Decidí comenzar la columna de hoy parafraseando la pregunta con que Mario Vargas Llosa inicia su famosa novela, Conversación en la Catedral: ¿En qué momento se había jodido el Perú? Porque aunque la respuesta a la pregunta es bastante compleja en lo que se refiere a la novela, en el caso de este último Canal —pues hemos tenido varios— la respuesta es más clara y más simple.
El 15 de septiembre del año pasado en este mismo espacio escribí una columna titulada: “El que nunca ha tenido y llega a tener…”, que es parte de un dicho que termina así: “…loco se puede volver”.
Allí analizaba las posibilidades de la gran cantidad de megaproyectos que el inconstitucional presidente Daniel Ortega estaba ofreciendo a los nicaragüenses y en uno de los párrafos decía: “Hay proyectos gigantescos que sí son viables y necesarios. El del Canal, por ejemplo. Un nuevo Canal tiene tanto sentido en 2012 como lo tuvo el Canal de Panamá en 1914, cuando comenzó a funcionar. Siempre van a ser necesarias nuevas rutas de comercio, porque el comercio —y esto les arde a los socialistas, tanto del siglo XIX como a los del XX y del XXI— va a seguir existiendo, igual que el capitalismo”. Sigo sosteniendo que un canal, sea seco o húmedo, tiene sentido económico y geográfico en Nicaragua. No sé si el húmedo tiene sentido medioambiental, eso lo deben determinar los expertos, pero una vía por Nicaragua no solo es viable sino necesaria, por las razones expuestas arriba.
Sin embargo, en las actuales circunstancias, y sin que se haya abierto la primera zanja o se haya recaudado el primer centavo para la construcción, el Canal este ya se jodió. Se jodió desde la perspectiva de los nicaragüenses digo, ya que aunque lo logren construir, este proyecto se está erigiendo sobre la base de la falta de transparencia y violación de leyes que el mismo orteguismo ha aprobado, lo que deja dudas sobre quién está en realidad detrás del “Gran Canal”.
Lo que está claro es que el Gobierno de la República Popular de China no está detrás del proyecto, por lo tanto, esa imagen que se ha vendido de que los 40,000 millones de dólares vienen porque el inmenso poderío económico chino está detrás es falsa.
La que va a manejar el Canal es una oscura empresa, HKND, que en la iniciativa de ley es llamada “el inversionista”, sin embargo, está claro que este “inversionista” no tiene ni por cerca el capital necesario para la construcción del proyecto.
Esto nos lleva a una violación directa de la Ley 800 que establece que La Autoridad del Gran Canal de Nicaragua, creada por esa ley, establecería la Empresa Gran Nacional de Nicaragua que en el artículo 15 de la ley citada dice: “La Autoridad del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua deberá crear, organizar, estructurar y constituir una empresa mixta de carácter público privado; ofreciendo y promoviendo en su proyecto de inversión el número de acciones que emitirán, el valor de cada una de ellas y el costo total del proyecto de construcción del Gran Canal de Nicaragua, reservando para el Estado nicaragüense el cincuenta y uno por ciento (51%) de las acciones de la Empresa Gran Nacional de Nicaragua, en virtud de ser dueño del ámbito…”
Sin embargo, ahora que vamos a la iniciativa de Ley no aparece por ningún lado la Gran Nacional y aparece la HKND, representada por un ciudadano chino que a la vez es representante de la empresa de telefonía celular que a principios del año también recibió una turbia concesión para operar aquí y que debía invertir en celulares este año 700 millones de dólares, pero que en realidad a estas alturas no se sabe que haya traído ni un solo celular chiclero.
Y para colmo, ya la participación de Nicaragua no es del 51 por ciento, sino del uno por ciento. Dicha participación accionaria irá aumentando uno por ciento anual para que dentro de 51 años Nicaragua pueda tener control. Si todavía no han adivinado, aquí es donde se jode el Canal. Nicaragua no necesita ir a buscar hasta Hong Kong a un ciudadano chino que no ha demostrado capacidad económica para darle en exclusiva el Canal por cincuenta años. La empresa Gran Nacional establecida en la Ley 800 debería ser la encargada de andar buscando el financiamiento. De esa manera no habría que regalarle la soberanía a nadie, mucho menos a un ciudadano chino que no sabemos a qué intereses sirve… pero “apenas sospechamos”.
En mi artículo del 15 de septiembre de 2012 yo agregaba: “Para que aquí se pueda construir un canal primero los nicaragüenses tenemos que hacer varias cosas: fortalecer las instituciones, respetar las leyes y elevar nuestro sistema de educación para que nuestra población pueda proveer la demanda de técnicos y profesionales que exige una obra de tal magnitud. Nos queda mucho por hacer antes de pensar en un Gran Canal”.
Como no hemos hecho nada de eso, con lo que salen nuestros “dirigentes” es con estos “bisnes” turbios de poca monta que solo nos garantizan una cosa: nunca van a favorecer el desarrollo económico de los nicaragüenses.
Así como se había jodido Perú en los años sesenta se jodió el Canal de Nicaragua, una vez más. Pero hoy Perú va por buen camino. Tal vez los nicaragüenses hallamos ese camino algún día.
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