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Lorraine Down perdió a sus dos únicos hijos cuando hace más de dos meses, salieron al mar a capturar langosta. Klever Bayardo, de 32 años, tenía más de 15 años de experiencia como marino y había trabajado como capitán de embarcaciones. Keylon, de 30 años, además de trabajar en el mar, se ganaba la vida como taxista. Salieron a bordo de una panga junto con otros dos hombres originarios de Kukra Hill: Jorbin Noel Zelaya Jacobo, de 18 años y Julio César Aguirre, de 31 años.
Los cuatro desaparecieron en el mar y, pese a las labores de búsqueda, no los encontraron. Para sus familias, la desaparición dejó una herida abierta y, sobre todo, interrogantes sobre lo ocurrido. “Mis hijos no están muertos, por la reacción del dueño de la lancha yo no creo que fue un accidente, yo lo presiento. Richard y Lissy (el dueño de la lancha y su hermana respectivamente), solo los buscaron dos días”, cuestiona Lorraine.
La última conversación con sus hijos
Los cuatro hombres zarparon el sábado 11 de julio y debían retornar al día siguiente a eso de las 2 de la tarde, pero pasaron las horas sin noticias: “Mi madre los intentó llamar desde temprano y los teléfonos mandaban a buzón. Ella me alertó que algo no andaba bien”.
Lorraine cuenta que se dirigió a la propiedad de la familia Dixon para preguntar qué había ocurrido. “Lissy Dixon me dijo que tenía una llamada perdida de mis hijos pero ella no se las regresó porque con el ruido de los motores no iban a escucharle”, cuenta a LA PRENSA.
Para Lorraine, esa llamada perdida es uno de los elementos que todavía le generan dudas: “Quiere decir que ellos estaban detrás de la islita porque siempre tienen señal ahí. Ahora dice que no hubo tal llamada, incluso cambió de número y hasta el teléfono dice se le quebró”.

Según Lorraine aunque alertaron desde el domingo 12 de julio que los pescadores no retornaron, la búsqueda comenzó hasta el día siguiente: «salieron a las 8 de la mañana del día siguiente porque yo fui a preguntar, ‘¿Y entonces qué pasó? están pasando las horas’ les dije”, narra aún angustiada la madre y añade que de parte de los dueños de la embarcación, la búsqueda solamente duró dos días.
Un capitán experimentado y tres marinos con poca experiencia
Bayardo no era un hombre nuevo en el mar. Su madre sostiene que tenía más de 15 años de experiencia y había sido capitán de barcos grandes. “Era la primera temporada de Bayardo con esa empresa, el otro apenas acababa de venir del Cayo (Perla) y como su hermano necesitaba un marinero, él dijo, ‘pues voy a ir’”.
Keylon también conocía el trabajo en el mar, aunque alternaba esa actividad con el transporte de pasajeros: “Cuando no iban para el mar, taxiaban. Es difícil, (con el trabajo del mar) uno casi no hace nada. Solamente para la comida a veces”, relata Lorraine.
La madre sostiene que, precisamente por la experiencia de Bayardo, le resulta difícil aceptar que los dos hermanos simplemente hayan desaparecido sin dejar rastro. Ahora lleva un registro de las fechas y acontecimientos relacionados con la desaparición: “Tengo que tener todo apuntado porque esto no se va a terminar hasta acá. Voy a llevar este caso fuera de Corn Islands”.
El balde que apareció flotando
Un balde fue encontrado flotando en el mar. Dentro había algunas pertenencias que, según Lorraine, correspondían a Keylon.
“El balde apareció flotando tres días después. Dentro tenía un plástico negro que ni siquiera era de mi hijo, además estaba el cuaderno de Bayardo. ¿Cómo llegó el cuaderno de Bayardo en el balde de Keylon? Eso fue un montaje para que yo deje de preguntar”.
A pesar del hallazgo ella sigue preguntando: “No sabría decirte qué pasó ahí. Yo quiero Richard y Lissy me digan qué pasó con mis hijos. Ellos tienen que saber dónde están y qué les pasó”, cuestiona.
El 18 de julio, siete días después de la desaparición, Lorraine asegura que Ricahard Dixon había prometido reunirse con ella para hablar sobre cómo continuar la búsqueda pero no apareció.
“El 19 de julio él me llamó y me dijo que no tenía tiempo. Su chancha había parido en la noche y me dijo que cuando terminara iba a llegar y nunca llegó”. Para Lorraine, la situación fue dolorosa porque sintió que la búsqueda de sus hijos no era prioridad.
La publicación en Facebook y la cita judicial
La molestia llevó a Lorraine a publicar sus reclamos en Facebook. Dos semanas antes de esta entrevista fue citada a los juzgados, donde la jueza Ivania Hunter le pidió que retirara la publicación.
