Ortega, el fascista que grita ¡fascismo!
Ortega ha convertido el discurso en una trampa. Ha hecho de la palabra “fascista” un grillete simbólico. Su uso reiterado no es ingenuidad: es cálculo. Es una forma de marcar a quienes se niegan a celebrar su mentira. Es una manera de blindarse con etiquetas mientras desfigura la realidad.