El gobierno del presidente inconstitucional Daniel Ortega Saavedra, en el estilo muy propio de los mandatarios autoritarios, con un discurso populista pero viviendo como magnate, ejecuta lo que parece ser un concepto “diferente” para mantener manipuladas las esperanzas de las personas de menos recursos en el país.
Mientras Nicaragua se mantiene como un país pobre con ciertas manifestaciones de salir adelante en medio de un régimen político atrasado, Ortega se da el lujo de llegar a una cumbre de presidentes en un avión solo menos grande que el del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Actúa como si representara a un país altamente desarrollado.
Este Gobierno apuesta a que los ciudadanos tengan una percepción positiva en todos los ámbitos. No importa cuáles sean los resultados, el asunto es que el eje transversal debe ser que la población sienta que muchas cosas se están haciendo bien. Hay algunos aspectos que se ejecutan relativamente bien, no obstante, no es razón para agradecer o destacar, pues los funcionarios públicos están en sus puestos para trabajar y se les paga para eso con los impuestos del pueblo.
Inseguridad ciudadana versus seguridad. El régimen está enfocado en que haya a nivel nacional e internacional una imagen o percepción de “muy buena seguridad ciudadana”, pero en las zonas rurales del país se reportan asaltos, homicidios, violaciones y asesinatos. El informe más reciente de organismos defensores de las mujeres revela un escalofriante ascenso de asesinatos mientras la mayoría de los criminales están prófugos de la justicia.
Represión política versus democracia. No porque las cárceles no estén llenas de presos políticos, como ya ocurrió en la dictadura sandinista de la década del ochenta, eso significa que hay una plena democracia en el país. Este concepto está lejos de la existencia de una verdadera democracia, pues en Nicaragua los políticos opositores, organismos no gubernamentales y ciudadanos que piensan distinto a la ideología del orteguismo, son castigados de distintas formas y no precisamente con la cárcel. Los súbditos del orteguismo se encargan de correr de los trabajos a quienes piensan diferente, bloquean financiamientos, impiden desarrollar negocios, etc. Ah, pero el régimen quiere que la gente tenga una percepción de plena democracia.
Corrupción versus transparencia. El enriquecimiento desde la familia presidencial hasta el más pequeño del orteguismo, al amparo de las leyes retorcidas por ellos mismos, y el poder de las instituciones del Estado, es sencillamente pavoroso. Y eso es corrupción, pero la percepción que quieren crear es de transparencia. ¿De dónde?
Libertad de información, de expresión y de prensa, versus bozal orteguista. Este es otro derecho fundamental de los nicaragüenses que no solo a nivel del gremio periodístico se ha agrietado sino también a nivel individual. Ay de aquel que exprese realmente lo que piensa y siente de este régimen autoritario, principalmente si es empleado público. Automáticamente cae en desgracia. Pero con los periodistas independientes y principalmente con los de LA PRENSA, el bloqueo de información, ataque verbal con mentiras, manipulación y hasta agresiones físicas, se ha sostenido desde que Ortega asumió el poder nuevamente en el 2007.
Crisis económica versus enriquecimiento de políticos y empresas ligadas al régimen. Es de sobra conocido que el emporio del orteguismo ha trascendido a la familia presidencial. Pues el régimen tiene bien acomodado a sus principales seguidores para no tener levantamientos de ningún sector: bases políticas del FSLN, sindicatos oficialistas, empleados públicos, estudiantes de secundaria y de universidades públicas afines al régimen, etc.
Pero la realidad que viven los nicaragüenses es otra. Energía eléctrica y alimentos más caros, salarios con menos poder de compra, más impuestos, consumidores indefensos, etc. Ah, pero la percepción que nos quiere hacer creer el régimen y la cúpula empresarial que disfruta de las mieles que le da Ortega es que estamos bien y nuestra economía va mejor. ¿Quién está mejor, ellos? Por favor.
Es así que la misma gente que ha votado por Ortega en las últimas dos elecciones presidenciales está clara que este régimen es un alumno aventajado del neoliberalismo y de los organismos financieros internacionales. Por tal razón, ahora más que nunca es que se debe tomar conciencia de crear y apoyar una opción presidencial para el 2016 que termine con este lastre de corrupción y elimine los abusos contra la democracia, la libertad y la seguridad ciudadana, entre otros derechos fundamentales cercenados.
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