Fabio Gadea Mantilla
Querida Nicaragua: Todos sabemos que la ciudad de Managua está colocada en un sitio donde pasan varias fallas y que por lo tanto está sujeta a continuos movimientos telúricos, inclusive terremotos como los que acaban de ocurrir en estos días. Sabemos del dramático terremoto del año 1931, y cuarenta años después el trágico terremoto del 72 que destruyó casi toda la ciudad y dejó más de diez mil muertos y miles de heridos, edificios que habían sido mal construidos quedaron en ruinas. Una que otra casa probablemente bien construida se salvó.
Recuerdo que varias semanas más tarde hubo una reunión de productores de todo el país en uno de los teatros, creo que en el Rubén Darío, para comentar y dar ideas sobre la grave situación en que se encontraba Managua, centro vital de la nación. En la reunión estuvo presente, como productor y como superministro, el general Somoza Debayle.
Alguien sugirió que Managua fuese cambiada de lugar por ser el sitio muy peligroso y habló de fundar la nueva capital en el valle de Sébaco.
La idea era muy buena, yo diría extraordinaria, digna de ser estudiada a profundidad por un consejo de ingenieros, arquitectos, geólogos, geógrafos y científicos en general que pudieran estudiar la sugerencia y dar un diagnóstico sobre las condiciones del hermoso valle de Sébaco y emitir criterios sobre la conveniencia o no de la sugerencia.
Para un profano como yo el valle de Sébaco era el sitio ideal para una capital. Un valle completamente plano, con más de veinte kilómetros de largo por ambos lados, totalmente virgen para crear la infraestructura de una ciudad moderna, con sus desagües adecuados, sus cañerías de agua potable, sus instalaciones eléctricas subterráneas y su diseño trazado por manos expertas.
Esto pudo haberse hecho en un país donde los intereses creados no fueran tan evidentes e insolentes, donde los gobernantes fueran gente honrada y patriota, pero obviamente no era ese el caso. El general Somoza Debayle y sus amigos lo que hicieron fue cercar con alambre de púas todo el centro de Managua, y prácticamente obligar a que la ciudad se extendiera hacia el sur, donde los Somoza tenían tierras en abundancia. De Tiscapa hacia Masaya eran dueños de todas esas tierras que hoy ocupa la nueva Catedral, Metrocentro, la Universidad Centroamericana (UCA), todo el by pass que llega hasta el 7 Sur y otra cantidad de tierras.
Comenzaron a producir adoquines que el Gobierno les compraba para hacer todos los by pases a la orilla de la ciudad destruida. Ignoraban que eso fue el principio del fin del somocismo. Con esos mismos adoquines el pueblo levantó barricadas para luchar contra la guardia somociana.
Luego vino el asalto a la casa del ministro Chema Castillo en diciembre del 74, luego la insurrección general, el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en enero de 1978, la toma del Palacio Nacional en agosto de 1978 y la huida de Somoza en julio del 1979 y, finalmente el atentado terrorista que acabó con su vida.
Hoy se habla de trasladar la capital a Jinotega. No creo que sea posible tomando en cuenta otra vez, los intereses creados, la voracidad de un gobierno que lo quiere todo para sí, el cúmulo de problemas que existen en el país como inestabilidad política, falta de institucionalidad, ausencia de poderes del Estado independientes. Problemas relacionados con sospechosas y estrechas relaciones con países comunistas como Rusia y China, el secretismo delirante del mentado proyecto del Canal que no se sabe si será chino o ruso o no será más que un mal sueño. En fin que no hay tiempo de estar pensando en crear una nueva capital que nos libre de tanto nerviosismo que producen los terremotos por las fallas existentes en estas tierras de lagos y volcanes.
Esto no es más que una buena idea irrealizable en un país del tercer mundo. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.