Reinaldo Picado, perseguido político del régimen Ortega-Murillo. Foto: Cortesía de Reinado Picado

Reinaldo Picado, perseguido político del régimen Ortega-Murillo. Foto: Cortesía de Reinado Picado

Reinaldo Picado: el perseguido político que enfrenta a Ortega desde la niñez

Conozca la historia de Reynaldo Picado, el campesino nicaragüense que sobrevivió a un atentado reciente en Costa Rica

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Reinaldo Picado era un niño cuando conoció el sonido de un disparo. Creció en una familia humilde, dedicada a la agricultura y la ganadería, en una de las zonas más golpeadas por la guerra entre el Ejército Popular Sandinista y la Contra, durante la década de los ochenta. Más de cuatro décadas después, el campesino asegura que esa infancia, cruzada por la violencia y el dolor, explica su decisión de enfrentar con determinación al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Entre su natal Muelle de los Bueyes y Río Plata, una comunidad cercana, los combates llegaron a convertirse en una rutina. «Desde que éramos niños vimos toda la injusticia, ¡cuánta gente asesinada!, todo lo vimos con nuestros propios ojos», recuerda.

Aquellas imágenes marcaron su vida. Hoy, a sus 53 años, se refugia en Costa Rica perseguido precisamente por Ortega y Murillo, quienes regresaron al poder en 2007 y dirigen el país en un sistema totalitario.

El 27 de junio su rostro apareció en las noticias. Porque ese día sobrevivió a un atentado en el distrito de San Diego, cantón de La Unión, en la provincia de Cartago. Ocho días antes, cumplió un año el asesinato del mayor en retiro Roberto Samcam. Un sicario disparó contra el exmilitar crítico del orteguismo en su apartamento en San José.

El asesinato de Samcam es uno de los principales casos documentados de la represión internacional de parte del régimen, y un motivo de alerta para el resto de opositores que han llegado por miles a Costa Rica huyendo de la dictadura.

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La versión periodística en el caso de Picado es que un hombre bajó de una moto y lo siguió con un arma. Hubo forcejeo y la pistola del atacante simplemente se atascó. Eso hizo que escapara ileso. En una conversación con LA PRENSA el campesino recuerda lo que vivió y su historia personal.

«Él pensaba ponerme el tiro entre las dos orejas», narró, pero su reacción oportuna impidió su muerte. Aunque denunció el hecho a lo inmediato, el campesino critica la lenta respuesta inicial del Organismo de Investigación Judicial (OIJ). Para colmo, las cámaras municipales cercanas estaban fuera de servicio. En ese clima de inseguridad, rechazó el ofrecimiento de protección policial y pensó proporcionársela a sí mismo.

«No les tengo miedo. Estoy vacunado contra eso. Ellos (Daniel Ortega y Rosario Murillo) son cadáveres andantes y van a caer», predice el campesino.

Así inició su persecución en Nicaragua

Picado es miembro del Movimiento Campesino, el mismo que plantó cara al régimen Ortega y Murillo que concesionó el proyecto del canal al empresario chino Wang Jing. Se exilió en 2018, como miles, tras la represión. Así Picado pasó a ser un refugiado político. El régimen nicaragüense no se quedó con los brazos cruzados y pidió su extradición.

Según él, la Embajada de Nicaragua impulsó una notificación internacional, a través de Interpol. Se le atribuyeron delitos como secuestro, extorsión, robo agravado, asesinato, crimen organizado, tráfico ilícito y hasta fabricación de armas de guerra. Fue detenido durante un almuerzo en la capital costarricense por 15 agentes de la Fuerza Pública, todos dirigidos por un capitán de apellido Rayo.

El capitán lo llamó «Comandante Omar», como asegura que lo conocen desde hace años. Sin presentarle ninguna orden de detención, lo trasladó a un penal. Entonces la idea de sentirse protegido en Costa Rica cambió.

«En el juzgado de Costa Rica hasta me dijeron que fabrico armas restringidas. Ya quisiera tener una fábrica de armas para que ellos (los sandinistas) no estuvieran donde están», bromea.

El 12 de octubre de 2023, oficiales lo sacaron de su celda asegurando que lo liberarían, sin embargo, lo subieron a un vehículo rumbo a Peñas Blancas, es decir, en la frontera con Nicaragua. Según él, estuvo a diez metros de la guardarraya.

