El ascenso de Julio César

Luis Sánchez Sancho

A pesar de que Cayo Julio César se atribuía origen divino —porque se creía descendiente de la diosa griega Afrodita—, para alcanzar el poder que llegó a ejercer de manera absoluta sobre Roma y sus extensas provincias de Europa, África y Asia, necesitó ascender poco a poco por un camino empinado y sembrado de obstáculos, a cual más difícil y peligroso cada uno de ellos.

Según relata Suetonio en el libro La vida de los césares, la trayectoria de Julio César en su ascenso al poder comienza en el año 84 antes de Cristo, cuando apenas tenía 16 años de edad y fue nombrado flamen dialis, o sea alto sacerdote de Júpiter, un cargo que reportaba a quien lo ostentara importantes privilegios pero también imponía severas obligaciones personales y públicas.

Al año siguiente César repudia a su esposa, Cosutia, quien pertenecía a una familia rica pero no formaba parte de la nobleza que la integraban las familias descendientes de los fundadores de Roma. César se casa en segundas nupcias con Cornelia, hija de Lucio Cornelio Cina, un poderoso líder político que a pesar de pertenecer a la nobleza encabezaba el partido popular y fue Cónsul de Roma en cuatro ocasiones.

Debido a su asociación al partido de Cina, César sufre la persecución del dictador Sila incluyendo el despojo de su cargo de flamen dialis y un intento de asesinato.

Perdonado por Sila César se va al Asia donde se pone al servicio del pretor Termo. Este lo manda de embajador ante Nicomedes IV, rey de Bitinia (un reino del Asia Menor, donde ahora es Turquía, que era tributario de Roma), “corriendo el rumor —según Suetonio— de que se prostituyó con él”, es decir, que tuvieron relaciones homosexuales.

Sila muere en el año 78 y César regresa a Roma, donde se desempeña como tribuno o abogado militar. Al poco tiempo sucede a su tío, Cayo Aurelio Cota, en el cargo de pontífice, o sea miembro del consejo religioso supremo y se involucra en el movimiento para restablecer la influencia y el poder de los tribunos populares, que había sido quebrantado por Sila.

César es nombrado Cuestor (juez) de la España Ulterior (“la lejana”), como se llamaba la provincia ibérica romana que ahora es Andalucía. Cuenta Suetonio que César vio allí, cerca de un templo de Hércules, la estatua de Alejandro Magno, a la cual se acercó y se lamentó ante ella porque él no había hecho nada grandioso a la misma edad que tenía el gran caudillo griego macedonio cuando ya había conquistado el mundo.

De regreso en Roma, César es nombrado edil curul (especie de alcalde), realiza grandes obras públicas y promueve entretenimientos populares que, combinados con su modo de ser locuaz y simpático, le permiten ganarse las simpatías del pueblo.

Cornelia muere durante un parto. En su funeral Julio César toma la palabra en la Tribuna de las Arengas, en la cual según la tradición solo se hablaba cuando el funeral era de una matrona famosa y nunca cuando la muerta era una mujer joven.

Pero César no estaba para respetar costumbres que interfirieran sus propósitos y en su discurso en el funeral de Cornelia menosprecia al sistema republicano y exaltación la monarquía que según él era de inspiración divina. “Así se ven —dijo— conjuntas en nuestra familia, la majestad de los reyes, que son los dueños de los hombres, y la santidad de los dioses, que son los dueños de los reyes”.

En el año César 59 es elegido Cónsul e integra el Primer Triunvirato con los otros dos cónsules, Pompeyo y Craso.

En el ejercicio de su consulado promueve una ley agraria para beneficiar a los veteranos de guerra y sus familias, que aumenta su respaldo militar popular.

Se va de gobernador a las Galias donde encabeza la guerra que le permite a Roma extender sus dominios a los extensos territorios que hoy son Francia, Bélgica, Holanda y parte de Alemania.

Celoso del prestigio y del poder de César, el Senado quiere despojarlo de su cargo y de su ejército. César pide presentarse ante el Senado para defenderse pero se le prohíbe volver a Roma. César desafía al Senado y cruza el Rubicón, el río fronterizo de Roma, pronunciando su famosa frase: alea jacta est (la suerte está echada).

La consecuencia es que estalla la Segunda Guerra Civil (la primera fue entre Sila y Mario). Craso muere, César derrota militarmente a Pompeyo y se hace nombrar Cónsul y Dictador Perpetuo. Su poder es absoluto. Está a punto de proclamarse rey invocando sus pretendidos ancestros divinos cuando el Senado conspira contra su vida y es asesinado en los idus (15) de marzo del año 44 antes de Cristo.

Columna del día Opinión emperador Julio Cesar archivo

COMENTARIOS

  1. BRUTUS.
    Hace 12 años

    Eso de creerse divino o predestinado no es asunto del pasado, miran a la pareja dictatorial, la compañera se cree descendiente de Sandino y eso leda derecho a ha hacer y deshacer, elloco del marido el tipo cree que sin el este pais sucumbe ….el aun no se explica como el resto del mundo hace para sobrevivir sin el.

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