Alejandro Serrano Caldera

Consideraciones sobre la democracia

En forma reiterada los medios de comunicación informan acerca de los principales acontecimientos mundiales, regionales y locales de cuyo análisis se desprende que se está atravesando una crisis a nivel mundial. Lo anterior se puede plantear, no solo porque se produzcan conflictos de diferentes dimensiones, que siempre los ha habido y habrá, sino porque de alguna manera, de la consideración general de los hechos, se desprende que los valores y puntos de referencia que sirven de sustento a la estabilidad y relativa coherencia a la sociedad en general, se encuentran severamente afectados y devaluados.

Dentro de la multiplicidad de situaciones que inciden en la realidad contemporánea cabría destacar para el propósito de estas reflexiones los conflictos en sociedades fundamentalistas, como Siria, Yemen, Pakistán, Afganistán, entre otras, y su incidencia en el mundo occidental; la lucha antiterrorista y el combate al narcotráfico, principalmente de parte de Estados Unidos y Europa; el surgimiento del movimiento del Alba en varios países de América Latina; y la crisis en los países de la Unión Europea.

Sin desconocer la inevitable interconexión de las diferentes situaciones que puedan producirse en cualquier lugar, a partir de la aplicación de la tecnología de punta y del alto desarrollo tecnológico de los diferentes medios de comunicación, quisiéramos centrar nuestras consideraciones en el impacto de lo que se ha llamado el “capitalismo salvaje”, ha tenido en el mundo occidental y, consecuentemente, en América Latina, en el concepto y práctica de la democracia.

Pienso que la crisis del mundo que vivimos es una crisis de rupturas y esta, la de la ruptura entre la economía y la política, al pretender hacer de lo político un instrumento al servicio de lo económico, es una de ellas y por cierto no de la menos importantes. En ese mismo sentido podría decirse que las situaciones políticas y el sistema legal, en general, presentan visibles desajustes con respecto a los requerimientos de la sociedad que va surgiendo de estos cambios. El aparato jurídico y político cambia a una velocidad mucho menor que la de la sociedad.

¿Cómo adecuar la política y las instituciones a las transformaciones sociales y axiológicas producidas por la revolución tecnológica? ¿Cómo enfrentar el problema del empleo en una sociedad en donde la mano de obra está deviniendo cada vez más superflua? ¿Cómo tratar el problema de un sector no irrelevante de la población que no puede ni podrá incorporarse al contexto de la sociedad actual, constituyendo, por tanto, un segmento irreductible de la misma?

Es ante estas interrogantes que se vuelve necesario replantear la teoría de la democracia a fin de procurar en forma creativa y adecuada nuevas respuestas a viejas preguntas, y sobre todo, nuevas respuestas a nuevas preguntas.

El capitalismo corporativo transnacional ha producido o intentado producir para satisfacer sus insaciables intereses, serias rupturas al sistema democrático, tales como la ruptura entre lo jurídico y lo político, pues como dice Norberto Bobbio, el juego de lo político ha cambiado sin que cambien las reglas del juego, es decir, el derecho, las que siguen siendo las mismas. Algo semejante podría decirse en lo que concierne a la relación entre lo económico y lo político, que ha llevado a definir erróneamente la economía política como una realidad que obedece a leyes autónomas, las del mercado, con una lógica propia, independiente de la voluntad política, jurídica o social.

Igual consideración podría hacerse de la relación entre lo económico y lo social, y entre lo social y lo jurídico pues, con respecto a lo primero, se pretende que la economía deje de ser una ciencia y una técnica encargada de encontrar satisfacción a las necesidades sociales, para transformarse en una realidad con una lógica propia e independiente. En lo que concierne a lo segundo, se requiere una regulación jurídica más elaborada para garantizar de mejor forma los espacios de participación de la ciudadanía, sobre todo frente al acaparamiento del poder.

En América Latina, la crítica, válida en muchos aspectos, al capitalismo corporativo transnacional, ha enunciado, desde la perspectiva del movimiento del Alba, la preocupación y acción por el tema social como esencia de la verdadera democracia devaluada por el capitalismo financiero y el mercado absoluto, pero a su vez, ha desembocado en el restablecimiento del caudillismo decimonónico y de la primera mitad del siglo XX, como la opción política necesaria para poder instalar una democracia integral.

