Vigilados
Todos somos vigilados. Algunos en mayor medida que otros, pero todos estamos registrados, clasificados y monitoreados en uno de los bancos de información más amplios del país. Ese banco se formó con la información que dio a aquella inocente señora del barrio que llegó a su casa a hacer algunas preguntas, junto con la información que las instituciones del Estado reportan sobre cada uno de nosotros: salarios, ingresos, impuestos, enfermedades, familiares y más. Información es poder. Eso lo saben muy bien quienes mandan ahora en Nicaragua.
Preguntas extrañas
La verdad es que existe obsesiva insistencia por registrar, organizar y, por supuesto, usar nuestra información personal para los particulares intereses de quienes manejan el poder hoy en Nicaragua. El apetito de ese “ojo vigilante” es insaciable y de repente lo vemos emprender extrañas arremetidas como la reciente de la empresa MPeso que condicionaba la compra de las tarjetas para los buses a la entrega de información personal. Eran preguntas raras e inapropiadas. Tanto así que terminaron dejando a los inquisidores con el trasero al aire y debieron cancelar la exigencia. También tuvieron que revertir la intención de Telcor de arrogarse la aprobación de los gerentes y jefes de informática de las compañías telefónicas, que es donde se concentra la mayor cantidad de información nuestra, privada y personal: redes sociales, mensajes de texto, llamadas telefónicas. Un pastel para ellos. ¡Cómo extrañan aquellos tiempos de la KGB soviética, la Stasi alemana y el G2 cubano, cuando todo era más sencillo!
Crimen
Los que ayer como oposición reclamaban a gritos la blandenguería del Estado con Unión Fenosa, son los mismos que como gobierno exoneran de impuestos de compra a TSK, le acomodan las cosas para que sus inversiones la costeen los impuestos que deben enterar, le amansan las organizaciones de defensa de los consumidores para que no reclamen, le perdonan las multas anteriores como si fuese una empresa que nació por generación espontánea, le fabrican leyes para echar presos a quienes le roben energía, le aumentan la tarifa porque el petróleo subió No, si no subió. Mmm… Igual, ¡el aumento va! Demasiadas concesiones, demasiado misterio con sus dueños, demasiadas sospechas. ¿Por qué el Estado que debería protegernos, más bien participa en la sangría? La respuesta parece sencilla: los que gobiernan son los mismos que se enriquecen. Eso es criminal.
Mal gobierno
¿Cómo se explica que Venezuela, sin bloqueos de ningún tipo y con una inmensa cartera de dinero, tenga que someter a racionamiento de productos básicos a sus ciudadanos? Ortega al menos todavía culpa de su mal gobierno a “los 16 años de gobierno neoliberal”. El problema de Nicolás Maduro es que ni a quién echarle la culpa tiene porque antes de él estuvo Chávez, y no va a ser Maduro quien ponga en duda la capacidad de gobernar de quien ha llamado su “padre”. ¿Entonces? Ni modo, toca echarle la culpa otra vez al imperialismo norteamericano, la derecha vende patria y al show mediático que muestra los estantes vacíos.
Confesión de parte
A confesión de parte, relevo de pruebas, dicen los abogados. Sucede que el vocero de la Corte Suprema de Justicia prometió presentar los vídeos de las cámaras del edificio de los juzgados para demostrar que el fotógrafo de LA PRENSA, Manuel Esquivel, fue invitado a salir amablemente, “chineado” dijo, y no violentamente como reclaman los periodistas. Pues, once días después del incidente apareció para sorpresa nuestra el bendito vídeo en la página oficial de Comunicaciones de la Corte, con alguna pequeña edición y la ausencia de las tomas exteriores. El vídeo confirmaba las denuncias de los periodistas y botaba la versión del vocero, al mostrar cómo los guardias de seguridad sacaban a empellones a Esquivel que solo hacía su trabajo. Alguien debió percatarse de eso en la Corte y, con mucha ingenuidad, otro “alguien ordenó que lo retiraran, sin saber que lo que se pone en internet se copia y se reproduce”. Ahora, ahí está para siempre el propio vídeo de la Corte haciendo que se traguen sus propias palabras Roberto Larios, vocero, y Alba Luz Ramos, magistrada, sobre el incidente. Como decían en mi pueblo ¿querés más masa lorito?
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