Antes de 2012, cuando se estrenó como diputado por el FSLN, tenía otro discurso y se manejaba en otros ambientes menos radicales que el sandinismo al que hoy defiende a ultranza.

Carlos Emilio López: de defensor de derechos humanos a encubridor de crímenes de lesa humanidad

Antes de ser diputado sandinista defendía a los jóvenes, fue feminista y promotor de la diversidad sexual, colaborador de ONG y consultor de agencias extranjeras. Ahora es propagandista de los Ortega Murillo

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En la agenda de los medios de comunicación oficialistas de Nicaragua, el nombre de Carlos Emilio López es de rigor a la hora de encontrar una voz que contrarreste las denuncias internacionales contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Una condena de las Naciones Unidas y aparece Carlos Emilio en los canales de la familia Ortega Murillo. Una denuncia de Estados Unidos contra los Ortega Murillo y corren a consultarlo a él. ¿Que un país europeo cuestionó una ley en Nicaragua? Se vuelcan las redes sociales del régimen a recoger la opinión del diputado.

Y el resultado es el mismo cada vez que habla Carlos Emilio: los golpistas, los terroristas, los vendepatria, los traidores, los imperialistas, los “que no pudieron…”.

Este Carlos Emilio López Hurtado, sin embargo, no era así hace 14 años.

Antes de 2012, cuando se estrenó como diputado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), tenía otro discurso y se manejaba en otros ambientes menos radicales que el sandinismo al que hoy defiende a ultranza.

Carlos Emilio López ha copiado tanto el mensaje de Rosario Murillo que incluso habla con el mismo tono y cadencia de voz. LA PRENSA/19 DIGITAL.

Aquel muchacho

Carlos Emilio López Hurtado, oriundo de Granada y nacido en el seno de una familia conservadora en 1968, irrumpió en la escena pública nicaragüense cuando fue nombrado procurador especial para la Defensa de la Niñez y la Adolescencia en 1999.

Antes de esa fecha, su nombre solo era conocido en el ámbito de las organizaciones no gubernamentales y en las oficinas y agencias de Naciones Unidas y otros cooperantes internacionales radicados en Nicaragua.

López era por entonces un entusiasta de los derechos humanos y de la agenda progresista de la sociedad civil de la época.

Hablaba de igualdad de las mujeres, derechos de la infancia y protección a los adolescentes, respeto y promoción de la diversidad sexual, medioambiente y derechos humanos.

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El sociólogo construyó sus cimientos formativos combinando las ciencias sociales, la jurisprudencia y la doctrina eclesial de base desde los 17 años.

Tras bachillerarse en 1985, obtuvo un diplomado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el Instituto Bíblico Nicaragüense (1986–1988).

Luego cursó becado la licenciatura en Sociología en la Universidad Centroamericana (UCA, 1989-1993) y complementó su preparación con posgrados en proyectos de desarrollo y filosofía en la UNAN y la UCA.

Procurador Benjamín Pérez Fonseca juramenta a Carlos Emilio López. LA PRENSA/ARCHIVO.

Pasó por el Cenidh y la UCA

Además, hizo pasantías en el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Voluntariado Social en la UCA, consultorías en Save The Children y prestó servicios de formación a Unicef.

Con este bagaje, y tras haber dirigido proyectos sociales en el sector no gubernamental entre 1994 y 1999, fue promovido por agencias y voces de la sociedad civil como candidato a procurador para la Defensa de los Derechos Humanos.

Sin embargo, el pacto libero-sandinista eligió como procurador al liberal Benjamín Pérez Fonseca y como subprocurador al sandinista Julián Corrales.

Pero a López lo tomaron en cuenta y el procurador Pérez Fonseca lo nombró el primer titular de la Procuraduría Especial de Derechos Humanos de la Niñez y la Adolescencia de Nicaragua.

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Esta parte de su historia el mismo Carlos Emilio la narró al extinto El Nuevo Diario en 2003 y a la revista Cuaderno Jurídico del Instituto Centroamericano de Estudios Jurídicos y Políticos en 2006.

