dictador Daniel Ortega

Daniel Ortega en cumbre del ALBA en Venezuela en diciembre de 2025. LA PRENSA/Leonardo F. Viloria /Reuters

El rey del desprecio: cómo Daniel Ortega logró unir al mundo en su contra

Desde su ascenso al poder en 1979 hasta el 19 de julio de 2026, el dictador Daniel Ortega ha acumulado una marca histórica: más denuncias y rechazo que ningún ser vivo en Nicaragua (y cuidado que en América Latina)

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Hay una extraña y casi milagrosa hazaña geopolítica que el dictador Daniel Ortega Saavedra ha perfeccionado durante el último medio siglo: la capacidad unánime de caerle mal a casi todo el planeta.

Antes de que el dictador lograra congelar la sangre de la comunidad internacional el pasado domingo 19 de julio de 2026, al anunciar con micrófono en mano la abolición definitiva de las elecciones en Nicaragua, su hoja de vida ya exhibía un récord imbatible de repudios acumulados.

La sentencia “aquí no volverá a haber elecciones para que los vendepatria no intenten atrapar el poder”, solo atrajo la mirada y reproches de nuevas generaciones de gobiernos y personalidades que apenas sabían de la existencia del octogenario dictador tropical.

Tras acumular 47 años de guerras, revoluciones, dictaduras militares, asonadas, pactos con corruptos, denuncias de abuso sexual intrafamiliar, señalamientos de asesinatos, confiscaciones, masacres y crímenes de lesa humanidad, Ortega ostenta un récord que ni el propio Fidel Castro alcanzó a acariciar en sus mejores tiempos: el único humano vivo en el continente que ha congregado un rechazo tan transversal, variopinto y encarnizado.

Desde Washington hasta el Vaticano, pasando por la intelectualidad orgánica, los tableros de ajedrez y los cuadriláteros deportivos, el autócrata del Carmen ha logrado el consenso perfecto. La mayoría del mundo aborrece su dictadura.

Tres papas, siete presidentes de Estados Unidos, dos reyes, 10 mandatarios consecutivos de Costa Rica, intelectuales mundiales, premios Nóbel, artistas de moda y deportistas de élite figuran en su récord de rechazo.

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De Washington a San José

La riña con Estados Unidos arrancó en su debut como político, en 1979 con Jimmy Carter intentando orientar la Revolución Sandinista a un gobierno democrático.

Siguió en 1981 con la obsesión balística de Ronald Reagan, quien convirtió a Ortega en el villano favorito de la Guerra Fría mientras financiaba a la Contra y vetaba hasta la harina de trigo.

Le siguieron Bush (padre) y la diplomacia fría de Bill Clinton; la mirada inquisidora de Bush (hijo) por las alianzas de Ortega con antiguos líderes autócratas de Oriente Medio y Cuba.

Siguieron las severas objeciones de Barack Obama ante la erosión democrática; luego la pirotecnia de sanciones bajo la firma de Donald Trump y el martillazo de Joe Biden declarando como “pantomima” las elecciones de 2021 en medio de una represión descarnada que llevó a la cárcel a siete candidatos presidenciales.

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Hoy, en pleno 2026, la diplomacia estadounidense de Trump actúa con una lluvia de sanciones y amenazas de expulsar al régimen del tratado Cafta-DR mientras califica su más reciente alarde antielectoral como una amenaza directa a la seguridad del hemisferio.

Pero si Washington ha sido una tormenta intermitente, al otro lado del río San Juan la condena ha sido casi una tradición política.

Diez presidentes consecutivos de Costa Rica, desde Rodrigo Carazo Odio en 1979 y una fila de figuras de todas las banderas como Óscar Arias Sánchez, Laura Chinchilla, Luis Guillermo Solís y Carlos Alvarado hasta 2022, le han dedicado reproches formales, denuncias ante organismos interamericanos y la acogida forzosa de olas migratorias de perseguidos.

Tres papas y el Vaticano

En las alturas del Vaticano, el prontuario tampoco ha pasado desapercibido. La imagen de Juan Pablo II denostando el sacrilegio sandinista en Managua en 1983, inauguró una saga de desencuentros que llevó al sumo pontífice a bautizar ese periodo de Ortega (1979-1990) como “la noche oscura de Nicaragua”.

Y no paró ahí. La litis continuó con los duros reclamos del papa Francisco ante el presidio de monseñor Rolando Álvarez y la profanación de templos católicos por parte de Ortega y Murillo, confrontación que llevó a su santidad a proferir el más fuerte insulto que papa alguno haya dedicado a un político: Francisco calificó al régimen sandinista como una dictadura guaranga y a Ortega como un desequilibrado mental.

La posta la tomó en 2025 el papa León XIV, con más discreción y otras maneras más diplomáticas, quien desde sus años como obispo firmaba cartas de condena contra la tiranía nicaragüense, consagrando una trilogía pontificia unida por la indignación ante el mesianismo represivo de Ortega y el FSLN.

