Pedro J. Chamorro B.
Sorpresa: “finanzas del INSS rumbo al colapso”, decía el titular de LA PRENSA del pasado lunes agregando, “registran a junio (del 2014) un déficit por 243.2 millones de córdobas, lejos del superávit de junio del 2013.
Es una sorpresa porque pensábamos que todo sería mejor. Las reformas a la Ley de Seguridad Social, aprobadas por el ejecutivo en diciembre pasado a espaldas de un necesario debate ciudadano y de los diputados en diciembre pasado, impusieron mayores cargas económicas a los trabajadores y sobre todo a los empleadores.
No obstante, ahora nos enteramos de que a pesar de dichas reformas, no mejoró la situación financiera del INSS, como hubiera sido previsible, sino que por el contrario, el déficit se agravó. En pocas palabras, tal como el déficit de 243.2 millones de córdobas lo evidencia, con lo que INSS recauda ni siquiera puede mantener sus obligaciones actuales y sus abultados gastos operativos.
Mientras se anuncia una debacle financiera, es del dominio público que mediante los crecientes gastos operativos del INSS se ha financiado desde inicios de la actual administración parte de la parafernalia del partido oficialista, invirtiendo en alquileres de buses, banderas, rótulos, tarimas y hasta fuerzas de choque, con los recursos que mes a mes le confían al INSS trabajadores y empleadores para el pago de sus pensiones y prestaciones sociales.
Y si a esto le sumamos las inversiones riesgosas y poco transparentes que ha venido realizando el INSS, como la millonaria remodelación del Olof Palme, que si bien lo ameritaba, no era arriesgando los fondos de las pensiones de vejez de los trabajadores, o la compra de Clínicas Previsionales quebradas, a precios de amiguismo, botando edificios y construyéndolos nuevamente, tendremos una aproximación a sus causas, no solo de la crisis financiera, sino del creciente riesgo de un colapso del sistema que a corto o mediano plazo deje en total desamparo a los pensionados.
La mala administración de los fondos del INSS es aun más grave que la mala administración de los caudales públicos del Presupuesto General de la República (PGR), porque son recursos de una naturaleza diferente: mientras los recursos del presupuesto están compuestos de fondos del Estado que el ciudadano le transfiere obligatoriamente por medio de los impuestos, los fondos del INSS son en realidad propiedad de cada asegurado, quien los pone bajo administración de esta institución para el pago de subsidios y pensiones para su vejez.
Estos fondos no son recursos que “salieron de la bolsa” de los trabajadores o de sus empleadores, sino que son fondos que en realidad han sido colocados en una cuenta de ahorro de los trabajadores, por tanto es doble delito que sean mal administrados por quienes tienen la obligación legal y moral no solo de resguardarlos sanamente, sino de hacerlos crecer.
A la tragedia cotidiana que vive la mayoría de los trabajadores de este país, sobreviviendo con un salario que no alcanza siquiera para cubrir sus necesidades básicas, se suma la tragedia consciente de saber que los fondos, que han depositado en el INSS para garantizar su manutención en la vejez y en la enfermedad, están siendo dilapidados y quizás nunca puedan acceder a ellos.
Debido a la irresponsabilidad y autoritarismo de los gobernantes y al servilismo de quienes les obedecen ciegamente, la institución del Estado que fue creada para garantizar la seguridad social, se ha convertido en una fuente de inseguridad social, al generar zozobra y angustia entre miles de trabajadores, que hoy no saben si en el futuro recibirán o no las pensiones para las que cotizan religiosamente, mes a mes, durante toda su vida laboral. El autor es diputado, miembro de la Bancada del PLI.