“Yo creo que se montaron varios factores para que yo pudiera convertirme en un militante de la causa de los derechos humanos. Quizás uno de ellos es mi participación, a mi temprana edad, en movimientos cristianos con una visión del evangelio humana, de salvación integral de la humanidad y de salvación de la madre tierra”, dijo entonces López.

Carlos Emilio López exhibe en sus redes esta vieja foto donde aparece arrimado a Daniel Ortega. LA PRENSA/REDES SOCIALES.

Abogado y humanista

Durante más de un quinquenio, de 1999 a 2005, López ejerció un liderazgo técnico que salvó la reputación de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), una institución marcada como el primer producto del pacto PLC-FSLN.

Se metió a estudiar Derecho y Políticas Públicas, mientras recorría las oficinas de derechos humanos de Nicaragua y Centroamérica, en busca de asesoría, convenios, capacitaciones y recursos para fortalecer su papel como defensor de los derechos de la niñez y adolescencia.

Articuló una agenda rigurosa de fiscalización pública y su nombre empezó a aparecer en los medios. Las agencias y oficinas lo homenajeaban, le otorgaban reconocimientos y era frecuentemente invitado a dar charlas sobre derechos humanos.

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Una excomunicadora social que asesoraba en imagen a López desde una agencia de publicidad y relaciones públicas, recuerda que Carlos Emilio parecía tan buena gente entonces, que muchas veces se metió la mano a su bolsillo para atender a los periodistas.

Ella recuerda que una vez él convocó a una conferencia de prensa a su oficina a las 12:30 del mediodía.

“Nosotros le dijimos que eso no se hacía, que a esa hora los periodistas debían estar almorzando o transmitiendo las noticias del mediodía, que era mala onda convocar a esa hora”, recuerda ella.

Muy apenado, López se disculpó y entonces le orientó a la muchacha de relaciones públicas de su despacho que encargara pizza para los periodistas. Y él lo pagó de su bolsa porque el presupuesto de la oficina no daba para esos gastos.

Foto oficial de Carlos Emilio López en su primera diputación en 2012. LA PRENSA/ARCHIVO.

“Padre” de algunas leyes

A López se le atribuyó, en su momento, un papel beligerante en la revisión, redacción y discusión del Código de la Niñez y la Adolescencia y la Ley creadora del Consejo Nacional de Atención y Protección Integral a la Niñez y Adolescencia.

Su despacho funcionó como una tribuna activa de denuncia frente a las omisiones de los gobiernos de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, que lo llevó no a pocos choques con diputados y funcionarios que priorizaban otros temas.

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La solvencia de sus informes le valió un reconocimiento social unánime, pero a la vez una antipatía política que lo terminó marginando y sacando del juego.

Con la vigencia del pacto bipartidista entre sandinistas y liberales, en 2005 los diputados de la Asamblea Nacional eligieron a las nuevas autoridades de la PDDH, nombrando al veterano exguerrillero Omar Cabezas Lacayo como procurador general y al liberal designado por Arnoldo Alemán, Adolfo Jarquín Ortel, como subprocurador.

Defendido por el Cenidh

Un informe del Cenidh del año 2005 denunció que la nueva autoridad de la PDDH ordenó a López someter su agenda a Cabezas y Jarquín Ortel, o sería destituido.

Por debajo del informe, las denuncias que circulaban eran de un rechazo homofóbico de Cabezas y Jarquín a López, a quien ridiculizaban en sus conferencias de prensa y reuniones internas, imitando su voz aguda y llamándolo despectivamente “vocecita”.

Consciente de la asfixia operativa y de la partidización aguda de la entidad, López presentó su renuncia irrevocable en abril de 2005.

Aunque Cabezas intentó persuadirlo públicamente para que reconsiderara, Carlos Emilio sostuvo ante los medios que el país requería una entidad verdaderamente beligerante y que, bajo las nuevas condiciones de control partidario, carecía del margen legal e institucional para ejercer sus competencias.

A raíz de su radicalización como diputado de la dictadura, López cambió hasta sus ropas. LA PRENSA/ARCHIVO.

