro y recuerda su gesta, sin embargo su rostro pertenece a otra persona.