Como mínimo, los gobiernos deberían exigir a los desarrolladores de IA que cumplan con estándares básicos de seguridad, determinados por auditores independientes, antes de que sus modelos puedan ser comprados o utilizados. Si los juguetes, los automóviles y los dispositivos médicos lo justifican, también deberían hacerlo las herramientas de IA cuyos riesgos son reconocidos incluso por sus creadores.