Olor a muerto

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Recuerdo que cuando conocí del terremoto que destruyó Managua en 1972 le hice muchas preguntas a mi mamá. Me contó que fue en la noche del 23 de diciembre de 1972, a las 0:35 a.m. de un sábado. Se imaginarán que en vacaciones en viernes a amanecer sábado o te encontrabas en casa o andabas de fiesta. El tema es que ese día a todos los sacudió por 30 segundos un terremoto de 6.2 en la escala de Richter. Y seguido de dos réplicas de 5 y 5.2 a la 1:18 y 1:20 a.m.

Como futura periodista le pregunté a mi mamá qué no olvidaba de ese día y me dijo “el olor a muerto”. La gente quedó entre los escombros y durante semanas se sintió un olor a carne descompuesta. Se calcula que en ese terremoto murieron más de 20 mil personas.

Recientemente viendo noticias sobre lo que sufren los venezolanos tras el doble terremoto del 24 de junio de 7.2 y 7.5 en La Guaira, se informa que hasta el momento la cifra de muertos se acerca a los tres mil, pero al ver los edificios caídos y escuchar que se siente el olor a carne en descomposición y los miles de desaparecidos, se sabe que la cifra será mucho mayor.

Como nicaragüense, de familia grande, me impactó saber de una persona que reportaba 23 miembros de su familia desaparecidos. Saber además de colegas periodistas desparecidos o fallecidos.

Pero en medio de todo me emociona la solidaridad de los pueblos, la verdadera solidaridad, países enviando brigadas para apoyar en la búsqueda de sobrevivientes, personas con recursos enviando aviones con ayuda y por supuesto comunicados de organizaciones y Estados mostrando solidaridad.

Sin embargo, creo que el olor a muerto también es por la muerte de algo en la relación entre Venezuela y Nicaragua. Lo único de parte de los “gobernantes” fue un mensaje poético de Rosario Murillo. “Familias que viven en grandes ciudades y en esos edificios altos que representan un nivel de riesgo para los que viven ahí”, dijo Murillo.

Y claro habla de un pueblo “creyente” y lamentando la desgracia. Dice “hemos enviado”, pero luego corrige y dice que están en comunicación con las autoridades lamentando la “gran tragedia”. Y afirma que espera que “nos recuperemos” porque hemos vivido tragedias similares, aunque en Nicaragua imagino habla de la de 1972, porque no creo haga referencia a los más de 355 muertos de las protestas de 2018 o algún evento más reciente.

Mi solidaridad con el pueblo de Venezuela, tengo amigos venezolanos y cuando me dijeron que están bien me alegró mucho y les mando mucha fuerza porque sé, como ellos mismos me contaron que han perdido bienes materiales, amistades, fuentes informativas y colegas en esta tragedia. ¡Fuerza Venezuela! Que más allá de la política está la verdadera solidaridad de los pueblos.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación

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