Creo en Dios, su Iglesia, pero es mi derecho dudar de los hombres
En nuestras vidas, cada palabra y cada acción es fruto de nuestro corazón. Los pecadores pecan porque eso es lo que hay en sus corazones. Los ladrones roban, los violadores atacan porque esos pecados son el fruto que produce su corazón. Los corazones malos producen malos frutos.