De vuelta a la sociedad civil

Su salida fue percibida por la sociedad civil y el cuerpo diplomático cooperante como un acto de dignidad frente a la cooptación política del Estado.

Tras su desvinculación estatal, Carlos Emilio López se consolidó entre 2005 y 2010 como una de las figuras más influyentes del ámbito no gubernamental y académico en Nicaragua.

Incluso, llegó a aparecer en encuestas de opinión como uno de los 10 personajes más reconocidos en Nicaragua entre 2006 y 2007.

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Discursos de memoria

En el debate público, López se posicionó como un analista recurrente de los medios de comunicación independientes en materia de derechos humanos.

Por entonces una agencia de la cooperación internacional le financiaba los servicios de asesoría e imagen, discurso y protocolos de comunicación.

Se vestía sencillo, pero formal. Respetaba el protocolo y si había que usar saco y corbata, lo hacía. Se rasuraba y transmitía una imagen pulcra y serena.

Su exasesora de agencia, quien además compartió sesiones de formación con Carlos Emilio en la UCA, recuerda que López articulaba un discurso sencillo, mecánico y técnico, propio de su ámbito.

Se hacía un guion, lo interiorizaba y lo repetía de memoria. Si un periodista lo sacaba de la narración con una pregunta inesperada, presentaba dificultades para reencauzar el mensaje y no conseguía fácilmente volver a conectar su mensaje. Su asistente de prensa tenía que dirigir de nuevo el mensaje para ayudarle a recuperarlo.

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Pero para suerte suya, la prensa trataba demasiado bien a Carlos Emilio. Una tragedia familiar fortaleció ese tratamiento amable.

A finales de 2001, su hermana menor, Cinthya Scarlata López Blanco, de 18 años, fue asesinada.

El 27 de diciembre de ese año, tras asistir con permiso materno a una fiesta laboral de la empresa Fogel en el restaurante Majaval de Managua, la joven fue asfixiada y su cuerpo semienterrado en Valle Gotel por el conductor de la compañía, Carlos Andrés González González.

El crimen quedó impune y Carlos Emilio López y su familia peregrinaron por todas las instituciones públicas y privadas demandando justicia, conmoviendo a la sociedad y ganando simpatía y solidaridad genuina.

Sus aspiraciones de procurador

El distanciamiento de Carlos Emilio López respecto a su figura independiente comenzó a gestarse formalmente en febrero de 2010.

Ese año se vencían los nombramientos de Omar Cabezas y Adolfo Jarquín y se debatían nuevos nombres y candidatos en la Asamblea Nacional.

López se lanzó a buscar el cargo de procurador general de Derechos Humanos de Nicaragua, con el respaldo inicial de bancadas opositoras como el PLC, Bancada Democrática Nicaragüense (BDN), MRS y la plataforma Unión Ciudadana por la Democracia (UCD).

En su búsqueda, López incluso acudió a la Secretaría General del FSLN en el reparto El Carmen para solicitar personalmente la bendición del presidente Daniel Ortega.

El 28 de febrero de 2010, López acudió a las instalaciones del búnker de Ortega para entregar por escrito una solicitud de audiencia y buscar el respaldo de la bancada del FSLN a su candidatura para la PDDH.

Ortega no lo recibió y más tarde el diputado Edwin Castro le recriminó a López por haberle escrito solo a Ortega y no a Rosario Murillo.

En esa ocasión el oficialismo optó por mantener a Omar Cabezas y Jarquín, pero el acercamiento de López facilitó su definitiva cooptación política: en las elecciones generales de 2011 fue incorporado en las listas del FSLN como candidato nacional a diputado.

Y así, asumió su curul como diputado propietario en la Asamblea Nacional en enero de 2012.

Adiós al ombudsman

Una vez en el parlamento, López desmontó metódicamente su perfil de ombudsman independiente para erigirse en uno de los defensores más activos del oficialismo.

Promovió la reforma constitucional de 2014 que consagró la reelección indefinida de Ortega y reivindicó la unificación vertical de los poderes del Estado bajo el modelo del Plan Nacional de Desarrollo Humano.

