Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Una bebé de familia pobre, pobrísima, nace en un hospital público y para su desgracia adquiere ahí una bacteria peligrosa. De emergencia, la trasladan a otro hospital público especializado en niños y, por la maldita desgracia, no hay medicamentos para su mal. Tampoco —otra vez la desgracia— hay fondos para comprarlos de emergencia y salvarle la vida. En un gesto desesperado, los trabajadores intentan con sus flacos salarios recoger los dos mil córdobas para el medicamento que podría salvarla. ¡Dos mil córdobas por una vida! Muy tarde. La desgracia nuevamente. O le amputan la mano para salvarle la vida o se muere. Le cortan su manita. No nos equivoquemos. No fue el destino quien se ensañó con esta niña, sino un sistema despiadado, más preocupado por pregonar buena salud en los informes y afiches que por darla en las salas de los ruinosos hospitales de anaqueles vacíos.
El fracaso escolar se entiende cuando un estudiante no logra alcanzar un nivel de educación en la primaria, secundaria o la universidad, muchas personas se consideran fracasadas al no aprobar con éxito el curso escolar o se retiran antes de finalizarlo.
Querida Nicaragua: Todos sabemos que la ciudad de Managua está colocada en un sitio donde pasan varias fallas y que por lo tanto está sujeta a continuos movimientos telúricos, inclusive terremotos como los que acaban de ocurrir en estos días. Sabemos del dramático terremoto del año 1931, y cuarenta años después el trágico terremoto del 72 que destruyó casi toda la ciudad y dejó más de diez mil muertos y miles de heridos, edificios que habían sido mal construidos quedaron en ruinas. Una que otra casa probablemente bien construida se salvó.
Como insistía en mi artículo pasado (“Que no quede fuera del tintero”), la institución más débil del país no es el poder judicial ni el electoral sino la familia. Es débil porque en ella predominan la inestabilidad, las rupturas y el abandono paterno.
El Perú tiene en estos días una oportunidad para dar un paso más en el camino de la cultura de la libertad, dejando atrás una de las formas más extendidas y practicadas de la barbarie, que es la homofobia, es decir, el odio a los homosexuales. El congresista Carlos Bruce ha presentado un proyecto de ley de Unión Civil entre personas del mismo sexo, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Justicia, la Defensoría del Pueblo, de las Naciones Unidas y de Amnistía Internacional. Los principales partidos políticos representados en el Congreso, tanto de derecha como de izquierda, parecen favorables a la iniciativa, de modo que la ley tiene muchas posibilidades de ser aprobada.
La democracia y la economía de mercado son dos sistemas que existen estrechamente entrelazados y se refuerzan o debilitan recíprocamente. Ambos son hijos de la libertad. Si uno de estos sistemas se fortalece, el otro también se fortalece, y si uno se debilita, debilita al otro.
Una de cal. A mi criterio el Gobierno manejó bien la crisis del terremoto y sus sucesivas réplicas, porque en estos casos es mejor pecar por exceso que por defecto. Nadie se muere porque se exagere en las precauciones, pero sí puede morir gente porque falten esas precauciones. Sin embargo, y aquí viene la de arena, este mismo Gobierno sucumbió a la tentación de aprovechar políticamente la destrucción y la amenaza. Si la intención era salir con imagen positiva, bastaba dejar que las acciones hablaran por sí solas y no estar machacando con el sambenito de “en nombre del comandante Daniel y la compañera Rosario Murillo” que solo busca instalar en la mente de los nicaragüenses que todo lo que vive y respira en este país es por la graciosa voluntad de este par de “deidades”.
En las letras españolas contemporáneas, Gabriel García Márquez es el más alto exponente de la narrativa, así como nuestro Rubén Darío lo es de la poesía. Ambos ejercieron y enaltecieron el periodismo.
Difícil en momentos donde la atención la atraen temas como el de Ucrania, Venezuela, el juego de escondidas de nuestro presidente de la República, el nuevo cardenal, tocar un tema tan insulso para nuestra sociedad como es la discriminación de las personas de la tercera edad. Pero dice el refrán, “el que no llora, no mama” y aquí este artículo con la vaga ilusión de que nuestros gobernantes le pongan atención.
Está bien que a los nicaragüenses nos interese la institucionalidad y que una de las expectativas, sobre el posible diálogo entre los obispos y Ortega, es que ocupe un lugar destacado en la agenda. El problema es que solemos confinar nuestra preocupación a las instituciones públicas. Si preguntamos a un grupo cualquiera, ¿cuál es la institución más débil de Nicaragua?, la mayoría posiblemente responderá que la Corte Suprema de Justicia o el Consejo Supremo Electoral.