En Letra Pequeña
Cuando Daniel Ortega llama «ratas» a quienes no le son leales se está presentando como la revolución en sí mismo. Ya no es hombre: él es la revolución. Un dios mítico.
Cuando Daniel Ortega llama «ratas» a quienes no le son leales se está presentando como la revolución en sí mismo. Ya no es hombre: él es la revolución. Un dios mítico.
Este es un recuento de cinco frases que cuando las escucho como argumento en un debate, me hacen sentir pena por quien las dice.
Cada voto que produce el Consejo Supremo Electoral lo cobra a unos ocho dólares, un costo que casi ningún otro país tiene en América. O sea, no solo nos sirven pellejo en vez de carne, sino que nos los cobran como si fuese filete de primera.
Ahora resulta que un incidente en un fogón se volvió tema para hacer una redada de ciudadanos
¿Por qué vemos a Ortega tirando golpes a los loco? El modelo de gobierno al que aspira necesita amenazas para justificarse. Igual que Corea del Norte que vive en «estado de guerra» permanente, dice Fabián Medina en su columna En Letra Pequeña
En modo sarcasmo, Fabián Medina relata la historia del estudiante mexicano y su malévolo plan para desacreditar «al buen gobierno del comandate Ortega».