En dictadura no se “rifa” el poder

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Todas las dictaduras que han plagado la historia de Nicaragua tienen un elemento en común: se quieren perpetuar en el poder, por lo tanto, cuando tienen que dar elecciones para darse un baño de legitimidad, han recurrido al fraude y a otros subterfugios antidemocráticos para no “rifar” el poder. Es decir, para que nadie se pueda sacar la “rifa” y el poder cambie de manos.

Costó mucha sangre en una cruenta guerra civil en los años 80 para que la primera dictadura sandinista comprendiera que tenían que poner en juego el poder a través de elecciones libres y ampliamente observadas, las que afortunadamente perdieron en febrero de 1990.

Al principio de la Revolución, los comandantes decían que “el pueblo ya votó”, para justificar la no convocatoria a elecciones. Yo levanté mi voz crítica en aquel entonces y en un artículo publicado en LA PRENSA el 1 de agosto de 1980 argumentaba que fue precisamente la negación de este derecho elemental al voto civilizado y democrático lo que produjo el voto de la violencia, “el pueblo votó para poder votar”, lo titulé entonces.

Ante la presión internacional para que hubiese elecciones en Nicaragua tras la caída de Somoza, le tocó al general Humberto Ortega Saavedra hacer finalmente el anuncio de cómo serían las primeras elecciones que tendrían lugar en la Nicaragua post revolución con una frase que resume el afán de perpetuarse en el poder por medio de una simulación electoral, que llevaron a cabo en noviembre de 1984.

Dijo entonces el 23 de julio de 1980 el general Ortega hablando en nombre de la Dirección Nacional del Frente Sandinista:

“Pero óigase bien: que estas son elecciones para mejorar el poder revolucionario, pero no para rifar quién tiene el poder aquí, porque aquí el poder lo tiene el pueblo a través de su vanguardia, el Frente Sandinista de Liberación Nacional y su Dirección Nacional”.

En un recuadro publicado en la primera página del Diario LA PRENSA en su edición del 25 de julio de 1980, yo le repliqué al general Ortega y a la Dirección Nacional del FSLN con tres preguntas:

—¿Por cuánto tiempo ha sido “electa” por el pueblo la vanguardia de que usted habla? ¿Indefinidamente?

—Si ha sido electa indefinidamente, entonces ¿para qué hablar de elecciones? Hablemos mejor de dictadura, porque sólo las dictaduras se adjudican la representación indefinida y omnímoda del pueblo.

—Si siempre ganará la “vanguardia”, ¿en qué se diferencian entonces sus elecciones con las de antes, cuando la rifa siempre se la sacaba Somoza?

Con el paso de los años y con la pérdida de las elecciones en 1990, el general Humberto Ortega evolucionó hasta llegar a proponer en una entrevista al medio argentino Infobae en mayo de 2024, un proceso electoral libre para salir de la crisis de sucesión que sobrevendría en caso de fallecimiento de su hermano Daniel.

También sostuvo entonces que los opositores detenidos en las redadas del 2021 no eran terroristas ni golpistas, abogando por su libertad y calificando el gobierno de su hermano como “dictatorial”.

Por el contrario, Daniel Ortega involucionó a tal extremo, que el pasado 19 de julio anunció campantemente que ya no iban haber elecciones en Nicaragua nunca más para que los opositores no puedan “tomar” el poder y ordenó a la Asamblea Nacional levantar un muro legal constitucional para evitar que se vuelvan a dar elecciones libres y democráticas en las que el poder esté en juego.

Como ya no puede echar presos a los líderes opositores porque están desterrados y desnacionalizados, la Asamblea Nacional dejará claro en las reformas constitucionales que no pueden participar en elecciones futuras y que estas solo serán para confirmar quién tiene el poder aquí para siempre: ya no el Frente Sandinista y su vanguardia, la Dirección Nacional, sino la familia Ortega Murillo.

La reacción hemisférica no se ha hecho esperar, una reunión extraordinaria de Cancilleres de la OEA ha sido convocada para el 17 de este mes a fin de tomar acciones conjuntas ante la crisis que plantea la dictadura dinástica Ortega Murillo, carente de toda legitimidad, esa legitimidad que proviene del voto democrático en elecciones que se “rifa” el poder, el cual que recae siempre en el que obtenga el mayor número de votos.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.

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