Humberto Belli Pereira

Tan débil como importante

Como insistía en mi artículo pasado (“Que no quede fuera del tintero”), la institución más débil del país no es el poder judicial ni el electoral sino la familia. Es débil porque en ella predominan la inestabilidad, las rupturas y el abandono paterno.

Esta realidad, corroborada por las estadísticas e informaciones disponibles —más de dos tercios de los nicaragüenses se crían sin la presencia de su padre biológico— es particularmente relevante, por cuanto la familia es la célula fundacional y madre de la sociedad, por ser la primera en formar y nutrir a los futuros ciudadanos.

Es natural, por tanto, esperar que la familia, junto con el tema de la institucionalidad política, sea también un tema a considerarse en el diálogo que los obispos sostendrán con el Gobierno.

La Iglesia católica ha sido siempre la defensora más fuerte de la institucionalidad familiar. La elevación del matrimonio al rango de sacramento, y la sacralidad con que ve al vínculo conyugal, manifiestan la estima y jerarquía excepcionales conferidas a dicha institución.

Es erróneo, empero, considerar que dicha visión es religiosa y que no compete a los estados laicos meterse en temas que son de estricta incumbencia privada. Si fuese así, no tendría sentido que una institución, arreligiosa como las Naciones Unidas, hubiese declarado el 2014 como “Año Internacional de la Familia”. Según sus portavoces, el propósito es “poner de manifiesto que sin una familia fuerte la sociedad se va debilitando cada vez más. También para concienciar sobre cómo la familia que funciona correctamente es la mejor arma para combatir las desigualdades y la pobreza, así como para mejorar las oportunidades y bienestar de sus miembros”.

Lo anterior, lejos de ser hijo del fanatismo o la influencia religiosa, es resultado de múltiples estudios científicos que demuestran como los que permanecen unidos en matrimonio gozan, junto con sus proles, de mejores ingresos, progreso educativo y salud física y emocional, que los hogares monoparentales o los rotos por el abandono o el divorcio.

La primera recomendación de las Naciones Unidas al respecto es un llamado a los gobiernos a “establecer o reforzar organismos nacionales u órganos gubernamentales, para promover que las familias sean un tema prioritario de estudios, inversiones, asociaciones y políticas”.

La familia puede y debe ser parte de cualquier diálogo encaminado a promover el bien común de todos los nicaragüenses. Creyentes y no creyentes, ricos y pobres, saldrían ganando si en Nicaragua aumentase la proporción de hogares unidos, “luminosos y alegres”, como dijese San Josemaría.

¿Pueden hacer algo al respecto los gobiernos? Sí y mucho. Una, forma, valga insistir, es promoviendo en el currículo escolar, el ideal matrimonial con sus valores concomitantes de fidelidad, entrega y servicio mutuo. No por ser un ideal cristiano, sino por ser la alternativa de vida más acorde con la vocación humana y la más socialmente beneficiosa. Lo que no implica imponer un modelo de vida sino ofrecer una alternativa —que todo mundo es libre de rechazar— ante la anarquía del hedonismo, la cohabitación sin compromisos y la búsqueda del placer sin responsabilidades.

También puede revisarse la legislación sobre el divorcio. Antes el Código Civil lo permitía por mutuo consentimiento. Si faltaba la parte demandante tenía que probar culpas taxativas en el otro. Si no, quedaba obligado a resarcirlo generosamente. El divorcio unilateral, “made in USA” en 1970, e impuesto por el régimen sandinista en 1988, barrió con esos frenos. Es un tema que merece discutirse.

Juan Pablo II hablaba de “la Civilización del Amor”. El Gobierno habla de una “Nicaragua solidaria”. Ninguna puede construirse si no se comienza por la familia.  

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.

Columna del día Opinión Iglesia Católica institución archivo

COMENTARIOS

  1. Adán
    Hace 12 años

    Y donde quedo el amor, la lealtad, la solidaridad, la responsabilidad y la libertad de unirse ? La fidelidad y el servicio mutuo son consecuencia de las anteriores. Mantener familias a la fuerza es destruirlas de nacimiento. La crisis de los matrimonios religiosos son efecto directo de la crisis de las religiones, iglesias y sus pastores, la de las familias en general son efecto de la crisis económicas y de valores que dan la pobreza, el desempleo y la migración.

  2. lector
    Hace 12 años

    La nutricion de los futuros ciudadanos ya se esta dando: Juventud Sandinista.

  3. omar garcia
    Hace 12 años

    de acuerdo doctor para vencer la pobreza todo empieza por la familia si el padre y la madre es un borracho e irresponsable el futuro de sus hijos esta en interrogante pero si es lo contrario siendo padres responsables mandando sus hijos a la escuela educándolos en valores seria otra nicaragua todos los nicas somos parte de este problema hay que ser liberales en las libertades que tiene cada miembro de la familia con sus deberes y derechos pero conservadores en tener la unión familiar, una sola

  4. Sandor Carrión
    Hace 12 años

    De acuerdo. Hay que detener la inseguridad en los niños. En este paìs, debería ser obligatorio que los padres críen a sus hijos. Los curas y Jueces advertirles que al tener hijos, la separación de sus hijos es delito!, legal y moral. La sociedad cree que primero está el «amor» y los intereses entre parejas. No! «La sombra de un padre es insustituíble» para los niños. Las secuelas en un niño solitario e inseguro, aún profesional, le afecta y, si dirige, hasta la Economía de una naci

  5. Hace 12 años

    tenemos un porcentaje alto, podriamos atribuir esto a que la mayoria de estos casos se suceden por lo que el articulista senala que son un efecto directo o indirecto de la inestabilidad del matrimonio en nuestro medio o falta de la figura paaterna en la misma. Digamos que vamos acincidr con el autor, pero le dare un ejemplo, mis padres no se casaron hasta despues del nacimiento de mi tercer hermano, y se que mi padre hoy ya fenecido tuvo otros hijos e hijas fuera de ese matrimonio, pero a pesar

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