“Me preguntó la jueza: ‘¿Qué ganaba con eso?’ y yo le dije, ‘No ves que por fin tengo al hombre aquí enfrente de mi cara’. Porque desde que se perdieron mis hijos este hombre no me habla y me mintió, comparó mis hijos con su chancha y yo tuve que hacer eso para verlo”.
Ante la pregunta de si finalmente retiró la publicación, Lorraine respondió: “No, no lo voy a bajar”.

Jorbin: “Ya di mi palabra y yo voy a ir”
Shely Lorena Downs vive la misma incertidumbre tras la desaparación de su hijo mayor Jorbin Noel Zelaya Jacobo, quien apenas cumpliría 18 años, y el hermano de Shely, José Luis Aguirre Jacobo, de 31.
«Mi hijo cursaba tercer año de secundaria en el Instituto Nacional Justo Pastor Castillo, en Kukra Hill. Era apenas su segunda vez de entrar en el mar, intenté convencerlo que no fuera pero me dijo ‘Yo di mi palabra mama y voy a ir’”, cuenta.
Ella considera que su hijo y hermano están vivos. Lamenta que la falta de recursos les obligara a detener la búsqueda: «Somos personas de bajos recursos y no tenemos esas facilidades ¡Que sea la voluntad de Dios!”.
La versión del dueño de la panga
Richard Dixon, propietario de la embarcación The Husther, rechazó los señalamientos de negligencia y aseguró que sí se realizó la búsqueda necesaria: “Nadie quiere que pasen estas cosas. Se buscó como 11 días con la ayuda de la población, de la Fuerza Naval”.
Dixon también reconocíó que los trabajadores tenían diferentes niveles de experiencia. En el caso de esta tripulación al menos dos ni siquiera eran marinos y fueron enviados al mar.
“Comenzaron a trabajar conmigo hace poco. Bayardo (Archibold) comenzó con la temporada de langostas (algunos meses atrás). Los otros muchachos tenían como tal vez unos 4 o 5 días trabajando”, comparte.
En el zarpe de la embarcación The Husther se encontraba registrado el nombre de otro capitán. Bayardo Archibold no debía estar en esa lancha.
“El capitán de la lancha desaparecida es adventista y no trabaja los sábados. Entonces Bayardo usó la lancha para trabajar sábado y domingo…Pero la lancha tiene zarpe, su permiso, todo».
Sobre la documentación de los tripulantes, explicó que el capitán llevaba consigo los documentos de los marinos: “Normalmente nosotros los dueños de la embarcación, cuando estamos buscando trabajar lo que conseguimos es un capitán. Y el capitán consigue sus marinos”, Añadió.
Dixon negó que haya existido negligencia en las labores de búsqueda. “Lo que pasa que las madres de los muchachos están diciendo varias cosas pero no puede ser negligencia. Es un problema que se ha presentado durante años en Corn Island. Casi todos los años en nuestro municipio suceden estas cosas, desde el 2015 yo estoy trabajando con langosta”.
¿Existe una indemnización para las familias?
Ante la pregunta de si existe algún tipo de indemnización económica cuando un pescador no regresa del mar, Dixon dijo desconocer que se haya aplicado anteriormente. “Yo tendría que consultar eso a ver con un abogado o con alguien que sabe de leyes porque de lo que yo sepa aquí nunca, nunca han dado, a nadie indemnizan”.
La madre de Klever Bayardo y Keylon dice que continuará reuniendo fechas, testimonios y cualquier elemento que pueda ayudarla a reconstruir lo ocurrido. “Tengo que tener todo apuntado porque esto no se va a terminar hasta acá. Voy a llevar este caso fuera de Corn Islands”.
Ocho hijos esperan a sus padres
La desaparición no solamente dejó a dos madres sin respuestas, también a 8 niños preguntando por sus padres.
Bayardo Archibold tiene una hija de 11 años y un hijo de 6; Keylon dejó tres hijos de 9, 7 y 6 años: “Todos me preguntan por su papá y les digo que no sé dónde están, pero tenemos la confianza en Dios que van a regresar y van a regresar con bien porque yo sé que no están muertos”, dice Lorraine.
A julio César lo esperan dos niñas, de 8 y 2 años, además su pareja quedó embarazada. Al momento de este reportaje tiene cuatro meses de gestación.
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La espera también se convirtió en una rutina dolorosa para la familia: “Día y noche yo espero a mi hijo y a mi hermanos. Lo único que me queda es pedirle a Dios».
Lorraine es más incisiva y continuará buscando respuestas: “Yo sé que Richard Dixon tienen tratos sucios, tienen muchos enemigos, toda la isla lo sabe. Qué me digan dónde están mis hijos», concluyó.