Esa noche Reinaldo Picado creyó que correría con la misma suerte del opositor Douglas Gamaliel Pérez Centeno, quien fue encarcelado por Interpol Costa Rica en octubre del año 2022 y entregado a la dictadura sandinista bajo la figura de extradición en febrero de 2024.

Picado se comunicó con su abogado y él hizo las gestiones para evitar que terminara en Nicaragua. Reinaldo estuvo encarcelado en Costa Rica 32 meses, hasta que el proceso de extradición fue revocado y recuperó su libertad. Entonces empezó a reorganizar sus contactos. Afirma que actualmente mantiene comunicación con otros campesinos, líderes indígenas y opositores dentro y fuera de Nicaragua. «Ese es el miedo que ellos tienen. Saben que tenemos seguidores y experiencia militar. Nada de eso va a parar», dice.

Hasta hoy lamenta lo que llama la colaboración de Costa Rica en los procesos de extradición: “Siempre pensé que Costa Rica era el árbol que nos ha dado la sombra. Pero en esta ocasión le está dando mucha credibilidad al régimen, a pesar de que tantos organismos se han pronunciado. Se ha demostrado de mil maneras todas las barbaries que han cometido contra la población. En otras solicitudes de extradición primero investigan y luego detienen. Pero en mi caso fue al revés”, se queja.

Reinaldo Picado tiene experiencia militar y ha combatido al sandinismo desde los años 80.
Reinaldo Picado tiene experiencia militar y ha combatido al sandinismo desde los años 80. Foto: Cortesía de Reinaldo Picado

Años atrás, Picado y otros campesinos advirtieron que se venía una dictadura en Nicaragua. Cuando el Frente Sandinista regresó al poder en 2007, Picado asegura que muchos opositores comprendieron rápidamente el rumbo que tomaría el país: «Ya mirábamos venir todo esto desde el pacto entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega», dijo refiriéndose a los acuerdos de 2000 cuando ambos caudillos políticos se repartieron las instituciones entre sus adeptos.

Algunos altos mandos policiales intentaron tranquilizarlo, diciéndole que no pasaría nada malo y que el «comandante» Ortega se dedicaría a trabajar. En abril de 2018, estalló la rebelión cívica. Reinaldo sabía en qué acera lucharía. Conocía al monstruo del sandinismo desde su niñez. Alberto Picado, su hermano mayor, fue capturado y asesinado en 1986.

«A mi hermano le cortaron la lengua, le sacaron los ojos, le mutilaron los genitales… le hicieron barbaridades. Mi madre lloró casi un año; nunca pudo superar aquello», relató.

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Se exilió en los años 90 y retornó a Nicaragua en 1997. A pesar de aquellas pérdidas, dice, intentó reconstruir su vida: dedicarse al cultivo de arroz, frijoles, maíz, entre otros. Más adelante se trasladó a Kukra Hill, donde amplió su actividad hacia la ganadería y la crianza de cerdos. Su trabajo le permitió levantar un patrimonio que, asegura, volvió a perder bajo el régimen sandinista.

La guerra en los ochenta destruyó también el patrimonio de cientos de familias campesinas. Promovió el robo del ganado. Según su testimonio, el Ejército confiscó unas 140 reses pertenecientes a su familia y centenares más al resto de la comunidad. Por eso, al comparar el pasado y el presente, recurre a la palabra justicia.

Reinaldo Picado en movimientos armado en el Caribe Sur de Nicaragua
Reinaldo Picado en movimientos armado en el Caribe Sur de Nicaragua. Foto: Cortesía de Reinaldo Picado

El refugio de la fe

Aunque dice no ser católico practicante, él asegura mantener una profunda fe. Lee la Biblia con frecuencia y recuerda numerosos pasajes del Nuevo Testamento; proviene de una familia católica y una de sus hermanas es religiosa.

«Tengo mucha confianza en Dios… tengo la fe y la esperanza de ver una Nicaragua libre, donde se pueda predicar la palabra de Dios en cualquier momento y donde nadie sea perseguido por pensar diferente», dice Picado planteando la hoja de ruta de sus principios.

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