Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
En la costa turca del mar Egeo, donde en la antigüedad estuvo el reino de Lidia, corre aún un río ahora poco conocido pero el cual en otros tiempos fue muy famoso. Pactolo se llamaba antes ese río y por lo que sé así se sigue llamando hasta en la actualidad.
Lo que está haciendo Daniel Ortega con Nicaragua es como que un marido llegue a toda carrera a la casa y le pida a su mujer que firme la venta de uno de sus riñones. “Esperate, dejame leerlo”. No, no hay tiempo, están esperando por el riñón. “Deberíamos consultarlo con los hijos y con mis hermanos”. No, confiá en mí. “Pero, ¿no deberían hacerme exámenes, a ver si aguanto y no me muero en la operación, seguir todo el proceso médico que hay para estos casos?” No, no, ellos te vieron y dicen que estás bien. Firmá, por favor. “¿Y si después quedo mal?” No te preocupés, con el dinero que nos darán por el riñón te compro la medicina necesaria. “Pero al menos podés decirme quién se va a quedar con el dinero de mi riñón ” Apurate, firmá, firmá, que afuera está ya la ambulancia. Y la mujer sabe que está ante la encrucijada de su vida: o se enfrenta por fin al marido abusador que ya llegó al extremo, o se arriesga a morir o a quedar lisiada por algo tan estúpido como el dinero que necesita su esposo para seguir la parranda con los amigos que lo esperan en la esquina.
Daniel Ortega hace lo que quiere mientras la oposición oficial marca tarjeta, se acomoda y cobra salario en la Asamblea Nacional, aunque bien pudieran quedarse en casa porque ni para hacer quórum son necesarios.
Querida Nicaragua: En primerísimo lugar ese megaproyecto requiere la aprobación del pueblo. Es obligado un referendo o plebiscito para que el pueblo decida.
Es de celebrar que Nicaragua sea una de las primeras en algunas cosas buenas, como por ejemplo en seguridad ciudadana, pero es de lamentar que también lo sea en algunas malas, como en la alta proporción de niñas que salen embarazadas. Con 148 embarazos adolescentes por cada mil madres, superamos a toda Latinoamérica y el Caribe y, lo que es peor, en la última década los alumbramientos de niñas entre 10 y 14 años aumentaron en un 47 por ciento; de 1,066 a 1,576.
En forma reiterada los medios de comunicación informan acerca de los principales acontecimientos mundiales, regionales y locales de cuyo análisis se desprende que se está atravesando una crisis a nivel mundial. Lo anterior se puede plantear, no solo porque se produzcan conflictos de diferentes dimensiones, que siempre los ha habido y habrá, sino porque de alguna manera, de la consideración general de los hechos, se desprende que los valores y puntos de referencia que sirven de sustento a la estabilidad y relativa coherencia a la sociedad en general, se encuentran severamente afectados y devaluados.
Decidí comenzar la columna de hoy parafraseando la pregunta con que Mario Vargas Llosa inicia su famosa novela, Conversación en la Catedral: ¿En qué momento se había jodido el Perú? Porque aunque la respuesta a la pregunta es bastante compleja en lo que se refiere a la novela, en el caso de este último Canal —pues hemos tenido varios— la respuesta es más clara y más simple.
“Al fin, ¿cuál fue el final de la historia de las Danaides?” me preguntó un lector, refiriéndose al relato de la semana pasada.
Todos somos vigilados. Algunos en mayor medida que otros, pero todos estamos registrados, clasificados y monitoreados en uno de los bancos de información más amplios del país. Ese banco se formó con la información que dio a aquella inocente señora del barrio que llegó a su casa a hacer algunas preguntas, junto con la información que las instituciones del Estado reportan sobre cada uno de nosotros: salarios, ingresos, impuestos, enfermedades, familiares y más. Información es poder. Eso lo saben muy bien quienes mandan ahora en Nicaragua.
El gobierno del presidente inconstitucional Daniel Ortega Saavedra, en el estilo muy propio de los mandatarios autoritarios, con un discurso populista pero viviendo como magnate, ejecuta lo que parece ser un concepto “diferente” para mantener manipuladas las esperanzas de las personas de menos recursos en el país.