Renegó del medioambiente cuando aprobó la Ley del Canal Interoceánico que arrebataba las tierras a los campesinos y le otorgaba los recursos naturales del país a inversionistas extranjeros.

No obstante, su viraje definitivo en el sentido contrario de los derechos humanos ocurrió tras las protestas de abril de 2018 que derivaron en una masacre estatal que dejó más de 355 muertes por órdenes del régimen.

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López respaldó y votó a favor de todo el instrumental jurídico punitivo diseñado por la pareja dictatorial: la Ley de Amnistía de 2019 (cuestionada por consagrar la impunidad en crímenes de lesa humanidad).

También aprobó la Ley de Regulación de Agentes Extranjeros, la Ley Especial de Ciberdelitos y la reforma procesal para detenciones de hasta 90 días.

Justificó además la instauración de la cadena perpetua por “crímenes de odio” y celebró en redes sociales las leyes que facultaron el despojo de nacionalidad, el destierro de más de 300 opositores y la confiscación masiva de miles de ONG, medios de comunicación, universidades y patrimonios privados.

Un “héroe” de Murillo

En ese papel, Rosario Murillo lo calificó en 2019 como un “héroe de la paz”, tras felicitarlo por la articulación de más de 7,000 denominadas “Comisiones de Reconciliación, Justicia y Paz”.

Estas son estructuras barriales que funcionan en coordinación con la Policía Nacional y los Consejos de Poder Ciudadano (CPC) para labores de vigilancia, control político y hostigamiento contra disidentes.

Como estímulo, el régimen lo envió a extensas giras de cabildeo en 2019 por Bélgica, Alemania y los Países Nórdicos para intentar frenar las sanciones de la Unión Europea y difundir la tesis oficial de un “golpe de Estado fallido”.

López realizó comparecencias donde minimizó las más de 355 muertes documentadas por la CIDH y la ONU, exaltando en su lugar supuestos logros sociales.

En 2019, después de la masacre del 2018 y las primeras sanciones, la dictadura envió a Carlos Emilio López a cabildear a Europa y vender la teoría del «fallido golpe de Estado». LA PRENSA/ARCHIVO.

Desde entonces, se abocó a impartir cátedras político-partidarias en escuelas primarias, secundarias y universidades públicas confiscadas, sobre “el legado” de figuras consideradas “héroes y mártires” dentro del FSLN y “el papel heroico” de Ortega y Murillo en Nicaragua.

En 2020, con el covid-19 en plena pandemia, recorrió calles y mercados, se grabó y desde las redes llamó a la población a salir y demostrar que en Nicaragua «todo estaba normal».

Esta complicidad en el desmantelamiento democrático y el desprecio por la vida motivó su desvisado e inclusión formal en la lista de actores antidemocráticos del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

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Del Cenidh al FSLN

El abogado defensor de derechos humanos, Gonzalo Carrión, conoció muy joven a Carlos Emilio cuando daba sus primeros pasos en la defensa de los derechos humanos en el Cenidh en los años 90.

“Él se proyectó en su momento como alguien comprometido con los derechos humanos de la gente; arrastraba público, manejaba la materia, usaba un lenguaje técnico y hablaba muy bonito. En aquel contexto estaba en total sintonía con el discurso de los derechos humanos”, recuerda.

“Para que tengás un dato: su primer contacto práctico con la defensa de los derechos humanos y como filosofía de vida fue en el Cenidh. Estuvo ahí unos meses, y cuando más adelante buscaba notoriedad pública para aspirar a cargos mayores, como la Procuraduría, siempre sacaba a relucir su pasada por el Cenidh”, rememora Carrión.

Para el veterano defensor de derechos humanos, Carlos Emilio López “cambió tanto que se puso del lado de los opresores y de los verdugos”.

“Se olvidó por completo de sus principios y de su propio discurso. Tanto así que, a partir de las graves violaciones de 2018, cuando la dictadura hizo el amago de montar una ‘Comisión de la Verdad’ a su medida para imponer su narrativa oficial, ahí lo viste a él, metido de lleno justificando los crímenes de lesa humanidad. Definitivamente, una caída total”.

