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Mientras la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo está bajo escrutinio internacional, tras el anuncio de abolir las elecciones, un exjefe de la antigua contrarrevolución y un antiguo miembro del Frente Sandinista coincidieron por separado en demandar que el Ejército debe deponer a los tiranos.
Estuvieron en bandos distintos en la guerra de los años ochenta. Pero el presidente de la Fuerza Democrática Nicaragüense, Luis Fley, y el exdirector del Departamento de Relaciones Internacionales del FSLN, Julio López Campos, mandaron un mensaje al cuerpo castrense, el principal pilar que sostiene al régimen Ortega-Murillo. En enero el orteguismo cumplió 19 años en el poder.
Fley, de 74 años, criticó en declaraciones a LA PRENSA la orden de Ortega el 19 de julio de que no hubiesen más elecciones en el país. Por su lado, López Campos expresó sus opiniones en un artículo publicado este 23 de julio en el diario digital Confidencial.
La decisión del dictador sandinista, a la que se refirió Fley, provocó la condena de la Organización de Estados Americanos (OEA), Estados Unidos, Costa Rica, Chile, Guatemala y República Dominicana, pero el exjefe contra insiste en que deben apelar a la conciencia de los miembros del Ejército de Nicaragua.
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«El Ejército tiene que desconocer a Ortega. Si fuera posible, montarlo en un avión, agarrarlo y mandarlo para donde (Miguel) Díaz-Canel a Cuba o para Rusia, junto con los cercanos. O trabajar con la oposición en un gobierno de transición, mientras se estabiliza el país, para que después haya elecciones libres, transparentes con el respaldo internacional de Naciones Unidas, Unión Europea, la OEA y para que realmente se dé el nacimiento de una verdadera democracia», afirmó Fley.

Según el opositor, Ortega es el verdadero enemigo de la democracia y si los altos mandos del Ejército lo respaldan se convierten en responsables de la hecatombe que está viviendo el país. El exjefe contra hizo circular una carta del directorio Unión Republicana FDN, en la que sus miembros recordaron la política de Somoza For Ever (Somoza para siempre), la que ellos encuentran repetida ahora que Ortega decidió eliminar los comicios en el país.
«La coyuntura que vive Nicaragua en este momento, cuando el dictador ha dicho que no habrá más elecciones, es oportuno hacer un llamado a las fuerzas armadas, a los retirados de estas organizaciones, para que tomen conciencia de este momento histórico. Ponerse un uniforme cualquiera lo puede hacer, pero tener principios patrióticos, morales, eso es otra cosa. Es el momento de no seguir sosteniendo a una dictadura, es el momento que se definan», instó Fley a los soldados.
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A mediados de febrero, Fley aseguró desde el exilio que no se podía seguir inerte con la situación de Nicaragua. Dijo entonces que, tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas, era un momento oportuno para que los exiliados exigieran el derecho de vivir en Nicaragua. El llamado al Ejército de ahora, la FDN lo hace extensivo a la Policía, responsable de la comisión de delitos de lesa humanidad después de 2018.


Hora de conspirar para salir de la dictadura
Aunque Fley está en las antípodas ideológicas de Julio López Campos, este último publicó un artículo en el medio digital Confidencial que tituló El imperativo de derrocar ahora a los Ortega Murillo. En el sumario explicó que «la historia del Ejército no pertenece a la familia gobernante. Para los militares ha llegado el momento de conspirar, para salir de la dictadura».
Según López Campos, las declaraciones de Ortega sobre las elecciones produjo dos efectos políticos relevantes: Nicaragua otra vez en la escena internacional y la necesidad de actuar ante la realidad política.
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«Un ámbito especialmente importante es el de las instituciones del Estado, en particular las Fuerzas Armadas. Aunque la cúpula militar aparezca estrechamente vinculada al régimen, la historia demuestra que ninguna institución es completamente homogénea», explicó López Campos en su artículo.
De acuerdo con él, la memoria institucional, el sentido del deber, el rechazo a una desmedida corrupción y a las disposiciones autocráticas, y el compromiso con la nación pueden convertirse, en determinados momentos, en factores decisivos para impulsar una ruptura con el poder y facilitar una transición democrática.
«La historia del propio Ejército no pertenece a una familia gobernante, sino al conjunto del país. Abierta y subrepticiamente y de las formas que sean, debemos hacer llegar este mensaje a los militares. Ha llegado para ellos el momento de conspirar, para salir de la dictadura», instó López Campos, quien es politólogo desterrado y desnacionalizado por los Ortega y Murillo.