Es claro que la opción para la consolidación de la democracia y el desarrollo de políticas sociales no es ni el capitalismo corporativo transnacional, ni el restablecimiento del caudillismo y del líder único como encarnación de los valores y principios de una verdadera democracia integral.

Por el contrario, es necesario superar la idea y la práctica de los poderes omnipotentes y personalizados y lograr un fortalecimiento de la democracia, como sistema político, sistema de gobierno, y sobre todo, sistema de valores, que permita restaurar la ruptura entre sociedad, Estado y mercado, entre economía y política y propicie la realización integral del binomio representación participación.

Esta idea de la democracia parte de la reafirmación de sus postulados clásicos, vigentes plenamente al día de hoy, como la supremacía de la Constitución, la jerarquía de la norma jurídica, la subordinación del poder a la ley, la separación e independencia de poderes, entre otros, pero también de la consideración de criterios claves como serían los de descentralización, participación y concertación, mediante los cuales se propone una nueva visión del Estado, el mercado y la ciudadanía y de la relación entre ellos y una redistribución del poder central en poderes locales, municipales y regionales.

Lo que no debe ni puede olvidarse es que la democracia, que se basa en el Estado de Derecho, es un sistema de límites al poder y de reafirmación de los derechos fundamentales del ciudadano y la persona. Es igualmente, la puesta en práctica de políticas en beneficio de la población. Para alcanzar esos objetivos se requiere del poder y del derecho y de la coherencia entre el mundo formal y el mundo real, pues como dice Norberto Bobbio, “solo el poder puede crear el derecho y solo el derecho puede limitar el poder”.

Pensamos que se vive un momento complejo y difícil en el que diversos factores han actuado en el debilitamiento de la democracia. Vemos, no sin preocupación, que los principios y acciones de la democracia, debilitados por prácticas de diferente naturaleza, no son restablecidos o sustituidos por nuevos referentes que vengan a fortalecerla. Pero al mismo tiempo, pensamos que los momentos en los que se producen esos vacíos históricos, son también las oportunidades para crear las nuevas opciones y alternativas y fortalecer el sistema de valores sobre los cuales debe asentarse la sociedad del presente.

El autor es jurista y filósofo nicaragüense

 

Columna del día Opinión democracia archivo

COMENTARIOS

  1. Hieldrichs
    Hace 11 años

    A lo largo de toda la historia humana , es muy común en todos los países que el humano es un ser imperfecto y la principal situación que se encuentra es que ningún sistema Jurídico es Perf ecto, cabe a destacar el autor de dicha lectura que ‘pretender hacer de lo político un instrumento al servicio de lo económico» un ejemplo claro de tanta corrupción y rotura de la Democracia

  2. Guillermo Tenorio
    Hace 13 años

    Mucho agradeceríamos al Dr.Serrano que se bajara de su torre filosófica de marfil intelectual y que sus magníficos artículos los escribiera, no sólo para los nicaragüenses que han alcanzado niveles más elevados de educación sino, también, para el común de los ciudadanos que es el que, a fin de cuentas, constituye la mayoría y su voto es decisivo. Asimismo, le rogamos al filóso y jurista que nos dé una definición clara de lo que para él significa la democracia.

  3. Jaime Pasquier Romero
    Hace 13 años

    «El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo». Del pueblo: plena realizacion del Estado de Derecho; por el pueblo: directamente o mediante legitimos representantes y para el pueblo: satisfaccion de las necesidades minimas que requiere la condicion humana. La falta de cumplimiento de cualquiera de estos requisitos invalida la nocion de Democracia.

  4. Bud Spencer
    Hace 13 años

    Excelente.

  5. Ambiguedades Cuanticas"...
    Hace 13 años

    Suena claro y sencillo lo expuesto por el filosofo,
    que habiendo sacado agua pura cerebral del poso…
    tengamos que quedar en duda como una espina,
    que no podemos sacar facilmente del verso rima.

  6. Rasputin
    Hace 13 años

    Más claro no canta un gallo chomporoco.

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