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La nominación por parte de Estados Unidos de la diplomática de carrera Natasha Franceschi como embajadora en Nicaragua, es parte de una estrategia de presión hacia el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo que la administración de Donald Trump echó a andar. El primer movimiento habría sido la solicitud formal de una reunión de cancilleres ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), el pasado miércoles 5 de agosto, según analistas.
Dos días después se conoció que la administración de Donald Trump nominó a Franceschi para ocupar el cargo diplomático en Nicaragua, vacante desde mayo de 2023. El último embajador norteamericano en Managua fue Kevin Sullivan, conocido por su destacada participación en el excarcelamiento de 222 presos políticos en febrero de ese mismo año. Tras las coordinaciones, los ex presos políticos de la dictadura fueron llevados en un avión a Washington.
“La estrategia de negociación de la administración Trump siempre ha sido con presión pública previa y sostenida”, expone un exfuncionario del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) de Nicaragua, que pide anonimato.
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De Franceschi se sabe que es una funcionaria con amplia experiencia en escenarios de conflicto y negociaciones diplomáticas sensibles, que ha cumplido misiones en Siria, Irak, Pakistán, Rusia y Bosnia. Por su alto perfil, dos analistas consultados por LA PRENSA ven una clara posición de Estados Unidos por “acelerar” la solución a la crisis que vive Nicaragua y velar por sus intereses a través de una estrategia de presión.
Desde que el dictador Daniel Ortega afirmó la noche del 19 de julio que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones”, las Naciones Unidas, la OEA, Unión Europea y más de una decena de países, incluido Estados Unidos, han rechazado y condenado las pretensiones de la dictadura de perpetuarse en el poder.

¿En qué consiste la estrategia de presión de EE. UU.?
De acuerdo con el exfuncionario nicaragüense, el primer paso de Estados Unidos fue la solicitud de una reunión de Cancilleres en la OEA. Aunque el pasado miércoles el organismo no aprobó la propuesta de resolución de la delegación estadounidense y tampoco determinó si llamarían al encuentro de ministros de Exteriores, la misión permanente de ese país mantiene su postura de “tomar acciones reales y colectivas” contra Ortega y Murillo.
Otra de las tácticas que el exfuncionario observa es el endurecimiento del discurso tanto de los funcionarios del Departamento de Estado como de senadores y congresistas. Los republicanos María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart fueron los primeros que criticaron las reformas electorales anunciadas por el régimen. Salazar lo catalogó como una “farsa”, mientras que Díaz-Balart declaró que es el “último intento por legitimar la tiranía”.
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El siguiente paso, según el exfuncionario del Minrex, es la nominación de Natasha Franceschi como embajadora en Nicaragua, con la que el gobierno norteamericano “da oportunidad a sostener negociaciones presenciales”. Agrega que “las presiones se irán dosificando mientras permanece abierta la puerta de la negociación” y que con esta “nueva etapa”, Estados Unidos “pretende acelerar la solución de la crisis” que vive Nicaragua desde la brutal represión estatal desencadenada en abril de 2018 contra los manifestantes.
Ortega y Murillo “desesperados por negociar”
“Hay que entender que los Ortega Murillo estaban desesperados por negociar y todas sus pataletas públicas eran una especie de llamado para hacerlo”, sostiene el exfuncionario, quien además cree que Franceschi será prudente en su audiencia en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano “para que no le pase lo del embajador antes propuesto (Hugo Rodríguez)”.

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Rodríguez fue nominado por Estados Unidos como embajador en Nicaragua en 2022, pero a inicios de agosto de ese año el régimen le retiró y canceló de forma oficial el beneplácito. “Ni siquiera ha venido al país y ya empezó a despotricar”, afirmó Ortega en un acto oficial, tras las declaraciones del diplomático de comprometerse ante el entonces senador republicano Marco Rubio, ahora secretario de Estado, de “evaluar todos los medios posibles para ejercer presión sobre Nicaragua”.
Negar beneplácito a Franceschi traería “consecuencias negativas”
Héctor Mairena, analista y secretario de relaciones internacionales de la Unión Democrática Renovadora (Unamos), no cree que en las actuales condiciones el régimen sea capaz de negarle el beneplácito a Franceschi, como lo hizo con Rodríguez. “Negarle el plácet estarían por segunda vez sentando un precedente del cual solo puede tener consecuencias negativas para ellos”, subraya.
El analista tampoco duda en que Natasha Franceschi será nombrada como embajadora en Managua. Valora la situación como “una prueba” de Estados Unidos “para ver la reacción que tendrán los Ortega Murillo”. Sin embargo, pese a la fuerte presión internacional que está recibiendo el régimen, de llegarse a aprobar a la nueva embajadora, el analista cree que la incidencia será “discreta”.
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“Yo asumo esta nominación como una señal y un interés de los Estados Unidos por incidir para lograr una transición a la democracia en Nicaragua y al mismo tiempo velar por sus intereses en materia de seguridad”, sostiene el analista.
Para que Natasha Franceschi llegue a Managua a ocupar el cargo de embajadora de Estados Unidos, falta que el Senado norteamericano lo apruebe y que la dictadura le otorgue el beneplácito. Actualmente ambos países mantienen rebajadas sus relaciones diplomáticas a través de encargados de negocios, tras las tensiones de los últimos años.