Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
—¡El lobo, el lobo!— gritaba el pastorcito y los campesinos del pueblo corrían con sus herramientas a socorrer al pobre muchacho que pedía auxilio para salvar a sus ovejas. Cuando la muchedumbre llegaba, el pastorcito se carcajeaba porque los había engañado. —Esto es divertido— pensaba —como me creen estos tontos—. Y lo volvía a hacer, y nuevamente había quien le creía. Se volvía a burlar de ellos. Un día se le apareció un lobo furioso y hambriento en su rebaño y esta vez si salió asustado el pastorcito: ¡Socorro, el lobo, el lobo! Nadie le creyó. Nadie lo auxilió.
Quienes conocieron de cerca a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, seguramente lo recuerdan en sus momentos más felices, en una faceta poco conocida de su vida: navegando por las aguas de nuestra Mar Dulce o de nuestro río San Juan o el río Coco a bordo de una lancha, un yate o un cayuco.
Querida Nicaragua: Una inexistente, por inactiva, Comisión Nacional de Cedulación, mencionada en el artículo 9 de la Ley de Identificación Ciudadana (Ley 152), sin el menor sonrojo está viendo cómo aparecen 27 cédulas de identidad en el fondo de una letrina en desuso. Al parecer no les causa sorpresa ni alarma, ni vergüenza.
Lo hemos hablado. Ella se tapa los ojos por unos segundos. Yo miro para otro lado los mismos segundos. Ha sido el gesto que hemos hecho cada vez que pasan las noticias de Ucrania, Gaza, Irak, durante los últimos meses. Mi compañera y yo, frente a las noticias. La última vez que lo hicimos fue cuando informaron sobre el asesinato del periodista James Foley en Siria. No pudimos ver la parte más macabra de la noticia. En cuanto pasan esos segundos, rápidamente volvimos a girar el cuello. No quisimos dejar de mirar.
Una serie de medidas adoptadas por el Gobierno recientemente, lo mismo que la reacción de los grupos de oposición, nos revelan la repetición, un vez más, de una situación política que pareciera girar en círculo vicioso sin posibilidades de romper el cerco que la aprisiona.
A pesar de que Cayo Julio César se atribuía origen divino —porque se creía descendiente de la diosa griega Afrodita—, para alcanzar el poder que llegó a ejercer de manera absoluta sobre Roma y sus extensas provincias de Europa, África y Asia, necesitó ascender poco a poco por un camino empinado y sembrado de obstáculos, a cual más difícil y peligroso cada uno de ellos.
Político es el que busca el poder, pero ¿para qué? El autor.
Me parece muy sospechoso ese afán de protagonismo que ha cogido últimamente el Ejército. Exhiben sus armas en ferias, donde los mayores visitantes son niños escolares. Hacen desfiles de varios días sin importarles que en cada uno de eso días le amarguen la vida a Managua con los tranques y desvíos exagerados. Compran armas nuevas. Las funciones policiales que antes ejecutaban con discreción ahora hasta sacan pecho por ellas, y así va el Ejército cogiendo un protagonismo que, en primer lugar, no tiene sentido para estos tiempos y, en segundo, no creo que le convenga al país. Entre más visible sea el Ejército, seña será de que peor van las cosas. En asuntos de Ejército, menos es más. Ya está demostrado.
Sorpresa: “finanzas del INSS rumbo al colapso”, decía el titular de LA PRENSA del pasado lunes agregando, “registran a junio (del 2014) un déficit por 243.2 millones de córdobas, lejos del superávit de junio del 2013.
Querida Nicaragua: Los ciudadanos comunes y corrientes, el hombre dedicado a ganarse la vida sudando de sol a sol, los que por las noticias nos enteramos de los proyectos babilónicos del Gobierno, nos encontramos cada vez más confusos con la idea de la construcción de lo que han dado en llamar pomposamente el gran Canal Interoceánico de Nicaragua.