Daniel Ortega participa en la XIII Cumbre Extraordinaria del ALBA-TCP el 20 de agosto de 2025. Foto: Medios oficialistas
Daniel Ortega participa en la XIII Cumbre Extraordinaria del Alba-TCP el 20 de agosto de 2025. Foto: Presidencia.

Presidentes y guerrilleros de izquierda

Exguerrilleros y políticos de izquierda, desde Lula da Silva hasta Gustavo Petro, le han dado palo a Ortega.

“En la vida hay momentos en los que hay que decir ‘me voy’, y Ortega no lo supo hacer”, sentenció con filosófica resignación hace unos años el expresidente uruguayo Pepe Mujica, sintetizando la frustración de una izquierda latinoamericana que vio cómo el “comandante” mutó en la caricatura exacta del tirano Somoza.

Con una visión casi profética, muchos antes de que Ortega se convirtiera en el villano número uno de Centroamérica, ya había intelectuales que lo cuestionaban.

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Ya en 1984, el poeta Octavio Paz advirtió con precisión quirúrgica que el sandinismo devendría en una dictadura; la izquierda dogmática de la época lo acusó de “visceral”, protestó ante la embajada norteamericana y quemó un monigote con la figura del Nobel mexicano mientras sonaban canciones de Carlos Mejía Godoy.

Cuatro décadas después, la profecía de Paz se cumplió al pie de la letra: Mejía Godoy vive exiliado en Estados Unidos y la dictadura proscribió hasta la última expresión cívica.

personajes contra Daniel Ortega
Abogados caza-dictadores como Almudena Bernabeu; el papa Francisco; el expresidente tico Luis Guillermo Solís; el ex grandes ligas Dennis Martínez; el secretario de Estado Marco Rubio; la exmandataria costarricense Laura Chinchilla; el compositor español Miguel Ríos; la escritora mexicana Elena Poniatowska; Donald Trump y hasta el escritor ícono de la izquierda latinoamericana Eduardo Galeano, han tronado contra Ortega. LA PRENSA/ARCHIVO

Intelectuales en masa

La lista de desencantados es casi una enciclopedia de la cultura universal.

Salman Rushdie, Gabriel Zaid, Enrique Krauze, Alice Walker y el mismísimo Noam Chomsky —tótem del antimperialismo mundial— estamparon firmas en manifiestos denunciando el desvarío autoritario del régimen.

En 2018, un bloque de más de 500 escritores internacionales y premios nobel como Mario Vargas Llosa exigieron el cese del baño de sangre que las fuerzas policiales y paramilitares provocaban en Nicaragua.

Artistas de moda, celebridades de la cultura, deportistas de élite y cantidades incontables de periodistas, influencers y personajes políticos de derecha, demócratas, republicanos, expresidentes, primeros ministros, eurodiputados, líderes religiosos y hasta cómicos, han dicho sus cosas a Ortega.

Incluso, el cantautor español Miguel Ríos, autor del Himno de la Alegría, prohibió a Ortega usar su icónico himno en sus campañas políticas, al considerar que “Daniel Ortega ya no es una figura revolucionaria, es una figura reaccionaria”. 

Y hasta el rey de España, Juan Carlos, arrugó la cara con desprecio y abandonó la sala cuando Ortega empezó a denigrar al gobierno español en la XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Santiago de Chile en noviembre de 2007; minutos antes el rey había reclamado al dictador Hugo Chávez «¡por qué no te callas!», cuando el venezolano interrumpía al expresidente español José María Aznar.

El excampeón mundial de ajedrez, el ruso Garry Kasparov, cuestiona la deriva autoritaria del dictador Daniel Ortega de Nicaragua. LA PRENSA/ARCHIVO

Jaque al dictador

A Daniel Ortega lo han sacado de la peor manera en las portadas de The New York Times, El País, Le Monde, The Washington Post o Financial Times, con su rostro y marca como sinónimo de autocracia caribeña.

Ortega no se salva ni del rechazo de estrellas y personalidades de deportes de alta estrategia: en julio de 2026, hasta el excampeón mundial de ajedrez Garry Kasparov puso en jaque verbal al régimen, tildándolo de “organización criminal”, tras el anuncio de prohibir las elecciones en Nicaragua.

«El dictador Daniel Ortega, un aliado cercano de Vladímir Putin, está empleando tácticas represivas para extinguir la esperanza de libertad y justicia en Nicaragua», denunció Kasparov en un mensaje en redes.

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COMENTARIOS

  1. Hace 1 mes

    Ortega es la caricatura de los dictadores latinoamericanos que proliferaron a inicios y mediados del siglo XX. Su predisposición mental es idéntica a la de los dictadores sudamericanos y centroamericanos del pasado siglo. El sujeto posee una educación menos que básica y precisamente el filósofo Sócrates afirma que los seres humanos se desvían debido a que no poseen una educación sólida y formal. Es pura barbarie. Rómulo Gallegos consideraría a Nicaragua una hacienda llamada ‘El Miedo’. Ortega es el terrateniente de esa hacienda.

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