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Entre poesía, frases bíblicas y filosóficas, Carlos Emilio promueve y exalta como héroes a guerrilleros y exfuncionarios sandinistas. LA PRENSA/19 DIGITAL.

Fue de la Juventud del PLC

Cuando López asumió su curul, uno de los primeros en ir a felicitarlo fue el diputado liberal Eliseo Núñez, quien lo conoció desde inicio de los años 90.

“Yo conozco a Carlos Emilio desde antes que fuera procurador, cuando andaba organizando la juventud del PLC en Granada y Masaya. Él pertenecía a los movimientos juveniles liberales al comienzo de los 90”, recuerda.

A Núñez, más que enojo, el papel actual de Carlos Emilio le “da pesar”.

“Qué te puedo decir: es una buena persona y a mí lo que me da es pesar cuando lo miro en la posición que tiene actualmente”, dice.

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Para él, gente como Carlos Emilio, Wilfredo Navarro, Absalón Pastora y otros advenedizos del FSLN, al no venir del sandinismo sino de otras corrientes ideológicas, tienen que hacer todavía más “chayopuntos” y expresarse más fuerte que el resto “para demostrar constantemente que tienen lealtad al régimen”.

“Bien lo dice Maquiavelo en El Príncipe, que el mejor aliado que te puedes conseguir es alguien que provenga de las filas enemigas, porque todos los días tendrá que hacer algo nuevo para demostrar que es digno de confianza de la dictadura”, señala Núñez.

Origen de su gratitud a Ortega

Si bien tras los bastidores de la vida política se tejen conjeturas variadas sobre el radical cambio de Carlos Emilio López, él mismo se ha encargado de señalar las razones de su actitud servil.

El domingo 20 de mayo de 2012, cuando conducía hacia Granada en compañía de su hija pequeña, Camila, Carlos Emilio sufrió un accidente de tránsito en el kilómetro 27½ de la carretera hacia Masaya.

Un vehículo lo rebasó a toda velocidad y lo hizo perder el control. El carro impactó contra un árbol de chilamate y un muro, y López quedó atrapado en la carrocería con politraumatismos severos, fractura expuesta de fémur y peligro inminente de perder la vida.

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Carlos Emilio López confiesa que le debe a Daniel Ortega y Rosario Murillo la vida, por haberlo enviado en avión a Cuba para curarse de las heridas de un accidente de tránsito en 2012. LA PRENSA/ARCHIVO.

El diagnóstico del Hospital Militar fue abrumador: iba a perder las piernas y quedar en silla de rueda.

Ante la emergencia, Daniel Ortega y Rosario Murillo ordenaron su traslado inmediato en un avión del Ejército hacia La Habana, Cuba.

En el Complejo Científico Ortopédico Internacional “Frank País” fue intervenido y sometido a múltiples tratados quirúrgicos y cirugías a lo largo de meses de estancia hospitalaria.

Tras ocho cirugías e incontables sesiones de terapia, López se recuperó aunque quedó con secuelas y caminando con bastón.

Este suceso transformó la relación de López con los mandatarios en un vínculo de devoción personal casi mesiánica, proclamando públicamente que Dios había utilizado a Ortega y Murillo para salvarle la vida y preservar su cuerpo.

Con voz de Murillo

Y desde entonces cambió en todos los aspectos. Dejó de vestir formal para adoptar cotonas multicolores, con emblemas y figuras indígenas, camisas de cuello chino, sombreros de alas, bufandas, guantes y por un tiempo, barba cerrada tipo hippie.

Se alineó con los más radicales del FSLN y adoptó sus posturas radicales, mutó a presentarse como un sacerdote y hasta bendecir matrimonios, como el del propagandista Marcio Vargas.

Aquel discurso mecánico y burocrático de sus tiempos de activista de derechos humanos mutó a una narrativa más pausada y con poses y giros sacerdotales, al mejor estilo de Rosario Murillo, que mientras habla de Dios y milagros celestiales con voz de abuelita, maldice y ofende a sus adversarios.

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