PARANOIA
Es extraño que Daniel Ortega esté tirando golpes a lo loco, como zarpazos de animal arrinconado. Es extraño porque… ¡nada lo amenaza! No hay una guerrilla que le esté queriendo sacar del poder. Tampoco un movimiento social fuerte que se haya tomado las calles y lo ponga en jaque. No está el empresariado llamando a una huelga. Es más, muchos creemos que aunque se hicieran elecciones limpias, podría ganarlas con relativa facilidad. Pero ahí está, desaforado, ofendiendo a diplomáticos, negando la observación electoral, eliminando los últimos partidos opositores, expulsado extranjeros, buscando pleitos con los países vecinos, es decir, luchando contra su propia sombra, golpeándose él mismo en la cara, sin que hasta ahora sepamos si este comportamiento es materia de análisis de la política o de la siquiatría.
L’ENFANT TERRIBLE
Y antes de pensar que se volvió loco, aventuremos dos hipótesis que por ahora son las únicas que se me ocurren. Una, es que Ortega está inaugurando un nuevo sistema de gobierno, en donde disminuye el populismo porque ya no hay mucho dinero que repartir y emerge el vil garrote, para someter por miedo al descontento. Y dos, está comportándose como «enfat terrible» para llamar la atención de los reflectores internacionales y con ello quitarle un poco de presión a Venezuela. Pago de los favores recibidos.
NUEVAS REGLAS
«Hay nuevas reglas», le dijo el gobierno a la embajadora Laura Dogu, de Estados Unidos para explicar la expulsión de dos funcionarios de ese país. Así amanecemos cada día en esta arremetida alucinante. Hoy ya no hay observación electoral, nos dicen un día. Hoy ya no hay PLI. Hoy ya no hay PAC. Hoy ya no se puede preguntar cómo va el Canal. Cualquier cosa que se le ocurra al comandante, lo dice sin apego a ley alguna y con aires de patrón de hacienda. Y no son cambios cosméticos. Si hasta en los procesos electorales anteriores, por ejemplo, lo que se robaba era los votos, en esta ocasión se robó la elecciones. Completitas. Ya no es el ladrón que se roba la leche, sino el criminal que se ¡se come la vaca!
COREA DEL NORTE
En Corea del Norte técnicamente hay elecciones cada cinco años. Y hay varios partidos. Todos controlados por el Partido de los Trabajadores que preside Kim Jong-un, quien decide quiénes serán los candidatos de cada partido. Nadie puede ser opositor. Solo se puede votar por un candidato, al nivel que sea, de tal forma que votar es solo marcar «sí» o marcar «no». Pero votar «no» o abstenerse se considera traición. Vota el 100 por ciento de los norcoreanos bajo la atenta mirada de comisarios políticos. Y así, de esta forma, Kim Jong-un fue electo por unanimidad. Ni un solo voto en contra. ¿No sienten que hay por acá un modelo que se le va pareciendo demasiado? Ortega podría tener el 100 por ciento de los votos en noviembre fácilmente con solo quererlo.
ENSAYOS CRIMINALES
Antes de llegar hasta aquí hubo dos fechas importantes, que fueron una especie de ensayo: 9 de noviembre de 2008 y 22 de junio de 2013. Hablamos del fraude del 2008 y OcupaINSS, que ayer cumplió tres años de impunidad. La primera fue tal vez la peor rapiña electoral que ha vivido Nicaragua, y la segunda cuando vimos perplejos cómo el estado completo se ponía el pasamontañas para gobernar como si fuese gobierno y banda criminal al mismo tiempo. Se trató de la fuerza del Estado coludida con delincuentes, no para enfrentar alguna amenaza, sino para atacar a ciudadanos pacíficos que solo ejercían los derechos que como nicaragüenses les corresponde.
BUSCAPLEITOS
El modelo de gobierno al que aspira Daniel Ortega necesita amenazas para justificarse. Igual que Corea del Norte que vive en «estado de guerra» permanente, guerras inventadas, para gobernar con puño de hierro a sus súbditos. Pero Ortega no tiene contra quién pelear, y lo necesita en esta nueva etapa de su gobierno. Tiene que inventarse enemigos que no se ven por ningún lado. ¿Eran espías del imperio los estadounidenses expulsados? ¿Para qué diablos quiere los tanques rusos? Eso de alguna manera explica su paranoia. A falta de dinero para seguir comprando voluntades, busca pleitos para justificar sus reacciones contra sus verdaderos «enemigos» que son las leyes, las reglas democráticas y los derechos ciudadanos.